Un topo, dos topos, tres topos (primera parte)

En Cataluña no es el único sitio en el que pasan cosas. También en mitad de la campaña austriaca ha estallado un escándalo que amenaza con hundir al SPÖ.

2 de Octubre.- Los españoles residentes en este bonito país hemos demostrado a lo largo del día de hoy que somos un pueblo sufrido.

Invariablemente, allá donde fuéramos, lo mismo en el BILLA (famosa cadena de supermercados), que en la oficina, que en el taller, que en el tálamo nupcial o en el extramatrimonial, los aborígenes nos han preguntado con tono zumbón por los vergonzosos sucesos acaecidos ayer en Cataluña.

Independientemente de la opinión de cada cual sobre el asunto, lo cierto es que daban ganas de contestar:

-Querido aborígen/a: si yo supiera a) lo que pasa en Cataluña y b) la solución, en estos momentos me estaba presentando raudamente a presidente del Gobierno, puesto que tiene asignado un sueldo mucho más sustancioso que el que cobro actualmente y que más que probablemente menda desempeñaría mejor que la persona que actualmente está en el cargo. Como no sé ninguna de las dos cosas, pues me aguanto y ya. Siguiente pregunta ¿Que donde está el café? Pues dónde va a estar. Donde siempre. En su sitio.

Sin embargo, queridos lectores, el frotar se va a acabar. Ha llegado la hora de pasar a la acción: la mejor defensa es un buen ataque. Porque mientras que en España policías y manifestantes se entregaban al consabido intercambio de impresiones, con profusión de “amatomas” (sesuales) y heridas inciso contusas, en Austria pasaban cosas. Y cosas gordas. Tan gordas casi como las de Cataluña.

Así pues, queridos lectores, mañana, cuando se les aproxime el consuetudinario aborigen removiendo el café con una cucharilla sujeta con el menique enhiesto y, sibilino, se ponga:

-He oído que en Cataluña un noventa por ciento de los mayores de cien años acompañados de sus padres han votado a favor del sí a la independencia ¿Qué sabes tú de esto?

El amable lector podrá contestar sin Haaren auf der Zunge:

-Pues de eso sé lo justo pero también la campaña electoral austriaca se está viendo sacudida por un escándalo de esos que se lo cuentas a un mudo y le crecen las piernas ¿No?

Si su interlocutor, ladino, intenta de nuevo mentar el fuet en casa del ahorcado, dada la que está cayendo, el lector contará con toda la legitimidad que presta el derecho a la autodeterminación, para autodeterminarse a insistir. Aquí le dejo el argumentario.

PRIMERA PARTE: ¿Qué se sabe? El escándalo se centra (de momento) en dos páginas de Facebook llamadas “La verdad sobre Sebastian Kurz” y “Estamos por Sebastian Kurz” (la traducción es aproximada). Las dos han sido apagadas este fin de semana. La primera pretendía aparentar que era dirigida y alimentada por seguidores ultraderechistas del FPÖ. En ella, se presentaba a Kurz como un partidario de los refugiados y una marioneta del ex canciller Schüssel, y se decía que Kurz planeaba una coalición con Kern tras las elecciones. Para hacer la ilusión más sólida, se publicaban contenidos antisemitas tomados de páginas web ultraderechistas, y que relacionan a Kurz con el millonario judío Soros (millonario que es una de las bestias de la ultraderecha europea, particularmente por la ONG que financia, Planned Parenthood la cual, en estrecha colaboración con Naciones Unidas, se dedica a difundir técnicas de control de la natalidad en el tercer mundo).

El sentido del asunto era apartar a los votantes del FPÖ de la tentación de votar a Kurz.

En “Estamos por Sebastian Kurz” se pretendía alejar a los votantes progresistas de Kurz. Un supuesto grupo de “fans” de Sebastian Kurz se dedicaba a difundir contenidos que dejaban al futuro canciller de Austria a la altura del betún. Como por ejemplo provocando votaciones en internet del tipo ¿Es el Islam una parte de la cultura austriaca? (naturalmente, salía siempre “de que no”).

Las páginas en cuestión llevaban en activo algunos meses (a mí, de hecho, de vez en cuando Facebook “me las sugería”) y prácticamente desde el principio tenían un no sé qué de demasiado perfecto para ser verdad. Sin embargo, hasta hace solo unos días, nadie había podido demostrar que las páginas eran, en realidad, una falsificación al objeto de quitarle votos a Sebastian Kurz.

SEGUNDA PARTE ¿Quién ha pagado las páginas? Para aquellos de mis lectores que, ingenuos, aún piensen que las noticias contradictorias que veían ayer en internet a propósito del referendum venían de apasionados amigos y parientes suyos que le daban muchos clicks para difundirlas (“comparte si te indigna”,”¿Le llamamos dictadura o todavía no?”) conviene recordar que páginas como estas, y como las dos de las que estamos hablando se mueven por un mecanismo tan opaco como la pasta. Pura y dura. O sea, quien le paga a Facebook se asegura de que haya más gente que vea lo que postea. Sea verdadero, sea falso, o sea mediopensionista. Entre las dos páginas, alcanzaron unos 25.000 seguidores. Esto, traducido a dinero viene a suponer medio millón de euros aproximadamente. Sí. Por eso es casi imposible que usted, querido lector, se convierta alguna vez en una competencia seria de Kim Kardashian.

El SPÖ siempre ha rechazado las acusaciones de financiar las dos páginas web en cuestión (a pesar de que, haciendo la vieja pregunta, qui prodest? -¿Quién se beneficia?- era obvio que era el partido socialista el que más se beneficiaba). De hecho han mostrado sus cuentas para probarlo. Así pues, el foco de la prensa, que es quien está moviendo todo esto, se ha abierto hacia personajes afines al Partido Socialista. Naturalmente, todos los aludidos por la prensa niegan enérgicamente estar metidos en este Watergate.

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