Menos humos

Nuestra esperanza era el dieciocho de mayo del año que viene, pero igual se nos tuerce. Veremos a ver.

1 de Diciembre.- En estos días se celebra en Madrid una exposición a propósito de la obra de uno de los sobrinos de Sigmund Freud, el cual estuvo trabajando en publicidad y marketing en los Estados Unidos y, como era una ardilla, aprovechó muchísimo las novedosas teorías del tito Sigmund aplicándolas profusamente en su labor profesional. Fue él el que, trabajando para las tabacaleras, consiguió que las mujeres fumasen, al pagarle a los grandes estudios de Hollywood para que las acritces más famosas de la pantalla fumasen y, así, convirtieran lo que hasta entonces era visto como un hábito poco femenino en una cosa glamurosa que pronto las más modernas imitaron.

Una vez se abrió el melón hombres y mujeres fumaron en las pantallas durante más de medio siglo, hasta que se empezó a relacionar el tabaquismo con el cáncer y otros desperfectos. Hoy, fumar no es moderno ni mucho menos socialmente aceptado y, si se fijan mis lectores, cuando en el pasado alucinábamos con lo sexy que se ponía Lauren Bacall cada vez que se marcaban sus pómulos de gata cuando le daba una calada a un cigarrillo o cuando Sara Montiel (damals, Sarita) se fumaba un purazo, hoy en la tele y en el cine solo fuman los malos y los pobres.

En Europa es tendencia (afortunadamente) ponérselo difícil a los fumadores, a ver si se convencen de que, con el cigarrillo en la mano, no solo se castigan los pulmones ellos, sino que nos castigan las vías respiratorias a otras personas que no tienen la culpa. Por ejemplo, los camareros, que se tragan los humos, o sus familias (las de los fumadores) o las personas que salimos de fiesta y queremos volver a casa oliendo a persona (o, en el mejor d elos casos, a ese sudor tan agradable que el cuerpo segrega después del baile).

¿En todas partes? No, por cierto.

Austria es la pequeña aldea gala en donde los que no fumamos tenemos que seguir sufriendo la falta de educación de los que le meten mano al güiston.

Nuestra esperanza está puesta en el mes de mayo del año que viene. Dentro de un semestre, cumpliendo por fin los ruegos de la Unión Europea, entrará en vigor si Dios quiere la prohibición total de fumar en restaurantes y otros establecimientos hosteleros, como ya pasa en todo el resto del mundo civilizado (España, en este caso, incluida).

Por incomprensible que pueda parecer (o no) esta prohibición, que redunda en beneficio de la salud pública, no la defiende todo el mundo. La ultraderecha (sus motivos tendrá) ha hecho suya la bandera del enfisema, argumentando que el acto de fumar es un acto de sacrosanta libertad del indivíduo y que el Estado no tiene por qué inmiscuirse en esta parcela, que los derechers consideran una cuestión de principios.

Así pues, estos días atrás Heinz Christian Strache cabeza (para esto, es un decir, claro) del FPÖ, acudió a la protesta organizada por un empresario local. Curiosamente, Strache fuma, pero naturalmente se cuida muy mucho de que le fotografíen fumando (por esto que yo decía de que, en los medios de comunicación solo fuman los malos y los pobres, o sea, para que nadie saque conclusiones).

Acudieron a echarse un caliqueño algunas de las caras más prominentes de la ultraderecha las cuales, entre toses, hablaron de su intención de tirar abajo la prohibición de fumar en los locales públicos que debe de entrar en vigor en Mayo de 2018. Las personas con buen sentido que lo vimos (retransmitido por la tele) nos echamos a temblar. No teníamos bastante con Viejochocho y con Chinomalo, para que encima se nos metiera el enemigo en casa.

PS: las negociaciones entre la derecha y sus derechers están yendo tan superbién que parece que, antes de que termine el año, tendremos se despejará la incógnita del „menisterio“ que le toca a Strache. Se baraja como fecha de investidura del canciller Kurz el día 20 de Diciembre.

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