Falta de concentración

El caso del Ministro del Interior austriaco, conocido por su singular talento para combinar la poesía y la política, demuestra lo duro que es ser un incomprendido.

11 de Enero.- El otro día leía en un periódico español una semblanza a propósito de Emmanuel Macron.

Decía el articulista y, probablemente, lo decía con razón, que es la primera vez en muchos años que Francia tiene un presidente culto. Para dar pruebas, citaba un discurso que Macron había pronunciado en la colina de la Acrópolis, en el curso del cual, en un momento dado, había aludido al filósofo alemán Hegel. Suponiendo (lo cual es dudoso) que el propio Macron se escriba los discursos que pronuncia, resulta un notable acto de rebeldía citar a Hegel en estos tiempos que corren, tiempos en los que la mayoría de la gente (y no hablemos de los políticos) tiene una conversación que raya peligrosamente en lo desesperante.

Naturalmente, sobresalir es peligroso.

Puede la gente decir (como, de hecho, es probable que lo dijera alguno de los que escuchó el discurso que „echó“ Macron) que el mandatario francés es un pedante. Pudo decirlo la gente, porque la gente es mala y el hombre un lobo para el hombre.

Los que escribimos o ejercemos algún tipo de actividad pública, por humilde que sea, como es mi caso, sabemos que publicar, dar a las imprentas o a las redes o a los YouTubes los propios pensamientos implica que, entre los cientos de personas que acogen nuestras palabras favorablemente, también habrá seguro garbanzos negros. Gente, como dicen en Granada y su provincia, con „mala follá“, dispuesta a agarrar las cosas por donde más queman.

Es destino del hombre público y por lo tanto solamente queda el consabido „ajo y agua“ (para mis lectores de fuera de España, „a joderse y a aguantarse“). Son los gajes del oficio y nada se puede hacer.

En los casos más extremos, para recomponer la maltrecha autoestima de uno, siempre queda pensar que está echándole margaritas a los chanchos.

Este porcino recurso quizá explique la notable paciencia con la que el Ministro del interior austriaco, Herbert Kickl, se está tomando las críticas que le han llovido debido a un espinoso desliz semántico.

De un literato de su talla no se podía esperar menos.

Durante mucho tiempo, Herr Kickl ha sido el autor de los eslóganes electorales con los que el FPÖ ha concurrido a las elecciones. Unos graciosos pareados que demuestran hasta qué punto su talento lírico era capaz de conectar con las capas más sanas del pueblo llano, al conseguir acercar la poesía, normalmente asociada con registros cultos, con los salones y los parnasos inaccesibles, al habla pura de las gentes.

Suyos son por ejemplo „Daham statt Islam“ (Los de casa en vez del Islam) o „Mehr Mut für unser wiener Blut – zu viel Fremdes tut niemanden gut“ (más valentía para nuestra sangre vienesa – demasiados extranjeros no le hacen bien a nadie).

Confío en que dados estos ejemplos pueda el lector paladear la exquisitez, la profundidad del pensamiento del Sr. Kickl el cual, a mi juicio, está pidiendo a gritos teatros más amplios, acordes a la grandeza inconmensurable de su riqueza semántica y espiritual.

Ayer, durante una conferencia de prensa que, cual Macron, „echó“ Herbert Kickl en el Parlamento austriaco para explicar la situación del tema de los refugiados y los cursos de acción que el Gobierno de Strakurz piensa adoptar al respecto, nuestro hombre, al hablar de los campos/campamentos de atención básica (Grundversongungslagern) dijo lo siguiente:

“Es ist nur ein Begriff, diese Grundversorgungszentren, für eine entsprechende Infrastruktur, wo es uns gelingt, diejenigen, die in ein Asylverfahren eintreten, auch entsprechend konzentriert an einem Ort zu halten, weil es unser gemeinsames Interesse sein muss, sehr, sehr schnell zu einem entsprechenden Ergebnis auch zu kommen.”

Traducido:

Es solo un término, este de centros de atención primaria, para la estructura correspondiente, que nos permite tener concentrados en un solo sitio a aquellos que están en un proceso de solicitud de asilo, porque nuestro interés común debe ser llegar a un resultado adecuado muy, muy rápido“.

Habrán reparado mis lectores en lo de tener „concentrados“ a los refugiados (en alemán, esta palabra suena todavía peor que en español, por cierto). En alemán hay muchas alternativas para ese tener a la gente „concentrada“ más que nada porque la concentración remite en el inconsciente colectivo austriaco, a tiempos de horrible recuerdo para cualquier persona civilizada.

Herr Kickl se ha defendido diciendo que no se había dado cuenta de que esta utilizando un término extraño (ups, I did it again) y que la sola idea de que a él (!a él!) se le pudiera pasar por la cabeza una cosa semejante era por sí misma una provocación. Numerosos medios extranjeros se han hecho eco, sin embargo, de la desafortunada elección semántica de Herr Kickl.

Pobre hombre. Ser un literato de su prestigio significa, muchas veces, pasar por la vida siendo un incomprendido.

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