Póker de reinas (y archiduquesas)

Suegras, nueras y coronas. En todas partes cuecen habas y no siempre la cosa es lo que parece. Que se lo digan a Sissi.

4 de Abril- Como no soy nada original, me pasa como a medio mundo, que soy muy fan de la serie The Crown. La lista de las virtudes que le veo es muy larga, pero la principal es que trata de presentar a la reina de los ingleses como a una mujer media y, en ciertos aspectos, hasta mediocre.

Forradísima. Con castillos. Con caballos (algunos, en su familia, de tanto estar con los equinos, tienen incluso cara de ídem). Con la Orden de la Jarretera y Land Rovers que la llevan y la traen cuando le apetece cazar venados. Pero una señora normal, de su tiempo y con la mentalidad de la clase media de su tiempo. Una señora que no solo tiene una cultura general tirando a escasa, sino que demuestra que se puede hacer perfectamente su trabajo sin tenerla tampoco. De hecho, la gran lección de la serie quizá sea que para hacer lo que hace la Reina Isabel lo mejor es ser una persona lo más del montón que se pueda. Hablar poco y mirar mucho. Actuar siempre, aunque uno se equivoque al hacerlo, guiado por el sentido común.

The Crown no es la vida de ninguna santa aunque es una serie, es innegable, que está hecha desde el amor y la admiración que los ingleses tienen por su soberana.

Los guionistas incluso se permiten el reirse de su personaje. Desde el cariño, pero la verdad es que se ríen de una manera que, en España, la monarquía que más cerca me pilla, sería completamente imposible. En gran parte porque la reina Isabel es tan indiscutible que se puede permitir cierto cachondeo.También el sentido común de la reina gana por contraste con los otros personajes de la serie. Con los que quieren ser y se creen especiales y „moelnos“, pero no son más que pijos demasiado convencidos de su propia importancia. Con la hermana borrachuza y algo putón, en el fondo una señora que, como en la canción de Sabina, suspira y fantasea con que la piropea un albañil. Con el marido que pone a prueba constantemente su flema inglesa (la de la Reina) a base de irse por ahí con cualquier pelandrusca que se le ponga a tiro (y, por lo que parece, había muchas que se ponían). Un tío que, al natural, debe de ser una persona de esas con las que, en condiciones normales, no saldrías ni a la esquina de tu calle a comprar cien gramos de jamón de York (conque como para casarse con él). En fin.

En cualquier caso, una de las cosas contra las que la Reina Isabel no tuvo que luchar fue contra una suegra. Y es que una suegra, si te sale con el colmillo retorcido, puede hacer mucho la puñeta.

La de la Reina Isabel no estaba muy en sus cabales parece ser y terminó recluida en una institución.

Esta dicotomía suegra-nuera da mucho juego en las monarquías.

Lo hemos visto (los españoles, pero también los austriacos, porque ha salido también aquí en los medios) en el caso de la familia real española. Al terminar la misa de pascua en la catedral de Palma de Mallorca, la parte más presentable de la Familia Real se encaminó a la puerta del templo para que los periodistas pudieran hacerles fotos. La reina madre (qué cursilería tan insuperable eso de llamarla reina emérita) quiso hacer ver que también se lleva fenomenal con sus nietas, la princesa heredera y la hermana de la princesa heredera. La Reina en ejercicio, al ver lo que se cocía, se puso delante de las cámaras y luego se produjo un momento de alta tensión ambiental en donde, por lo que parece, incluso el Rey Nuestro Señor, que debe de ser un santo varón, puesto en ese brete que es el de estar entre la espada de la esposa y la pared de la madre, intentó que se comportaran y no dieran espectáculos. La princesa heredera, de bastantes malos modos, se zafó de la abuela sobona (¿No nos ha pasado eso de niños a todos, alguna vez? Cuando le falte su abuela, llorará, la pobre niña, pero ahora, como todos los críos, piensa que su abuela es eterna). Alguien lo grabó con un telefonino, lo subió a la red y pimba. Ya tenía todo el mundo la prueba de que suegra y nuera no se pueden ver ni en pintura.

A pesar de lo que pueda parecer, como yo soy adicto a The Crown, yo no pienso que la Reina Letizia y su suegra se lleven malamente sino que hay información que no conocemos. De la Reina Sofía poco se sabe, salvo lo que dijo de ella su santo (que cuando podía parece que era un poco como el de la reina Isabel). Aquello de que „es una profesional“ y luego, el libro este que le hizo a medida Pilar Urbano, una biógrafa que escribe que es una divinidad, pero que uno sospecha que nunca deja que la verdad le estropee una buena historia. El resto, es una incógnita. Cualquiera sabe lo que pasa en los jardines de Palacio cuando no hay cámaras. Y luego que los niños a veces echan a los adultos a pelear. Pasa en todas las familias.

Lo malo es que, cuando pasa en las familias reales, estas pelusas tienen más eco y luego hay dramaturgos que se forran escribiendo obras de teatro y guiones que molan, pero que suelen ser mentira (como quizá The Crown). Los que vivimos en Austria tenemos un ejemplo claro. Si uno tomase las películas de Sissi por lo que NO son, o sea, por Historia podría pensar que la emperatriz Elisabeth era un angelito y que su suegra, la archiduquesa Sofía, era una de esas mujeres a las que solo falta la escoba y una verruga en la punta de la nariz. Pues en realidad la cosa no fue así.

Sissi, en realidad, estaba fatal de la cabeza -como gran parte de su parentela, por cierto, algún día tengo que hacer un post de toda la gente de la familia esa que acabó loca o ya lo estaba desde temprana edad- e incluso parece ser que, dentro de estar fatal de lo suyo, y dentro de lo posible en aquella funeraria que era la corte del emperador Paco Pepe, Sissi y su suegra tuvieron una relación bastante amable . Sissi, por ejemplo, no podía soportar a los niños y se desentendió en cuanto pudo de la crianza de sus hijas (ella lo que quería era que la dejaran tranquila y los niños dan mucho la tabarra) y parece ser que fue su suegra la que vigiló de cerca que las archiduquesas se comieran los chococrispis o se lavasen detrás de las orejas (naturalmente, siendo en aquella casa tan beatos como eran, también se encargó de que rezaran sus oraciones).

Y así se lo pagaron los peliculeros, haciéndola bailar con el papel más feo. Desagradecidos.

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Un comentario a Póker de reinas (y archiduquesas)

  1. victoria dice:

    No he visto The Crown así que no puedo opinar sobre la serie, ni que visión de la Realeza transmite, pero sí que te puedo decir que, bajo mi humilde opinión, la imagen que ha dado la Familia Real, y en especial la Reina Letizia ha sido bastante penosa. Un amigo mío, nacido y criado en un humilde pueblo de León opinaba que, como abuelo, no le entraba en la cabeza que su nuera y su hijo pudieran apartarle de su nieto, despreciarle en público (o en privado) y maltratarle a él y a su mujer de semejante manera. Como reina Leticia ha tenido un comportamiento inadecuado. Como persona, nefasto. Y creo que, igual que hace años hizo su suegro, debería de decir aquello de “lo siento, me he equivocado, pido perdón”.
    Todos, cuando nos equivocamos, que son muchas veces, porque somos humanos, deberíamos hacerlo también, porque eso siempre nos convertirá en mejores personas. Pero, dudo mucho que Leticia lo haga. Es demasiado soberbia.

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