El concierto de año nuevo 2018 y algo más

MusikvereinEl futuro ya está aquí. Hoy Viena ha entrado definitivamente en el año 2018 y Viena Directo también ¿Cómo? La respuesta: al final de este post.

1 de Enero.- Hoy es un día grande, sin duda, para todos los fanes y las fanas de Viena y de Austria. Como todos los años, desde la sala dorada del Musikverein, se ha transmitido para todo el mundo el Concierto de Año Nuevo, sin el cual, los resacosos habitantes de los dos hemisferios del planeta tierra no saben empezar la nueva tanda de 365 días. Desde 1943 (tiempos oscuros, Europa en guerra, Austria aplastada bajo la bota nazi) las suaves melodías de los Strauss, esos David Guetta del siglo diecinueve, han contribuido a que sean menos gravosos los dolores de cabeza producidos por la ingesta incontrolada de alcoholes de dudosa procedencia.

Como todos los años, el concierto de año nuevo o, mejor dicho, su retransmisión correctísima por parte de la cadena pública austriaca, la ORF, ha constituido el mejor anuncio que cualquier marca pudiera soñar. Ha sido una edición conservadora, en donde la que pasa por ser la mejor orquesta del mundo ha ofrecido una interpretación bellísima de las viejas melodías (viejas, en el sentido más cariñoso que la palabra viejo pueda tener) y en donde el director, Ricardo Muti ha llevado un traje cruzado horroroso y una corbata que no lo era menos. Acostumbrados a la elegancia de Georges Pretre (ese señor que dirige las orquestas impecablemente vestido, pero también con un puntito que hace pensar si no se habrá atizado un carajillo y un sol y sombra antes de salir al púlpito) la verdad es que Muti iba bastante desangelado.

Por cierto, en la primera fila había un señor jugando con el telefonino (aunque quizá no: por la posición que ocupaba el caballero debía de ser un diplomático acreditado en Viena y ya se sabe que los diplomáticos andan siempre ocupados en negocios importantísimos para la Humanidad).

Alguien en casa, al notar este hecho, ha disculpado al presunto diplomático jugón, diciendo que, si alguien se ve obligado a ver el porompompero de Ricardo Muti durante dos horas (aunque sea con el acompañamiento musical de los „evergreens“ de los Strauss) en algo se tendría que entretener para no sucumbir al desaliento.

La medida labor del italiano también nos ha llevado a preguntarnos en casa por la razón de que existan directores de orquesta, y si no sería más económico (sobre todo para la Filarmónica de Viena que, en resumidas cuentas, toca más o menos lo mismo todos los años) volver al uso de los tiempos de Mozart, en donde a nadie se le hubiera ocurrido hacer una estrella del primer violín, que era el que marcaba los tiempos y el que más o menos era el que llevaba el cotarro. La parte de la concurrencia más experimentada en esto de la música clásica abogaba por los diferentes estilos de dirección, y citaba la visceralidad de Von Karajan (el pobre) o el achispamiento musical de Pretre; mientras que los que miraban la cuestión desde el puro sentido común decían que pagarle un pastizal a un abuelo porque hiciera el baile de los pajaritos cada vez que las flautas imitaban a alguna de las aves de los bosques de Viena (Ricardo ¿Era estrictamente necesario que hicieras „asín“ el ridi?) era tirar el dinero.

Los partidarios de la austeridad se han consolado pensando que los caballeros del Musikverein (quizá, quién sabe, si para lavar oscuros pecados originales que poco tienen que ver con la ligereza de los Strauss) habían donado cienmil euros de la recacudación del concierto a diferentes obras caritativas. Lo cortés no quita lo cabral, que dijo aquel.

En el bonito cortometraje que tapa para los televidentes ese momento en el que las señoras y los señores del cuerpo diplomático salen a estirar las piernas y a combatir el síndrome de abstinencia con copitas de champán y con canapés de salmón (que valen, por cierto, un c*jón, permítaseme la rima) la ORF nos ha obsequiado con algunas postales de Viena que demuestran fehacientemente que la ciudad en la que vivo es una sucursal del cielo, de un cielo que está justo en el límite de ser un lugar en el que sestear por el resto de la eternidad (pero solo en el límite) y un cielo que limita al norte con esas peliculillas que ponen entre medias de las canciones del Festival de Eurovisión, en donde los candidatos se entregan a probar las tradiciones del país anfitrión. Uno echa de menos en estas cosas un poquito más de riesgo por parte de la ORF, pero también reconoce que la ejecución de los cortometrajes es igual de hermosa que la de las piezas musicales y siempre gusta ver que la hermosura de la ciudad en la que uno vive justifica el enamoramiento que uno tiene de ella, que es ancho, profundo, entrañable y cordial.

Por lo demás, como lo prometido es deuda, los lectores más fieles de Viena Directo van a tener la primicia de gozar del primer capítulo del nuevo canal de YouTube, dedicado a las actualidades de Viena y Austria en un novedoso formato.

Con todos ustedes, 360 around Vienna.

!A disfrutar!

 

 

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