Los estudiantes le van a adorar

Publicidad. Aus der HeimatEl nuevo ministro de Justicia de EPR quiere que los estudiantes de Derecho aprueben los exámenes mucho más fácilmente y amenaza con ponerse manos a la obra.

8 de Enero.- Desde que ha empezado el año, no dejo de leer a Lorca. En directo y en diferido. En directo, porque me he comprado las obras completas del poeta, y en diferido a través de la monumental biografía de Ian Gibson, que leo a trozos, según me va dando, desde hace ya tiempo. Curiosamente, a pesar de que el tema me interesa, es un libro al que le tengo cierta manía, porque es un libro que está escrito (perdón, Ian) desde el punto de vista de „la viuda“. Para muchas cosas, Gibson es más viuda de García Lorca que el auténtico viudo, Rafael Rodríguez Repún (el pobre) que murió, lo que son las cosas, exactamente un año después de que los fascistas de Granada (al mando, por cierto, del padre de Emma Penella y de Terele Pávez, las pobres) asesinaran al poeta. La biografía de Ian Gibson, documentadísima, tiene todo el rato un tono reivindicativo que la verdad, termina cansando. En primer lugar, porque Lorca tiene una estatura tal que no hace falta que nadie le reivindique y después porque el propio Lorca (esa mezcla de James Dean y Jesucristo) debía de ser un tipo de esos que, como pasa con muchos genios, tenía un punto rarito que le llevaba a hacer cosas no siempre comprensibles ni agradables (il n´y a pas des erreurs, il y a que des actes bizarres, que decía Marguerite Duras). Extrañezas que debían de ser un poco complicadas de asumir para aquellos que las sufrían.

Por una de esas asociaciones mentales peculiares que me han hecho famoso en el mundo entero, para mí, pensar en Ian Gibson y en Lorca es pensar en otro Ian, esta vez Kershaw, y en Hitler. Puntos en común no falta: dos tochacos de esos que, cuando uno los lee, trabaja también el bíceps (bueno, en versión electrónica, como yo, no, pero en versión física pesan un güevo y parte del otro). Dos biografías intensas, con vocación de ser LA biografía. Dos eruditos dispuestos a no dejar piedra sin remover. Y a pesar de que Ian Kershaw, probablemente, conoce a Hitler muchísimo mejor de lo que Hitler se conoció nunca en vida a sí mismo, no se percibe en ningún momento ningún tono de apasionamiento hacia la figura del biografiado (vamos: no puede haber apasionamiento porque Hitler era un hijo de Clara Hitler, como todo el mundo sabe, pero tampoco se pasa Kershaw por el otro lado; lo cuenta todo, llama a las cosas por su nombre y tal; todo muy científico).

¿Y cuándo entra hoy Paco en materia? Se preguntará algún que otro lector. Pues ahí voy, ahí voy. Una de las cuestiones centrales de los dos tomazos que Kershaw le dedicó al dictador de los alemanes es la de dilucidar cómo la estructura de una de las potencias intelectuales de su tiempo, la Alemania de entreguerras, pudo pudrirse hasta el punto en que se pudrió y dar a luz, de entre la porquería, a un Hitler.

Y una de las cosas que Kershaw dice, y de la que me he acordado hoy leyendo el periódico, es que el entramado legal nazi, aparentemente sistemático, se fue volviendo inextricable y contradictorio porque, al final, solo obedecía a una voluntad, la de Hitler, y sus adláteres (a él no le daba la cultura) tachaban partes de las leyes o se dedicaban al recorta-pega-pinta, para que las leyes se adecuaran a la voluntad del Führer y no al revés, de manera que la seguridad jurídica en el Tercer Reich se convirtió en una quimera inalcanzable dada la maraña legislativa y, sobre todo, lo arbitrarios que terminaron siendo los procedimientos de reforma y promulgación de las leyes. A esto se le llamaba „trabajar en la dirección del Führer“

Era inevitable acordarse de esto al leer la sorpresa con la que los expertos han recibido la intención del nuevo „Menistro“ de Justicia austriaco, Josef Moser (ÖVP), de someter el sistema legal austriaco a una drástica dieta.

Según Moser, muy en su papel de Groucho Marx („la parte contratante de la primera parte“ y por ahí) el nuevo Gobierno tiene intención de derogar todas las normas del derecho penal, administrativo y civil que hayan sido promulgadas antes del año dosmil, a no ser, eso sí, que los ministros competentes del ramo de que se trate expresen su deseo de dejar en vigor tales o cuáles párrafos.

Los expertos advierten de que las consecuencias de una idea (de bombero) como esta pueden ser imprevisibles. De hecho, en el año 2000 ya hubo un intento de someter al sistema legal austriaco a un adelgazamiento semejante y se derogaron muchas normas que luego hubo que volver a poner en vigor, porque se vio que eran necesarias.

El nuevo „menistro“ (del que sospecho que hablaremos más en los próximos meses) también tiene intención de derogar la llamada ley de transición de 1920 (!Que sigue en vigor, a pesar de tener casi cien años!). Esta ley es, en la actualidad, una de las claves de bóveda del sistema legal austriaco, porque regula las competencias del Estado Federal y las competencias de los länder y, lo que es más importante, las maneras de resolver los conflictos entre unas y otras. Según las nebulosas intenciones de Moser, parece ser que lo que se pretendería sería un mecanismo que solucionase caso a caso. Cuando Ian Kershaw se entere…

Por cierto, el segundo episodio de 360 around Vienna está ya listo para ser visualizado, calentito calentito… aquí, podrás decirle a Facebook que te encanta y aquí podrás abonarte al canal...

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