Anacleto agente secreto

Llámeme usted antiguo, pero a mí es que hay transparencias que me escandalizan un montón.

14 de Marzo.- Vivimos en unos tiempos curiosos. Vaya que sí. Pongamos que vive usted en una pequeña, pero confortabilísima república. Diga usted que, en esa República en la que nunca (o casi, gracias a Dios) pasa nada de nada, el Ministro del Interior (que es el jefe de la „punicía“ y de los cuerpos y fuerzas de seguridad) convoca una rueda de prensa. Y que en esa rueda de prensa, va, se pone y dice:

-Miren ustedes, señoras periodistas y señores periodistos -el ministro, aunque hombre de fuertes ideas conservadoras, va también al paso de los tiempos- que haciendo uso de los poderes que la ley me confiere, he destituido al jefe de los servicios secretos.

-¿Lo qué? -preguntan todos los periodistas y los periodistos al unísono.

-Pues lo que acaban de oir ustedes: que he destituido al jefe de los servicios secretos, porque creo que está implicado en una serie de cosas.

-Ya -dice uno de los periodistas cuando consigue cerrar la mui- pero los motivos de esa destitución serán secretos, claramente.

-No, no, qué va, para nada. Pues le he destituido de su cargo por dos cosas: en primer lugar, una muy gorda, que es el llamado asunto „de los pasaportes de Corea la mala“ y por otro lado porque el juez le mandó borrar unos datos y no lo ha hecho.

(¿Corea? ¿La mala?)

Pero la cosa no termina aquí. Acto seguido, recién terminada la rueda de prensa, casi como aquel que dice con las puntas de los bolígrafos aún calientes de frotarse contra el papel de las libretas, aparece el destituido y, como se suele decir en España, se va a „hacer los platós“. O sea, llámeme usted antiguo, pero yo prefería esos tiempos cuando los agentes secretos se reconocían en que, cuando se encontraban, llevaban sendos claveles reventones entre los dientes para reconocerse, o cuando tenían nombres en clave. A mí, ciertas transparencias, la verdad, me parecen un exceso.

El Ministro, se llama Kickl (partido derécher, claro) y el destituido se llama Peter Grindling. El caso y sus ramificaciones por ejemplo, el registro policial en la sede del organismo que dirigía Kickl (la llamada Oficina Federal para la protección del Ordenamiento y contra el Terrorismo, BVT por sus siglas en esta lengua extraña) registro del que parece que estaba enterado todo el mundo -lógico, si no, vaya porquería de servicio secreto- ha levantado una verdadera tormenta política en Austria.

Grindling, que llevaba en el cargo desde 2008, dice que a él que le registren, que él piensa que no ha hecho nada, que los tres pasaportes de Corea (la mala) que le pasó a Corea (la buena) no fueron para que Corea (la buena) infiltrase agentes en Corea (la mala) sino que se los dio porque los coreanos (buenos) querían saber cómo hacían los pasaportes los coreanos (malos) -mi pregunta, a todo esto es ¿Por qué porras la casa de la moneda austriaca producía pasaportes para Corea la mala?

Los medios de tendencias progresistas dicen que todo se trata de un movimiento parecido a las anotaciones que Franco ponía al margen de algunas de las condenas de muerte que firmaba, la famosa G.P. (que quería decir „Garrote y prensa“ esto es, ejecutar al reo y hacer mucho ruido con la ejecución para que sirviera de escarmiento). Según los medios y los políticos progresistas la destitución de Grindling sería una manera de librarse de un personaje molesto (es conocida la obsesión del partido derecher por el espionaje y la paranoia de que puedan estarles espiando). La destitución de Grindling sería, por lo tanto, una manera de colocar en su sitio a un personaje afín.

En cuanto a los medios conservadores, se puede ver lo afines que son al partido derécher en la medida en que le dan bola al Ministro del Interior. Lo que está bastante claro o parece estarlo, es que el partido cortico no comulga demasiado con los métodos, algo escandalosos, muy como de película ochentera de tiros (Límite 48 horas y así) de sus compañeros de Gobierno. Pero, por supuesto, estas supuestas incomodidades no salen de donde no tienen que salir. De puertas para afuera, se impone la táctica Pantoja (ya se sabe: dientes, dientes, que es lo que les jode).

Aquí no pasa nada y todos somos felicísimos gobernando este gran país. O así.

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