Al final, ganaron los buenos

El Constitucional austriaco ha emitido hoy un veredicto que afecta a casi un millón de habitantes austriacos. Sin duda, una gran noticia.

5 de Diciembre.- Este verano pasado, se produjo en Austria el primer intento de que se aprobara el matrimonio igualitario. Esto es, y en palabras que Adolfo Suárez utilizó para otra cosa (por cierto, no se le ocurrieron a él, sino a su agudo “spindoctor” el periodista Fernando Ónega) “nada más y nada menos que convertir en normal lo que en la calle era ya normal”.

No sirvió de nada que las encuestas dijeran que más de dos tercios de los austriacos estaban (y están) a favor (aunque también es verdad que solo un treinta y cinco por ciento de los austriacos ve aceptable tener un hijo o una hija homosexual y el mismo porcentaje aceptaría a un homosexual como jefe del Gobierno). En fin: con el voto en contra de la derecha del ÖVP y los derechers del FPÖ, la iniciativa popular que había llevado al Parlamento el llamado “matrimonio para todos” fue rechazada.

En aquella circunstancia, el futuro canciller Sebastian Kurz dijo que a él le parecía que los gays y las lesbianas tenían ya en Austria unos derechos más que suficientes, y que no veía que hubiera discriminación; y que el ÖVP pensaba que el único matrimonio válido era el compuesto por un hombre y una mujer.

Hubo detrás de ese rechazo, como a nadie se le ocultaba, en un caso, un claro cálculo electoralista (ÔVP, se trataba de diferenciarse del Partido Socialista) y en el otro, el claro seguimiento de las doctrinas moscovitas al respecto. Hoy, sin embargo, lo que no pudo conseguirse en el Parlamento, esto es, que un grupo de personas que puede ascender a casi ochocientasmil (un diez por ciento de la población austriaca) tenga acceso a una mayor seguridad jurídica, ha sido alcanzado en los tribunales y nada más y nada menos que en el más alto tribunal austriaco, de manera que el matrimonio igualitario queda blindado por la propia naturaleza de ley fundamental de la Carta Magna.

Hoy el Tribunal Constitucional austriaco, después de examinar la demanda de una pareja de mujeres a quienes se negó el matrimonio, ha dictaminado que el contrato que, en Austria, hacía las veces (y solo las veces) del vínculo jurídico que une a las parejas heterosexuales, resulta discriminatorio y, por lo tanto, no solo debe abrirse el matrimonio también a las parejas cuyos componentes son del mismo sexo sino que también, en contrapartida, las parejas heterosexuales que quieran ser reconocidas como parejas de hecho, utilizando la modalidad que se utiliza para las homosexuales, puedan también hacerlo, cosa que hasta ahora les estaba vedada.

Siempre gusta, señora, cuando al final de la película ganan los buenos.

¿Tendrá esta sentencia efectos inmediatos? No, por cierto: el Tribunal Constitucional austriaco ha dado un plazo de un año, hasta el 31 de Diciembre de 2018, para que el Gobierno (o sea, el poder legislativo) cambie la legislación vigente la cual, a partir de esa fecha, quedará automáticamente sin efecto, considerándose los matrimonios que se celebren a partir del primero de enero de 2019 iguales en todo sentido, independientemente de si los contrayentes tienen sexos iguales o distintos.

Por cierto, las parejas que ya se hayan “verpartnerado” y que quieran ascender a la versión “premium” tendrán que volver a pasar por el juzgado (trámite, sin duda, bastante engorroso, pero también necesario, habida cuenta de la ampliación de responsabilidades que conlleva el matrimonio); como sucede con los matrimonios heteros, los gays y las lesbianas podrán acceder en igualdad de condiciones a la adopción, a la paternidad conjunta y también a los tratamientos de fertilidad, entre otras cosas. También podrán casarse, como las parejas heterosexuales, a partir de los dieciséis, que es la edad que en Austria rige para estas cosas y no a partir de los dieciocho (el contrato famoso solo podía ser establecido entre personas mayores de edad).

Las reacciones han sido en general positivas y las negativas han venido de donde era esperable. O sea, que ninguna sorpresa, Al cardenal Schönborn, jefe de la Iglesia austriaca, hombre por lo demás culto, morigerado y hasta bastante inteligente (se conoce su plena sintonía con el Papa Paco) le ha parecido muy mal que un grupo de personas que, hasta entonces eran tratadas como ciudadanos de segunda, hoy hayan recuperado la igualdad ante la ley. Aunque de todas maneras a la Iglesia Católica, en este aspecto (afortunadamente) no le hace nadie ya demasiado caso.

La ultraderecha también se ha mostrado dolida por lo que considera un “doble juego del Partido Popular austriaco” ya que, según ellos, cuando se aprobó el reconocimiento de las parejas de hecho, se abrió la puerta a que se reconociera el matrimonio igualitario. Ninguna cosa sorprendente, tampoco.

Por cierto, algunos datos: hasta hoy se han realizado en Austria, desde que la ley entró en vigor en 2010, 3.194 uniones, de las cuales 262 se han disuelto.

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