Lavando a mano en Austria (3)

En donde Peter Janisch lucha a brazo partido contra el oscurantismo dominante…Y pierde (aunque solo de momento).

La primera parte de esta sensualísima serie está aquí y la segunda, para que puedas ponerte al día, está aquí.

10 de Febrero.- Entre unas cosas y otras, Peter Janisch, el protagonista de esta serie de artículos, se pasaba el día en los juzgados.

Su némesis, la horma de su zapato, como decíamos en el artículo anterior, era un cruzado de la moral llamado Humer, un ultracatólico que no cesaba de denunciarle. De nada servía que Peter Janisch defendiera, ante el juez, que lo que él hacía era una tarea cercana a la ilustración pública -hombre, como argumento, los había mejores, pero algo tenía que decir el hombre-, los magistrados, demasiadas veces, estaban más de acuerdo con el ultracatólico que con el aperreado editor. Los argumentos de la justicia tenían, por cierto, un tufillo bastante clasista. Por ejemplo: en un momento dado, para intentar sortear la acusación de estar corrompiendo a la juventud y tratar de darle a su revista un barniz „serio“, Peter Janisch decidió publicar un reportaje a propósito de los métodos anticonceptivos. Pues bien: fue denunciado por el persistente Humer, y los jueces le dieron la razón al fundamentalista. Según ellos, el Nacht Bote y otras publicaciones del estilo que pudieran surgir, solo podían tener como público a personas de poca cultura y, naturalmente, personas de medios económicos reducidos. Ningún lector como Dios manda, podía meterle mano (con perdón) a una publicación así, de manera que lo que Peter Janisch había hecho, según los jueces, era utilizar una coartada supuestamente ilustrada para publicar fotos de señoras desnudas. Así que, multa al canto.

La realidad era bien distinta: según muestran los archivos de la publicación, un alto porcentaje de los consumidores de la revista de Janisch eran gente cultivada o, por lo menos, perteneciente a la clase media burguesa. Janisch fue también un pionero en esto: se las arregló para cuidar mucho a los distribuidores de su revista, a sus puntos de venta, de manera que le hicieran encuestas a propósito de cuáles eran los contenidos que más les interesaban a sus lectores.

Pero el peregrinar de proceso en proceso no era la única preocupación de Peter Janisch. Para mantener a flote su publicación tenía que encontrar a mujeres que aceptaran fotografiarse desnudas. Las fotos que hay en internet resultan hoy de una encantadora ingenuidad. En cualquier playa de hoy en día se ve más que entonces en el Nacht Bote. Las mujeres no son en ningún caso modelos profesionales (Janisch se tenía que conformar con lo que tenía más a mano) y, según el editor, procedían de todas las capas de la sociedad.

Otro problema con el que Janisch tenía que enfrentarse eran las limitaciones a la distribución que le imponían los desarrollos regionales de la famosa ley de pornografía. Para intentar burlarlas, el Nacht Bote cambiaba de nombre según el Land austriaco en el que se vendiera. En Alta Austria se llamaba Freier Nacht Bote, pero también el Internationaler Nacht Bote y el Abendbote.

En los años setenta, la ley de pornografia se reformó un tanto para intentar deslindar lo que era pornografía de lo que no lo era (algo tuvo que ver que en el mundo, después de mayo del sesenta y ocho, corrían otros vientos de libertad). A pesar de todo, el Nacht Bote, con todas sus limitaciones, procesos y obstáculos, se hizo económicamente inviable y Peter Janisch tuvo que cerrar la revista.

Sin embargo, tenía un as en la manga.

Los ataques de los fundamentalistas católicos, con Humer a la cabeza, habían tenido el efecto, primero, de reafirmarle en que la guerra que estaba librando trascendía ya los meros negocios y era una lucha por la libertad de la general en un terreno tan íntimo como es el del sexo. Por otro lado, se había hecho un experto en los límites que imponía la ley y, por lo mismo, sabía lo que se podía hacer y lo que no, lo que era legal y lo que no. Así pues, con esta experiencia Peter Janisch fundó una publicación que sigue saliendo todavía hoy: el ÖKM o sea, Das Österreichische Kontaktmagazin. Que era exactamente lo que su título da a entender: una revista de anuncios a través de la cual se terminó formando una red de contactos para personas y parejas liberales (pero liberales de verdad, no de los liberales de Wall Street) con ganas de darle alegría a su cuerpo.Los crónicos problemas económicos de Janisch -sobre todo después de haber tenido que echar el cierre al Nachtbote- hicieron que el nacimiento del ÖKM fuera más bien modesto. El boca-oreja, sin embargo, fue decisivo para el éxito -y, sobre todo, para la estabilidad- del nuevo medio.

(Continuará)

Articulo publicado en Historias de la Historia. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Follow Me