Buenas noches, señora

Hay mujeres que las pillas en un momento de su vida que son, más que mujeres, un concepto en sí mismas.

9 de Febrero.- Cualquier idioma tiene expresiones que son intraducibles a los otros. Naturalmente, al final, las lenguas que pertenecen a la misma esfera cultural tienen maneras para decirlo todo, pero los que hablamos más de un idioma aprendemos pronto que traducir significa, con frecuencia, elegir el mal menor.

Los americanos (del norte) han inventado por ejemplo la palabra bitchy (no muy elegante, pero sumamente descriptiva).

Si nos pusieramos celiacos (de Camilo José, no del gluten) podríamos decir que Bitchy así, traducido a la tremenda, podría ser „putilla“ (with pardon).

En inglés, describe ese momento en el que una persona (mujer, en general, aunque esté feo decirlo en los tiempos que corren) se encuentra en modo agresivo pero no lo quiere demostrar. Bien porque sabe que así, con la mera sospecha, su interlocutor estará más acongojado o bien porque ha firmado un contrato para asistir junto a un viejo rijoso de ochenta y cinco años a un baile que le importa lo mismo que la renta percápita de Burkina Fasso, en un país que hace diez días apenas podía ubicar en el mapa y en el que lo más fuerte que hay para meterse es champán Dom Perignon (y para esa mujer, acostumbrada a otras sustancias, el Dom Perignon es como la Casera Cola).

Si a esto se le añade que la mujer en cuestión, en esta tesitura, es perfectamente consciente de ser víctima de la discriminación por edad que ha convertido a la hembra de la especie en un mero estimulante para la secreción de las glándulas salivares de los perversos componentes del heteropatriarcado (y lo que sigue) pillarán perfectamente mis lectores el concepto Bitchy. O sea: que hay situaciones en las que una mujer te daría una hostia bien dada con la mano abierta, pero que se contiene porque es una señora que une, a su ascendencia germánica, el haber sido parte de la realeza de Jólivud desde que su madre la parió.

La mujer de la que hablo (y que, me imagino, no necesita presentación a estas alturas) dio ayer un curso práctico de cómo ser Bitchy cuando una no tiene el Ravel para que le toquen el bolero (no sé si me explico).

Cuando la presentadora de la ORF (otra pobre desgraciada, #shetoo) espídica perdida, con el realizador metiéndole caña por el pinganillo, se puso a hacerle preguntas, nuestra mujer se cruzó de brazos. Poniéndolo fácil, de entrada.

-Buenas noches, señora -”recuerdos a su señor”, que canta Bertín Ohbonne más abajo- he visto que en su cuenta de Instagram tiene puesta su fecha de nacimiento. No muchas mujeres, y más si son estrellas de Jólivud, como usted, se atreverían hoy en día a ponerla, y yo encuentro muy valiente que usted lo haga -venga, vale, va: no es una obra maestra de pregunta y es una forma solapada de “putillismo” llamarla vieja revieja en su faz, pero tampoco…En fin-.

A esto, nuestra Bitchy miró a la periodista de abajo a arriba (como preguntándose por un momento “y tú, gusana, mequetrefa, albañila, bombera torera, esbirra ¿De dónde has salido?” y dijo con esa vocecita que ha engañado a los públicos del mundo:

Díiiiiarr -alargando mucho la i de Díar, cosa que queda todavía más “putilla” si cabe– yo he nacido en jólivud, así que todo el mundo sabe la edad que tengo- que es una respuesta que, si bien se mira, hubiera podido dar la reina de Inglaterra si no fuera (la pobre) como los Miki Maus de Disneyland Paris, a los que les está prohibido hablar.

Nuestra presentadora, que tiene, como suele decirse, el culo más pelao de entrevistar ex toxicómanos que si hubiera hecho cuatro temporadas de Callejeros, inaccesible al desaliento y con eficacia germánica continuó con la entrevista.

-Veo que ha venido usted vestida de negro. En los últimos golden glóubs todas las actrices vinieron también vestidas de negro para solidarizarse con el movimiento mitú ¿Ha venido usted así por eso? -y le plantó el micro en el jeto. La señora Bitchy, por cierto, llevaba un vestido vintage largo, ni negro ni gris -en la tele se veía marengo o antracita- acompañado con un collar grande de piedras rojas que le hubiera envidiado Morticia Adams.

Ante la pregunta de la presentadora, Miss Bitchy hizo un esfuerzo para armarse de paciencia y dijo, lacónica y visiblemente enfadada “no, no tiene nada que ver” (no, it has nothing to do with that).

Como las entrevistas son como las sevillanas y no hay dos sin tres, nuestra presentadora decidió rematar la faena (y a quien casi la rematan fue a ella) y le sacó a Miss Bitchy el tema de su hija, que se llama como el edificio en donde se rodó La Semilla del Diablo y en donde, años después, mataron a Yon Lenon (el pobre). La hija con nombre de edificio neogótico es la protagonista de una película guarrilla basada en un bes séler guarrillo tambien.

-Su hija ha seguido sus pasos en el mundo del espectáculo -ejem- y está teniendo mucho éxito en la peli esta en donde hace como que le pone a mil que la aten a los muebles y le peguen latigazos en el moniméiker– la formulación no fue así exactamente, pero este era el espíritu- ¿Ha visto usted la película?

Aquí, a Miss Bitchy, indignadísima, casi le falla el estoicismo germánico y le mete a la presentadora un revés. Contúvose, sin embargo, y solo dijo:

-Comprenderá usted que siendo la película como es, quedaría raro que yo fuese a verla.

Y se quedó tan ancha.

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