Lavando a mano en Austria (2)

En donde Peter Janisch, fotógrafo de Linz, encuentra que en Austria había mucha gente necesitada de consuelo, evasión y sostén y pone manos a la obra (las dos).

Mis lectores pueden ponerse al día leyendo la primera parte de este post aquí.

5 de Febrero.- Peter Janisch, el protagonista de nuestra historia, nació en 1942, esto es, en medio de la segunda guerra mundial. Para cuando el Plan Marshall empezó a darle un poco de alegría a la mustia economía austriaca, allá por los cincuenta, Janisch era un mozalbete que, como todos los mozalbetes, quería comerse el mundo a bocados. Y, más en concreto aquella parte del mundo que tenía que ver con la industria del cine y de la comunicación.

Estudió fotografía en Viena y, a la espera de tener un trabajo fijo, Janisch se curtió en todo tipo de trabajos, pero lo más cerca que llegó a estar del mundo del cine fue una empresa que se dedicaba al tiraje de copias de películas. De cualquier manera, hubiera podido darse con un canto en los dientes, porque en Viena estaba en aquella época el centro de la anémica producción cinematográfica austriaca (dedicada fundamentalmente, como en el resto de Europa, a productos tontainas y con muchos colorines, porque en aquella época la gente iba al cine a anestesiarse, que para ruinas ya tenían los huecos que habían dejado las bombas). Sin embargo, nuestro Peter Janisch tuvo que dejar la capital y marcharse a Linz, ciudad que, en lo que respecta al „chou bísnes“ era en aquella época (como más o menos hoy) un sitio en donde es difícil abrirse camino. Por decirlo con suavidad.

Con su magra experiencia como fotógrafo a las espaldas Janisch se lanzó a escribir en los periódicos que se publicaban en Linz, que venían a ser ediciones provinciales del Bild Zeitung y del recién fundado (o refundado) Kronen Zeitung. O sea, papeluchos.

En estas estaba cuando cayó en sus manos un número de una revistilla alemana „para hombres“ que se llamaba St. Pauli. Como alguna vez nos ha pasado a los que nos dedicamos a esto, Janisch debió de hojearla, fijarse en los artículos penosamente compuestos, en las fotos de matronas destinadas a producir un cuarto de hora de alivio vergonzante y debió de decirse:

-Peter, desengáñate: tú puedes hacer esto muchísimo mejor.

Según declaró en su momento Janisch al periódico que le hizo el reportaje que es el cañamazo de esta serie de posts, su decisión de poner la primera piedra de una castiza productora de pornografía no se debió tanto a su necesidad personal de consuelo, sino a que vio que allí había una oportunidad de hacer dinero. Aunque no se pudiera presumir delante de las visitas a propósito de la procedencia de los Schillings. Vamos: que a él le hubiera dado igual ocho que ochenta con tal de salir de su triste vida de reporter Tribulete. Así pues, Janisch puso manos a la obra (las dos, y no solo una, como harían muchos de sus futuros lectores) y fundó el Nacht-Bote (el Mensajero de Noche).

El primer número salió en 1970 y tan feliz acontecimiento editorial tuvo una primera consecuencia: sus jefes en el Kronen Zeitung ataron cabos y se dieron cuenta de que el Felix Janisch que salía en el periodiquillo como editor era el mismo Peter Janisch que escribía a propósito de gatos que se habían quedado atrapados en los árboles de Linz, y lo despidieron de manera fulminante.

El Nacht-Bote, consuelo de adolescentes, sostén de la vejez de muchos pensionistas con el vigor intacto y escapada de la rutina de muchos casados aburridos, tenía una tirada de 5000 ejemplares los cuales tenían 32 páginas cada uno.Peter Janisch quizá no era consciente, pero se había adelantado en tres años al que, durante mucho tiempo, sería el líder del negocio: Larry Flint, el cual tardaría todavía un trienio en publicar Hustler. En parte por necesidades de materia prima (no debía de ser fácil en aquella época encontrar a muchachas de buen ver que accedieran a mostrar sus encantos) y en parte por un saludable espíritu democrático, mientras en Playboy se restringían a un determinado tipo de mujer (o sea, perfecta y neumática y, por lo mismo, igual de aburrida y plástica que esos apios que se venden en el Billa envasados en bandejas de poriespán) tanto en Hustler como en el Nacht-Bote había mujeres para todos los públicos. O sea, de todas las edades y tipos corporales para que todos los lectores encontraran apoyo suficiente para sus fantasías.

Como le sucedió a Larry Flint en América, también Peter Janisch tuvo que enfrentarse a los cruzados de la moral que se sentían ofendidos por unas fotografías y unos artículos que hoy encontramos tan ingénuos como las pelis porno que producía el bisabuelo de nuestro rey Felipe para su uso personal y el de sus amigos -fundó, el muy truhán, su propia productora, que se llamó, cómo no, Royal Films-.

El némesis de Peter Janisch fue un ultra católico llamado Martin Humer. Entre 1970 y 1974, Humer denunció a Janisch nada más y nada menos que cuarenta y siete veces. Curiosamente, la Iglesia católica austriaca no se solidarizó nunca con Humer, católico particular, ni jamás ha dicho esta boca es mía a propósito ni del Nacht Bote ni de las sucesivas publicaciones de Janisch.

Uno de los problemas a los que Janisch tenía que enfrentarse era que, debido a la moral imperante, básicamente todo lo que fuera más allá de enseñar la foto de dos monjas en misa rezando el rosario era considerado pornografía. La ambigüísima redacción de la Pornographiegesetzt ayudaba también, claro. La desnudez impresa, por sí misma, ya era considerada materia de denuncia, dos mujeres y un hombre (no ya en acción sino solamente en una imagen que pudiera indicar que se iban a poner a la tarea) lo mismo; en España se cuentan muchas anécdotas de la censura en Televisión Española (el famoso chal que había para que Rocío Jurado se tapase el jugoso escote) pero aquí el país entero tardó siglos en quitarse el refajo y en echar un coito con la luz encendida. Y si hablamos del campo hetero, imagínense mis lectores lo que era en el mundo gay. Para aquellos que tengan todavía mitificado este país, les diré que cualquier representación (!Representación!) de la homosexualidad fue delito en Austria nada más y nada menos que hasta 1997 y, por supuesto, estaba equiparada en la ley con la corrupción de menores y el bestialismo. Lo flipas.

(Continuará)

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Un comentario a Lavando a mano en Austria (2)

  1. javi dice:

    Pack, en Billa envasan los puerros, no los apios, con bandeja.

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