VdB nos echa un discursete (este año, sí)

El discurso del presidente de EPR y el Lifeball tienen una cosa en común: el año pasado, no hubo. Este año, sin embargo, se ha remediado la falta.

2 de Enero.- Como España es una monarquía y dicha monarquía es, en principio, tradicionalmente católica (recalcamos lo de tradicionalmente y lo de católica) el día más festivo del año para la institución es la navidad. Por esta razón, que es tan religiosa como monárquica, el rey Felipe, nuestro señor, le echa la charla a los españoles (dicho sea esto con todos los respetos) el día 24 de Diciembre por la nuit.

En los tiempos de su señor papá, como la cosa iba más o menos bien, pocos eran los que, ocupados con los langostinos, le hacían mucho caso a la tele. „Sin encambio“ ahora que la cosa va como va, y aunque muchos enfaticen que son menos de la mitad los catalanes que quieren hacer la guerra por su cuenta, los españoles miran más lo que les dice su monarca.

Todos los españoles.

Aquellos a los que les gusta dicho monarca, para reafirmarse en el sentimiento de que están en el bando correcto; los que, en cambio, no le pueden sufrir, por insultar al televisor lo cual, en estos tiempos que corren, es un recurso muy potable para descargar adrenalina y conjurar el peligro de una fractura de miocardio.

En Austria, como somos una „Bundesrepublik“, el Jefe del Estado le habla a los ciudadanos en una fecha simbólica, pero todo lo laica que se puede dadas las cricunstancias: dicha fecha es, tradicionalmente, el uno de enero, una vez que se disipan las tinieblas del alcohol y los egregios chundachundas de la Marcha Radetzky.

El año pasado no hubo discurso del „Bundespresi“ (porque no había bundespresi, o lo había, pero sin investir) pero este curso, una vez cumplidas todas las formalidades, su excelencia, Don Alexander Van der Bellen se dirigió ayer con todas las de la ley a los ciudadanos de EPR.

Su discurso estuvo articulado en torno a dos aniversarios, uno bueno y uno malo.

El bueno, naturalmente, es el del nacimiento de la república austriaca. Hagamos algo de Historia que, como dijo Kim Kardashian, los pueblos que olvidan su historia están condenados a verla a ella por la tele.

En noviembre de 1911 hará un siglo desde que la primera guerra mundial hizo chimpún con el armisticio y un siglo desde que el emperador y su mujer Zita de Borbón y Parma se retiraron al castillo de Eckerhartsau. En este pequeño y relativamente humilde castillo de caza, que el emperador había recibido en herencia de su pariente, el archiduque Franz Ferdinand y que está hasta los topes de animales disecados muertos por su aristocrática mano, el emperador Carlos firmó la renuncia a sus derechos (pero poquito, porque beato y todo no veas cómo se las gastaba, y quiso volver más de una vez hasta que la República, harta, lo mandó a Madeira). De esta manera, Austria se constituyó en una república frágil e inestable. La prime (ahora estamos en la segun).

Casi veinte años más tarde, se produjo otro acontecimiento -terrible esta vez- cuyo aniversario se conmemorará trambié este año: en marzo de 1938, el Reich alemán se anexionó a la revuelta república austriaca (que para aquellos momentos, de todas formas, ya estaba sumida en un nazismo de baja intensidad). La anexión fue posible en parte por la complicidad de algunos de los ministros de la primera república austriaca, los cuales, como quizá digamos en su momento, se pasaron al enemigo con armas y bagajes siguiendo la inclinación de un pangermanismo que llevaban en los genes ideológicos.

En su discurso, recordó VdB que, durante la larga noche del nacionalsocialismo, muchos austriacos fueron víctimas, pero también victimarios (dada la composición del Gobierno actual de EPR, cuyo cincuenta pro ciento tiene o ha tenido una relación por lo menos tibia con aquellos acontecimientos históricos, no estuvo de más).

Al hilo del recordatorio, VdB insistió en que el racismo, la xenofobia y el nacionalismo destructivo (¿Lo hay constructivo?) eran los peligros que amenazan a la joven República Austriaca -joven si se compara con otros países de su entorno, entre ellos España, añoso olivo que ya cuenta con medio milenio a sus maltratadas espaldas-.

Por cierto, Heinz Fischer siempre „echaba“ su discursete él solo, con su mesita barroca, su puertecita barroca, su bandera „rojiblianca“ y el famoso entelado color guinda del Hofburg como fondo.

VdB quiso cambiar un poco y dio su discurso en presencia de un grupo de chavales de entre 6 y 15 años, para recordar quizá que el capital más valioso de un país son sus jóvenes, incontaminados de prejuicios y aún sin malear. Amén.

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