Austria es un país seguro (o casi)

Buenas noticias. Austria es un país segurísimo en donde se cometen cada vez menos delitos. Solo hay una especialidad que aumenta. Adivina cuál es.

22 de Marzo.- Unos días antes de que yo empezara a ir a la escuela, estábamos mi padre y yo (no sé por qué, el secreto se me ha perdido) en el vestíbulo de la estación de metro de Plaza de Castilla (es curioso lo que es el recuerdo; podría dibujar aquel vestíbulo, con las pesadas puertas de hierro forjado y los azujelos). En aquel entonces (septiembre de 1980, debía de ser), la Plaza de Castilla era el límite norte, polvoriento y subdesarrollado de la ciudad de Madrid. El metro terminaba allí, y empezaba el agreste arrabal.

En la plaza de Castilla se cogían en aquel momento unos autobuses asmáticos, con los asientos de cuero verde y los interiores pintados de naranja (eran los setenta) parecidos a los que muchos años más tarde he utilizado yo mismo para viajar por Kiev. En aquel momento, España era Ucrania. A los autobuses se entraba después de pagarle el billete a un caballero que llevaba un uniforme (¿Podría ser gris rata?) y una fascinante bolsa de cuero marrón.

Recuerdo que aquel día le pregunté a mi padre que por qué había que ir al colegio. Mi padre empezó a decirme no sé qué cosas de aprender a leer, de aprender a escribir, que si de los números…Y yo le debí de preguntar que para qué servía aquello. La respuesta que me dio mi padre no se me olvidará mientras viva.

Me señaló a la gente y me dijo que, si un día me perdía y no sabía llegar a casa, que igual tendría que preguntarle a alguien el camino para volver. Y entonces me preguntó que cómo iba yo a saber si la persona que me indicara no me había engañado. Entonces me explicó que en los carteles estaban escritos los caminos y terminó diciendo:

-Para eso hay que aprender a leer. Para que no te engañen.

Creo que con lo de la mecanografía y los idiomas, ha sido el consejo más útil que me ha dado nadie en la vida.

Hoy, leyendo las noticias a propósito de las cifras de criminalidad en Austria he pensado dos cosas: en primer lugar, que son una tragedia para cierta mierdiprensa, que vive de meterle miedo a las ancianas (y a los que no lo son, pero que tienen mente de vieja) diciendo que Austria es una jungla poblada por perversos extranjeros (generalmente de religión mahometana) que viven de darle tirones a los bolsos (decíamos ayer) para luego gastárselo en pastillas y cigarros de la risa.

Según las estadísticas policiales, Austria es tan segura hoy por hoy como en los años setenta, una época que, para la mayoría de las personas mayores que viven en este país representa una arcadia feliz en la que se podía ir por la calle con un billete de quinientos euros entre los dientes y nadie te daba un tirón de él y salía corriendo. Todas las modalidades delictivas se baten en retirada, salvo las heridas con arma punzante (la navaja, hoy como en mi infancia madrileña de los ochenta, es el arma de los económicamente débiles) y las basadas en el nuevo analfabetismo: o sea, el que nos lleva a entrar en páginas web que son como esos desconocidos con presuntas malas intenciones contra los que mi padre me prevenía (indirectamente) cuando yo era pequeño.

Hoy por hoy, las grandes empresas (Facebook, Google, Amazon) son instrumentos de delito que utilizan la credulidad y la confianza en los desconocidos que, por fuerza, está obligado a tener aquel que, como me pasaba a mí de niño, no domina la tecnología neceasaria para funcionar de igual a igual.

Así, mientras que en Austria bajan, en general, todos los delitos digamos „predigitales“ suben en cambio aquellos que explotan ese desequilibrio del que yo hablaba más arriba. Timos de toda especie contra los que solo se puede luchar formando a la gente para que abandonen el analfabetismo tecnológico y aprendan a desconfiar.

Los gigantes tecnológicos no solo se aprovechan de nuestros datos. Como han demostrado los escándalos recientes y las inaceptables intromisiones de avispados delincuentes tecnológicos en nuestras democracias (las elecciones de Estados Unidos, el fomento interesado del independentismo de la región española de Cataluña) nos queda muchísimo por aprender, pero hay una cosa que podemos ir haciendo ya: ponernos delante del ordenador con el sentido crítico encendido, poniendo en duda las cosas que salen por la pantalla. Nuestra actitud, si queremos vivir protegidos y seguros, no puede ser ya la inocencia.

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