Hic sunt dracones

¿Tendrán que esperar los ciudadanos extranjeros cinco años para acceder en Austria a las ayudas sociales? El nuevo Gobierno se plantea un plan de ajuste draconiano.

7 de Noviembre.- El sábado, los nuevos compañeros de Gobierno, o sea, Sebastian Kurz y los „derechers“ dieron la primera rueda de prensa para explicar lo bien que se entendían. Aunque la verdad, Sebastian Kurz y Heinz Christian Strache parecían más bien dos médicos que estuvieran tratando a un alto personaje de salud muy delicada, al que todo el mundo quisiera salvar. Vinieron a decir que habían llegado justo a tiempo para evitar que el enfermo estirase la pata y, como siempre sucede en estos casos, que menos mal que ellos habían aparecido para bajarle la bilirrubina, reconducirle el colesterol (malo) e inyectarle un cóctel de medicamentos que le pusiera de nuevo (que pusiera a Austria de nuevo) como una moto.

Dicho esto, de chicha, la verdad, poca, un poco porque, particularmente desde el banquillo „derécher“, se quiere dejar todo atado y bien atado para evitarse sorpresas desagradables y un poco también porque resulta más que probable, como veremos más adelante, que las noticias que tengan que darse de aquí a poco no vayan a ser de esas que aumentan la popularidad de los Gobiernos.

Strache y Kurz, Kurz y Strache, en su papel de médicos tratando a un enfermo tendido en el lecho del dolor, vinieron a decir que, superficialmente, parecía que Austria estaba fenomenal, pero que no había que fiarse de los colores saludables que el enfermo exhibía (por ejemplo, una tasa de paro que escapa bastante del drama) porque la procesión, o sea, la enfermedad, iba por dentro.

A bote pronto, según estos singulares cirujanos, Austria tiene un enorme problema de inseguridad ciudadana y entre las cosas que los derechers exigen para seguir apoyando a Kurz es que se invierta mucho en este aspecto, en muchos policías y en el ejército.

También dejaron caer lo que, en principio, es un viejo proyecto „derecher“ o sea, hacer que todos los extranjeros tengan que esperar cinco años (cinco años de residencia legal, cinco años cotizando, cinco años pagando impuestos) para poder acceder a las ayudas sociales del Estado austriaco -lo cual incluye, por ejemplo, la prestación por desempleo-. Este proyecto aún es muy nebuloso, naturalmente, pero en mi opinión solo sería posible con aquellos extranjeros procedentes de países extracomunitarios. Así en principio no parece que pudiera ser practicable con los ciudadanos comunitarios, porque eso implicaría (gracias a la legislación común) que también se tendria que aplicar a los austriacos para evitar la discriminación.

En cualquier caso, lo que se infería de toda esta cuestión es que los negociantes se encontraban en el trance de aplicar un recetario neoliberal duro.

A partir de aquí, voy a intentar explicarme lo más claramente posible para que todos mis lectores me entiendan: durante toda la campaña electoral, el Partido Popular austriaco ha prometido una bajada de los impuestos. Según este paradigma, tanto ciudadanos como empresas están abrumadísimos por el fisco y hay que desabrumarles, quitarles ese peso que les pesa para que tengan más dinero para gastárselo champán y chatis. Naturalmente, según la lógica neoliberal (por ejemplo, la que yo estudié en la Universidad, allá por los años noventa del siglo pasado) cuando el ciudadano medio tiene más dinero para gastar, inmediatamente lo gasta, en vez de tenérselo que dar al Estado el cual, según la lógica neoliberal es, de entre todos los asignadores de recursos, el menos eficiente. O sea, el que peor reparte y usa el dinero que le llega, para que nos entendamos.

¿Y qué hace el ciudadano medio? Pues naturalmente, comprarse bienes y servicios que redundan en que la economía del país cobre un impulso, haya más trabajo y, en resumen, todos vivamos mejor. Hasta aquí, la teoría „Reaganiana“, „Thatcherista“ o „Trumpista“ (lo sé: le he hecho un favor a Trump al suponer que piensa, pero es que hoy me he levantado rumboso).

¿Comeremos perdices? Hombre, unos (algunos dicen que los de siempre) sí, pero no todo el mundo, naturalmente

¿Qué significa en términos prácticos una bajada de impuestos? Lo primero y principal, que automaticamente el Estado deja de ingresar dinero. El paradigma neoliberal, naturalmente, ha implantado en la mente del ciudadano la imagen, ya casi tópica, del funcionario que se rasca la barriga de una manera que nadie le permitiría en la empresa privada, ese despilfarrador que se pasa el día sin pegar un sello, calentito en su oficina. Pero es que el Estado no es solo eso. El sector público son también los médicos en los hospitales, y los maestros en las escuelas, y los señores que limpian las calles y recogen los residuos (nuestros residuos) y los investigadores que buscan curas para enfermedades como el cáncer, o los periodistas que informan en televisiones públicas de calidad, en donde no hay hombres, ni mujeres, ni viceversa.

Los que ya somos algo viejos en el mundo sabemos que todos esos servicios que el Estado presta no se pueden prestar, o no se pueden prestar igual, con la misma calidad, sin dinero que los pague. La solución del paradigma neoliberal es privatizar o fomentar que todas esas cosas se hagan mediante la iniciativa privada, reducir el sector público a la raspa. Los números del Estado cumplen todos los objetivos de déficit habidos y por haber, pero naturalmente, los ciudadanos con menos recursos son los que pagan la factura. Por ejemplo, cuando sus hijos no pueden acceder a una educación pública de calidad y se ven abocados a seguir siendo pobres por generaciones.

Esta situación se prolonga hasta que alguien, de nuevo, vuelve a darse cuenta de la importancia de lo público (como sucedió durante los Gobiernos socialdemócratas de la era Kreisky) y vuelve a inflar el aparato del Estado como un globo. Luego, lo público se vuelve insostenible porque genera un déficit que le hace daño a las tiernas retinas neoliberales y vuelta a empezar. Y así, entre ese Escila y ese Caribdis se desarrolla nuestra vida.

Volviendo a lo que nos ocupa, los negociadores del nuevo Gobierno austriaco se han propuesto reducir hasta en un cuarenta por ciento la presión tributaria de los que vivimos aquí. Esto va a significar, obviamente, que no va a entrar pasta en las arcas públicas y va a faltar dinero. Para saber lo que va a pasar con nosotros, los ciudadanos normales (no digo ya los pobres) mis lectores no tienen más que retroceder un par de párrafos.

Uno de los negociadores „derécher“ lo ha dicho mucho más gráficamente que yo: „Es werde kein Spaziergang“ (o sea, no va a ser ningún paseo).

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El sábado 18, a las doce, en el Theater Brett de esta capital, tendré el honor de moderar una charla coloquio con el autor de la pieza, Maxi Rodríguez !Save the date! (aquí dejo la publicidad)

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