Oxapampa, un trozo de Austria en el Perú

En el centro del Perú existe un lugar que casi podría decirse que es mágico, porque si uno cierra los ojos, uno puede pensar que está en Tirol.

4 de Enero.- probablemente, el narrador de historias más preciso, entretenido y culto de los trópicos viva en el Perú, en un punto de la selva que no sé precisar, pero al que le llevó una biografía que daría para uno de esos libros de aventuras que te agarran por el cuello desde la primera línea y te tienen con el alma en vilo por lo que pasará en la página siguiente sin que tú puedas evitarlo.

Yo tuve ocasión de quedarme impresionado con su don para hilar relatos durante la boda de su hermano mediano, viejo amigo al que me une un cariño fraternal y entrañable. Lazo fuerte con el que no han podido ni los años (va para veinte que nos conocemos) ni la distancia (achicada, gracias a Dios, por la internet que todos tenemos en el telefonino).

Fue la benditísima ineficacia de las líneas aéreas peruanas, gracias a la cual nos quedamos tirados en un hotel pequeño pero con mucho encanto en la zona mejor de la capital, la que me hizo disfrutar de aquel prodigio, del cual la misma Scherezade se hubiera sentido orgullosa.

Parece que le estoy viendo, parece que nos estoy viendo: con nuestros vasos de Pisco, en la umbría de aquel fresco patio. Fueron dos horas apenas pero !Qué horas! De vez en cuando, alguno de sus hijos, que no se hacía a la idea de que había llegado la hora de irse a dormir, asomaba la carita por entre los barrotes de la barandilla que protegía la galería que corría por todo el primer piso. Entonces el padre, con ese sexto sentido que tienen los que lo son de familias numerosas, paraba un momento su relato y miraba al punto exacto, detrás de su cabeza, en donde había aparecido la cara infantil. No hacía falta más. El niño salía corriendo y se metía en la habitación en donde ya estaban sus hermanos.

El de mi amigo, aquella noche habló de la vida en la selva, sin literatura (y puedo asegurar que, a pesar de lo lioso que pueda ser mi estilo, lo que yo he contado más arriba contiene poca o ninguna exageración) y uno, curioso como es, no se hubiera cansado de preguntarle.

Este año, mi amigo, que vive en Lima y su hermano, que vive en ese desierto verde al que llaman la selva, decidieron pasar la nochevieja juntos, así que acordaron encontrarse a medio camino aproximadamente de sus respectivas residencias.

Y aquí es donde su decisión se cruza con Viena Directo, porque decidieron recibir al año nuevo en la provincia de Oxapampa. Según la Wikipedia, la provincia de Oxapampa (que en Quéchua significa, por cierto „llanura de paja“) está en departamento de Pasco, lo cual viene a caer en el centro geométrico del Perú más o menos ¿Y qué tiene que ver -se preguntarán mis lectores- Oxapampa con Viena?

Pues aunque parezca mentira tiene que ver, y mucho, porque en Oxapampa pueden verse muchachas con dirndl y chicos con pantalones de cuero o Lederhosen.

En 1856 un tal Manuel Ijurra y su socio, un alemán llamado Damien Schütz, obtuvieron del Gobierno peruano el permiso para importar colonos alemanes para poblar Oxapampa. No les costó mucho conseguirlos porque un año más tarde, una fragata, la Norton, arribó al Callao cargadita no solo de alemanes, sino también de austriacos, procedentes del noroeste del Tirol.

Llegaron a la zona en 1859 y rápidamente, como eran industriosos y eficaces, aprovecharon los 1000 pesos por familia con los que los dotó el gobierno peruano y tuvieron mucho éxito cultivando arroz, azúcar, yuca, coca y café.

Lo curioso de este caso, que parece como imaginado por García Márquez, es que apenas veinte años más tarde, la bendita ineficacia del Estado peruano para mantener los caminos en un estado aceptable (ineficacia que, viendo mi experiencia, debe de ser crónica), hizo que los austriacos y alemanes de Oxapampa quedaran poco a poco separados del mundo exterior, trescientos hombres y trescientas mujeres, según el censo,que se casaron entre ellos hasta que los principios del pasado siglo les devolvieron sus relaciones con el mundo.

Fue justo en ese momento cuando otro grupo de austriacos, procedentes esta vez de Ober y Niederösterreich y de Viena probaron suerte en Oxapampa (y en su mayoría se quedaron).

Los austro-alemanes de Oxapampa, aunque hablan español como todo hijo de vecino (del Perú) han mantenido sin embargo sus tradiciones y sobre todo las personas mayores siguen hablando alemán con el dialecto del Tirol (que ya tiene gracia la cosa).

Esta historia, que parece mentira, es sin embargo verdad, y para ilustrarla dejo la foto que me mandó la mujer de mi amigo, la simpar Irina.

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