Ellas también

Austria se encuentra espantada por las revelaciones de dos mujeres que fueron famosas en los setenta.

22 de Noviembre.- Para un extranjero (y para esto, yo seré para siempre extranjero e Austria, me temo) una de las fascinaciones más incomprensibles de los austriacos es la que sienten por el esquí.

Para un español (que no pertenezca a la familia real, lo cual le sucede a un alto porcentaje de mis connacionales) el esquí es un deporte exótico.

Hasta el punto de que los austriacos se ríen mucho de mí cuando sale el tema, porque recuerdan como una cosa extrañísima que, en los setenta, hubo un esquiador famoso que era, además, español. Un tocayo por cierto: Paquito Fernández Ochoa. Un señor bajito y muy salao que, me parece recordar, se daba un aire a Alfredo Landa (tampoco es de extrañar porque en España hubo una época en la que todos nos parecíamos a Alfredo Landa).

Para un austriaco, juntar en la misma frase español y esquiador es como si, de pronto, un beduíno del desierto del Sáhara hubiese descubierto una pasión (y, lo que es más insólito, una aptitud) para el llamado deporte blanco.

Sin embargo, en Austria el esquí ocupa el lugar de privilegio que, en los países meridionales ocupa el fútbol.

Los esquiadores (y las esquiadoras) son conocidos y las marcas se los rifan. Y no es la única similitud entre el planeta del esquí y el del balón redondo. A las personas normales, se nos hacen particularmente cuesta arriba que las declaraciones que los esquiadores hacen a los medios comentando sus „fazañas“ suelen ser, primero, con un acento horroroso (horroroso para entenderlo y horroroso por feo) como es el acento de la parte montañosa de EPR (no digo sitios, porque seguro que habrá santos y santas de estas regiones de Austria y no quiere uno enemistarse con nadie ni mentarle a los santitos ni a las santitas) y después, no contentos con ello, las mencionadas declaraciones suelen ser igual de inanes y de faltas de profundidad que las cuatro bobadas que los futbolistas dicen siempre en cuanto les ponen un micrófono delante (tonterías que, por cierto, hacen que el trabajo de los informadores deportivos sea admirable). O sea: que si „el fútbol es así“ que si „hemos venido a ganar“, esas idioteces que, incomprensiblemente, hacen las delicias de los forofos (se nota bastante que yo no me encuentro entre ellos: nací con este lamentable defecto genético y,dada mi minusvalía, desde pequeño rumio mi rencor contra el mundo abusando de la lectura, que no es buena nunca).

Dado el peso que el esquí tiene en el imaginario colectivo austriaco, no es de suponer el bombazo que ha supuesto el hecho de que dos esquiadoras que, en los setenta, fueron „ídolas“ de la afición (una ha salido a la palestra con su nombre y otra ha preferido manteners en el anonimato) hayan denunciado el clima de violencia y abuso sexual que se vivía en el esquí austriaco cuando ellas estaban en activo, a mediados de los años setenta.

En el caso de la señora que ha denunciado su drama personal, y que fue campeona olímpica, no solo hubo hijos de puta que la hicieron objeto de abusos, sino que también un compañero de equipo la violó cuando tenía dieciséis años.

(Por cierto y aunque no venga a cuento: dado lo que está cayendo estos días, hay un montón de indocumentados e indocumentadas que, informando de estos hijos de puta y de hijos de puta parecidos a estos, informan de que fulanito o fulanita „fue abusado por“ equis; de toda la vida alguien era, si acaso „objeto de abusos“, o „sufría abusos“; todo viene por traducir del inglés oyendo por la bragueta, como los gigantes). Sigamos:

La reacción de la Federación Austriaca de Esquí fue, primero, minimizar la cuestión diciendo que a ellos no les constaba que hubiera sucedido nada como lo que la denunciante afirmaba que había sucedido y que, si hubiera sucedido, también había que tener en cuenta que „eran otros tiempos“. O sea, que como cantaba Karina, no somos ni Romeo ni Julieta ni estamos en la Italia medieval.

Conforme han ido pasando las horas y se han concretado las acusaciones, la federación austriaca se ha comprometido a poner en práctica medidas de prevención que incluyen dar cursos especiales a los entrenadores, masajistas y médicos para que impere el respeto (pero ¿No habíamos quedado en que estos eran „otros tiempos“? ¿A qué persona normal le hace falta un curso para saber cuándo está abusando de una muchacha de dieciséis años? O de un muchacho, que tanto da). En los relatos de las víctimas hay siempre el mismo patrón de poder ejercido sin tasa sobre personas que no están en condiciones (por edad, por ambiente) de ver de forma crítica ese poder y alcohol el cual, en aquella época, parece ser, era visto con (todavía) más tolerancia que ahora en según qué ambientes.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

2 Responses to Ellas también

  1. Bad Vöslauer dice:

    En ascuas nos deja usted D. Francisco, de quién se trata Frau Schneider o Frau Hölzl, mire que me va a hacer consultar el Krone o lo que es peor el Österreich o Standard, aunque en este caso lo de menos es el quién no responde usted a una de las cinco cuestiones(Q o W ‘s) que una noticia redactada debe responder .

    • Paco Bernal dice:

      Hola Bad! Hombre, pues si usted consulta el Standard estará la cosa bien, porque es el ha destapado la noticia. He preferido no dar nombres, porque supongo que ya tiene bastante la mujer con recordar lo sucedido 🙂

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Follow Me