La “Bundesconsti”

Europa estaba aún en llamas cuando empezó esta historia en la que se mezclan el Poder, el Miedo, la Astucia y, por qué no, grandes dosis de diplomacia.

3 de Diciembre.- El día 6 de Diciembre es el día de la Constitución (española) conocido también como „Santa Consti“. La norma que constituye la clave de bóveda del sistema legal español y que convirtió a mi país en uno más de la comunidad de los democráticos y desarrollados, y que empezó a sacudirnos un poco la caspa del franquismo, cumple este seis de diciembre cuarenta y nueve.

La proximidad de este cumpleaños (el que viene será, si Dios quiere, aún más redondo) me ha llevado a preguntarme por la historia de la constitución de mi otro país: Austria.

La historia de la norma fundamental del sistema político austriaco empieza en el frío mes de abril de 1945. El día 23 de abril, aniversario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare, se reunieron en una Viena todavía humeante los antiguos social-cristianos (fermento del actual partido popular austriaco), los socialdemócratas y los comunistas y, cuatro días más tarde, el veintisiete, ante el hecho innegable de que el Reich alemán solo existía ya en el subterráneo hediondo en donde Hitler vivía sus últimos días, proclamaron la independencia de la Austria de los nazis, por lo tanto de Alemania y su voluntad de reconstituir la primera República austriaca.

La idea no había sido de ellos, o no solo, por cierto. A finales de 1943 los ministros de asuntos exteriores de los países aliados se sentaron en Moscú para decidir cómo sería la Europa de posguerra.

Así pues, cuando los representantes de los tres partidos sobre los que los aliados querían construir en Austria una democracia proclamaron lo que tuvieron que proclamar, los aliados no tuvieron más que asentir.

De los antiguos social-cristianos, a pesar de sus coqueteos con el austrofascismo, los aliados hicieron un partido conservador (católico y todo lo demás, al cual solo se espurgó, como en el resto de la sociedad austriaca, de aquellos nazis demasiado „cantosos“, al objeto de poder seguir teniendo mimbres con los que poder fabricar la segunda línea de batalla de la administración del futuro estado); con los socialistas, más de lo mismo y por último, los comunistas, que se colaron de rondón porque la ambición secreta de Stalin era, aún en aquel momento, o bien incorporar Austria a lo que luego se llamó los países del este o bien partirla por la mitad (cosa que, afortunadamente, no ocurrió).

El veintisiete de abril, el Gobierno provisional austriaco, presidido por Karl Renner (Socialdemócrata), se constituyó bajo la atenta mirada de los soviéticos (de hecho, el Gobierno tuvo buen cuidado de presentarse ante el „baranda“ soviético en Viena, que en aquel momento era el mariscal Tolbuchin). La hora era sumamente delicada, así que Renner, en la primera declaración de aquel Gobierno de concentración nacional, hizo uso de una calculada ambigüedad y dijo que su intención era resucitar „el espíritu de la república austriaca de 1920“ (o sea, el estado legal y aproximadamente democrático que salió de los acuerdos de Saint Germain).

Detrás de esta apariencia plácida (forzada), había opiniones muy diferentes de lo que tenía que ser el futuro estado austriaco y, por lo tanto, la constitución que lo regiría. Renner, el jefe del Gobierno, quería para la doliente Austria de aquel momento una estructura centralista, a la francesa; el SPÖ y el ÖVP deseaban en cambio resucitar tal cual la constitución de 1920 que proclamaba una estructura de Estado bastante parecida a la que tenemos ahora; y por último los comunistas. Su representante, Ernst Fischer, pidió que se formara una asamblea constituyente, para iniciar unas previsiblemente largas conversaciones que dieran como resultado una „auténtica democracia popular“ perspectiva que, como es lógico, hacía que a todo el resto de los probos señores que se sentaban en el Gobierno austriaco les salieran ronchas.

Empezó entonces el frenético maniobrar (delicado maniobrar) de todas las fuerzas políticas menos los comunistas al objeto de evitar la abducción de la naciente república austriaca a la órbita de Moscú. La situación era en extremo delicada, porque tampoco convenía tocarles demasiado las narices a los de la hoz y el martillo. Los socialistas consiguieron convencer a Renner de que lo más sensato era volver a poner en vigor la constitución austriaca en el estado en el que estaba en mayo de 1933, antes de que el austrofascismo sirviera de preludio a la larga noche del fascismo.

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Un comentario a La “Bundesconsti”

  1. Angel dice:

    Nuestra Consti no es todavía una cuarentona.
    Cumplirá 39 años !!!

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