2.000 viviendas fuera de la circulación

Según un estudio de la TU Wien las nuevas formas de alquiler están poniendo en peligro un ecosistema económico que era bastante exitoso.

11 de Octubre.- Una de las cosas que más intriga al extranjero cuando se viene a vivir a Austria es que las relaciones en la economía austriaca resultan una curiosa mezcla entre la burocracia controlada por el estado que caracterizaba a los países del antiguo bloque comunista y la economía capitalista a la que todos estamos acostumbrados.

Por lo que respecta particularmente a Viena, yo tengo la teoría de que, llegado un momento y de manera muy particular por una inclinación presente en el alma austriaca, a la esclerótica burocracia imperial se le superpuso la burocracia de la llamada „Viena Roja“ (los gobiernos socialistas de después de la primera guerra mundial).

Tras el nazismo, esta burocracia regresó, dulcificada en forma de una socialdemocracia gemütlich, a la nórdica, cuando los aliados abandonaron el suelo austriaco después de la segunda guerra mundial. Se creó entonces esta mezcla extraña que aún perdura,de la que hablaba más arriba, que tiene la virtud de amortiguar más que en otros lugares los graves defectos que tiene el mercado como regulador (la oferta y la demanda) aunque quizá imprima a los intercambios económicos una velocidad (lenta) y unos límites a la ganancia cortoplacista que son la bestia negra de los partidarios de una economía „liberalizada“ a la americana.

Un ejemplo típico de todo esto que digo y que ilustra perfectamente cómo el concurso del sector público (aún con sus defectos) aumenta la calidad de vida de los ciudadanos comunes de una manera eficaz es el mercado de la vivienda en Viena.

Si no me falla la memoria, un tercio de las viviendas de Viena son propiedad de una agencia estatal, que las alquila a precio tasado, de manera que siempre hay en el mercado oferta de viviendas de alquiler a un precio asequible.

La existencia de esta oferta de casas a precios accesibles hace que aquellos caseros que quieren alquilar casas tengan que hacerlo a precios relativamente más baratos que en otras capitales europeas.

¿Qué pasa cuando este sensato ecosistema de viviendas sociales, regulado, europeo, exitoso aunque agradablemente anticuado, choca con la concepción anglosajona de las relaciones económicas? Entendida esta, naturalmente, como la visión de que cualquier cortapisa al libre funcionamiento del juego de la oferta y la demanda es mala.

Un nuevo estudio de la TU, la Universidad Técnica de Viena, ha venido a demostrar cómo la extensión de plataformas de alquiler por internet como airbnb, han hecho que salgan del mercado de la vivienda en Viena casi dosmil pisos (y yo añado, y subiendo, según parece la oferta se ha cuadruplicado en los últimos tres años).

En Viena hay alrededor de 900.000 casas, y 2000 puede parecer una cantidad pequeña. Sin embargo, dado en donde se encuentran esas casas, como luego veremos, el efecto se nota.

A los dueños de casas les sale más a cuenta alquilar a los turistas sus pisos por unos cuantos días al mes (los turistas, de todas las maneras, pagan menos de lo que les costaría un hotel) que tener las casas alquiladas de la manera tradicional.

En la primera lección de cualquier curso de microeconomía o, simplemente, el sentido común, lo indica claramente: si de un sistema regido por la oferta y la demanda quitas parte de la oferta, el bien de que se trate -en este caso los pisos de alquiler- se vuelve más escaso de manera que los precios suben.

¿Por igual en todas partes? Naturalmente, no.

El efecto subida se nota especialmente en los barrios que a los turistas les gustan más, o sea, los más céntricos, del primero al séptimo distrito, que son los más demandados porque están cerca de todos esos sitios que salen en las guías turísticas. Además, aprovechándose del vacío legal, los avispados caseros han convertido casas de pisos enteras, o partes sustanciales de ellas en los barrios más demandados de Viena, de manera que, de los dineros que genera el alquiler de casas por airbnb, tiene poco que ver con la idea de economía colaborativa que (en teoría y en marketing) impulsa la plataforma. El estudio calcula que dos tercios de los ingresos generados (unos ochenta millones de euros al año) se concentran en un veinte por ciento de los oferentes de pisos de alquiler a través de airbnb.

En este proceso, por otra parte, perdemos todos: esos ochenta millones de euros cambian de manos sin pasar por la mirada escrutadora del fisco. Así pues, el Estado no ingresa, y si no ingresa, no invierte, y si no invierte, ni se generan servicios, ni puestos de trabajo, por ejemplo.

¿La solución? Ha habido varios intentos pero, hasta ahora, no han tenido demasiado éxito ¿Qué piensan mis lectores que podría hacerse? (si es que piensan que se debería hacer algo)

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