Memento Mori

¿Tendremos que trabajar doce horas en Austria? No, no tendremos. Pero si se da el caso, podremos hacerlo legalmente.

7 de Diciembre.- Cuando un general romano obtenía una victoria resonante, se le concedía un triunfo.

O sea, que estaba autorizado a desfilar por las calles de Roma y ser aclamado por la multitud (!Caius Hemorroidicus, capullium, queremos un fillium tuum! Y eso) Como es bien sabido, a su lado había un señor esmirriadillo que le iba susurrando al oido al altivo militar siempre lo mismo: „Memento mori“ o sea „recuerda que vas a morir“ que era un poco también recordarle que aquí estamos de prestado y que, por muy grande que sea el éxito, también pasa y hace chimpún.

Los generales modernos son los políticos.

En la noche electoral, cuando se recuentan los votos y el vencedor escucha su nombre, mecido por el aplauso público, el ganador de las elecciones, si es listo, ya debe contar con que ahí, precisamente en ese momento, empieza su declive y que, si algún día echa la vista atrás, podrá localizar en ese preciso instante el principio de la cadena de inevitables errores que llevaron a sus votantes a decirle „See you, Lucas!“.

La vida del político, pues, se debate entre lo agustito que se está en la oposición, en donde se puede prometer a troche y moche, y la inevitable certeza de que cuando los de la oposición sean „los otros“ su trabajo será fiscalizado sin que valgan las excusas ni las lágrimas ni la seño me tiene manía. Haber elegido muerte, que dijo aquel.

Hace algún tiempo, el agudo Armin Wolf aseveró algo parecido. Cuando la ultraderecha (que no es santo de su devoción) empezó a subir y la gente se echaba las manos a la cabeza pensando en que algún día un partido como el FPÖ pudiera gobernar, él dijo que lo mejor que podía pasar era que el FPÖ ganase unas elecciones. Todos los populismos chocan, más tarde o más temprano, contra el hormigón de la realidad.

Memento mori.

A Strache podría estarle pasando todo esto en estos momentos.

Por fin, por fin está a punto de dejar atrás su consuetudinario papel de princesa eterna del pop austriaco para convertirse en una persona respetable, en una gran dama de la canción (hay quien dice por ahí que le espera un „superministerio“) pero naturalmente el poder también conlleva pisar algún que otro callo y, por supuesto, los callos son siempre de votantes mosqueados que, en algún momento, pueden sentir la tentación de pasarse a la competencia.

Antes de continuar, quizá convendría decir que la ultraderecha, en la última década, ha basado su estrategia de ampliación de sus bases, desde el grupo reducido, procedente de la escena del neonazismo que formaba el núcleo duro del partido a finales de los noventa del siglo pasado, hasta el estadio actual, concentrándose sobre todo en las clases trabajadoras, las que anteriormente eran el público de la socialdemocracia.

Los peldaños más bajos de la actividad económica, los que menos tienen que vender en el mercado de trabajo, son los que más han sufrido la competencia de la mano de obra barata procedente del este de la Unión y a los que el sistema ha dotado con menos munición intelectual que les permita entender (y adaptarse) a un mundo que evoluciona demasiado rápido para lo que ellos están preparados para digerir. Y esto, por cierto, no ha hecho más que empezar.

Pues bien: estos días, la derecha y los derechers del FPÖ están negociando una medida largo tiempo discutida, pero para cuya puesta en marcha no se había alcanzado todavía ningún acuerdo. Bajo el eufemismo de „flexibilización del horario laboral“, los partidos negociantes se han puesto de acuerdo para hacer posible en Austria que se pueda trabajar hasta doce horas seguidas y, por lo tanto, sesenta horas a la semana.

El titular era jugoso y los medios lo han aprovechado, claro. Y en los predios por donde se pasea Strache, o sea, internet, ha cundido el enfado. Los votantes de Strache, que temen por el deterioro de sus condiciones laborales, le han dicho aquello de „!Nosotros no te votamos para esto!“ y Strache, al mejor estilo de ViejoChocho EnLaCasaBlanca ha tenido que decir que lo que los medios dicen son „fake news“ propagadas por periodistas de un sindicato del crímen dispuesto a empañar su labor irreprochable en defensa del „austriaco de la calle“ y ha defendido la medida como una manera de que los trabajores estén más tiempo con su familia (!).

Los planes concretos son, ya digo, posibilitar una jornada laboral de 12 horas, 60 días a la semana, cosa que ahora esta taxativamente prohibida. Hoy en día el límite máximo son diez horas de trabajo por jornada. Para que pueda ponerse en vigor, una vez la ley exista, la empresa deberá acordar „la flexibilización“ con el comité de empresa y, en aquellas unidades económicas en donde no haya comité, la dirección deberá llegar a un acuerdo con los trabajadores. En Austria, por cierto, menos de la mitad de las empresas tienen comité (Austria es un país muy de empresas pequeñas). Dado que, como todo el mundo sabe, empresarios y trabajadores tienen un poder de negociación muy distinto, el futuro es fácil de imaginar. De momento, un arañazo en el saludable sistema de protección austriaco de los trabajadores. Una grieta. Pero ya se sabe lo que pasa con las grietas que, si no se tiene cuidado, se ensanchan.

En cuanto a Strache…Bueno, sus votantes tienen, de suyo, mala memoria. Veremos.

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Un comentario a Memento Mori

  1. Austriaquen dice:

    Madre mía! 12h al día, sesenta días a la semana!!
    Como le pongan ese horario a Van der Bellen le da un apechusque que la esrosca!

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