Problemas de credibilidad

Hoy todos los medios austriacos se han hecho eco del caso del candidato a las elecciones de Baja Austria. Él mientras tanto, rehusa ampliar su repertorio musical.

Hoy pongo el vídeo al principio ¿Que no lo has visto? Pues ya estás tardando en echarte unas risas al oirme hablar “en extranjero” (si ya lo has visto, por supuesto, te lo puedes saltar.

24 de Enero.- Hoy, Udo Landbauer, el muchacho que se presenta a las elecciones de Baja Austria por la ultraderecha, trataba de hacer de tripas corazón y enfrentarse con una sonrisa a los fotógrafos y a los representantes de los medios que han ido a ver cómo le habían sentado las revelaciones de Falter y de Profil.

Él estaba trabajando, o sea, intentando convencer a los ciudadanos de Austria la baja de que, este domingo, se tapen la nariz y…Digooo, que le otorguen su confianza. De manera que las preguntas de los plumillas le han importunado no poco. Incluso ha habido un momento en que le ha traicionado el subconsciente. Él niega en todo momento haber cantado las letrillas antisemitas y racistas que constituyen el corpus delicti de quienes le acusan. Confrontado con estas evidencias, ha hablado, como exigía el guión de una „dictadura del pensamiento de izquierdas“ (en fin) y luego ha dicho que no iba a dejar que le redujesen a cantar „Noche de paz“ (con lo cual estaba reconociendo implícitamente muchas cosas: por ejemplo que había cantado antes canciones que no eran tan santas como el villancico austriaco más famoso en todo el mundo).

El presidente VdB ha hecho unas declaraciones en las que expresaba su indignación a propósito de la existencia de personas como las que componen la hermandad Germania y el canciller Kurz ha dicho que le parecía requetebien que la fiscalía general del Estado investigue quién es responsable de las canciones que Landbauer dice no reconocer (a pesar de que, hasta que dejó su membresía en suspensión por su dedicación a la política, fue una persona muy principal en Germania).

Por el momento, sin embargo, Landbauer no piensa dimitir.

Conserva además el apoyo de quien es la autoridad máxima de su partido, el vicecanciller Strache, el cual ha declarado que lo de Landbauer son pecadillos de juventud (muy semejantes a los que cometió él cuando apenas era un alevín y se fotografió en diversas ocasiones saludando con el brazo en alto). Hoy se conoce que Strache ha sentado la cabeza o que, por lo menos, ha aprendido a disimular, o a utilizar códigos más o menos encubiertos, para iniciados. Al fin y al cabo, en el oficio de político, la supervivencia es un arte y Strache, hasta ahora, ha demostrado tener siete vidas.

El caso de Landbauer es el primero, pero es bastante probable que no sea el último.

Gran parte de los cuadros dirigentes del FPÖ pertenecen a estas hermandades de estudiantes y gran parte de estas hermandades de „estudiantes“ ostentan unos valores ultranacionalistas y contrarios a todo lo que tenga que ver con el progresismo (ellos, al progresismo, lo llaman „buenismo“, por cierto). A pesar, por cierto, de que los llamados „Burschenschafter“ representan una parte ínfima de la población de Austria, porque también está el peligro de caer (como cae mucha gente) en la simplificación de pensar que Austria es un país lleno de gente así. Que no es verdad, por spuesto.

De cualquier manera, asuntos como este (y como los que vendrán) ponen al Gobierno austriaco en un serio aprieto, en mi opinión. Las protestas de inocencia de Sebastian Kurz son solo una variación de las propias protestas de Landbauer.

Cualquiera que haya vivido en este país durante el tiempo suficiente como para poder haber leido los periódicos con cierta frecuencia, sabe que las simpatías ultraderechistas del FPÖ, a pesar de las operaciones cosméticas realizadas durante los últimos dos años y las fugas de algunas de las caras más famosas de la vieja guardia (por ejemplo, Barbara Rosenkranz) no son ningún secreto y que los eslóganes del partido, están disparados conscientemente al corazón de los miedos de algunas partes ideologicamente indefensas de la población.

Porque si el FPÖ, como todos los partidos de su clase (los nacionalistas españoles entre ellos), es peligroso por algo es precisamente por apelar a las bajas pasiones de la gente, al miedo a lo distinto, al orgullo de pertenencia a la tribu (pobre orgullo, porque es el orgullo de quienes son conscientes de que no pueden sentirse orgullosos de nada más).

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