Cien días “mandatando”

Ayer el canciller Kurz fue a la tele a vender sus primeros cien días « mandatando ». Sus votantes le encontraron muy convincente, seguramente.

5 de abril.- El Gobierno de EPR, en la persona de su canciller y su vicecanciller está envuelto en lo que suele llamarse una « ofensiva mediática ». Objetivo : vender los logros de los cien primeros días que llevan « mandatando », que es lo que hacen los mandatarios, como todo el mundo sabe.

Curiosamente (o quizá no tanto) dicha ofensiva mediática no se ha producido en la cadena pública, sino que su natural modestia (la de Strakurz) les ha llevado a vender hacer los platós por las cadenas privadas, en donde, naturalmente, tienen más poder de negociación para asegurarse de que su mensaje llegue. De modo que, ayer por la tarde, el canciller hizo doblete. En Puls 4, en un programa con Corinna Milborn, y luego en Servus TV. Puls 4 es una cadena de televisión que todos podríamos hacer en el salón de nuestra casa (modestia de medios) y Milborn trató de compensar esa modestia tratando de poner al canciller en un brete.

Uno de los hoteles más famosos de Austria está en Salzkammergut y se llama Im Weissen Rösl (El caballito Blanco). Dicho hotel es el epítome de la austrianidad, en gran parte porque hay una opereta muy famosa (y varias veces llevada al cine) que sucede en él –sale hasta el emperador Paco Pepe-. El propietario de tan próspero negocio es un hombre mayor que ayer se presentó en el plató de Puls 4 vestido de trachten, o sea, que no era posible confundirle con ningún revolucionario rojales. Y con él se trajo a un refugiado afgano (también vestido de trachten) del que dijo maravillas mil y una. Que si había aprendido alemán él solo, que si estaba integrado, que si le hacía falta en su empresa, y tal y tal.

El refugiado afgano había recibido una orden de repatriación (?) y el dueño del Caballito Blanco no podía entenderlo. Le había escrito una carta a Kurz (Kurz lo sabía, porque obviamente le habían informado del asunto desde la dirección del programa, no porque tuviera una memoria colosal) y Kurz, en el plató de Puls 4 recitó la lección que lleva bien aprendida. Esto es : que si al afgano le iban a dar el pasaporte era porque los funcionarios de inmigración no habían juzgado que en su país estuviera perseguido por nada. Que una cosa era dar refugio y otra trabajo, y que no había que confundir una cosa con la otra. Que lo sentía en el alma, pero que la ley era igual para todos. Y, retorciendo el argumento todo lo posible, djo que estaba muy bien que en Austria hubiera aprendido tantas cosas y tan útiles, porque así podría levantar Afganistán con la experiencia adquirida ( !!!).

A pesar del soniquete machacón y algo nasal –las personas que le entrenan deberían tratar de mejorar esto, porque escuchar a Kurz más de un cuarto de hora seguido levanta dolor de cabeza- hay que reconocer que el canciller estuvo bastante convincente, apelando a un argumento al que sus votantes son muy sensibles. O sea Dura Lex sed Lex (aunque la ley sea dura, es la ley). El hostelero intentó ponerle delante el modelo alemán (mucho más juicioso, en mi opinión) por el cual si un demandante de asilo se ha integrado y realiza un trabajo que los nacionales no puedan hacer, recibe permiso para quedarse, de manera que la inversión que el Estado ha hecho en formarle no se tira por la ventana. Aquí, el canciller Kurz –más nasal y más soniqueteante que nunca- informó al hostelero de que él estaba en contra de este modelo (a pesar de haber sido puesto en práctica por un Gobierno que preside alguien tan poco sospechoso de rojerío como Angela Merkel) y que lo de la integración no lo veía claro, entendiéndose entre líneas que eso de integrar a diestro y siniestro era una idea que a él le olía a socialdemocracia y por lo tanto a azufre.

Viendo que ahí no había más que rascar, Corinna Milborn le preguntó al canciller por la seguridad y la criminalidad en Austria. A pesar de que, según las propias estadísticas del Gobierno (y lo que se ve por la calle) Austria es un país tan seguro como hace cuarenta años, el canciller insistió en que la llegada masiva de refugiados (no quiero mentir, pero yo juraría que utilizó la palabra invasión) había hecho que la criminalidad aumentase (naturalmente, los austriacos son muy buenecitos y aquí solo hay criminales de importación). Llegados a este punto, me perdonarán mis lectores pero se me acabó el deber profesional. Cambié de canal y me puse una peli vieja. Uno está mayor.

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