El humor en los tiempos del cólera

El humor siempre es un medio de defensa. A lo largo de las épocas, la gente lo ha usado siempre. En el tercer Reich, también.

6 de Abril.- A veces, los temas para este blog surgen de donde menos se espera.

Di que estaba yo explicándole a mi madre lo de Pokemon (AKA Ex President de la Gereralitat) cuando ha salido, no sé por qué, el tema de los chistes de Franco. Para aquellos que ya no cumplimos los cuarenta, los chistes de Franco fueron aún un género bastante popular en nuestra infancia.

Los contaba todo el mundo y eran tan corrientes que incluso llegaron a oidos del propio Franco. En una de las famosas recepciones anuales que, con motivo del aniversario del golpe de estado que le llevó al poder, se daban en el Palacio de la Granja, incluso le pidió a Nati Mistral, una de las artistas más inocentemente franquistas (si es que eso es posible) que hubo en España, que le contara uno de aquellos chistes tan picantes que no faltaba en ninguna reunión de amigos de la época.

La Mistral se resistió un poco pero, al final cedió (supongo que mientras se le ocurría algún chiste que no la hiciera dar con sus huesos en Yeserías) y he aquí el chiste que contó:

-Esto que va Franco de visita a una provincia y le recibe el Gobernador Civil. Un falangista de los de la primera hora. Camisa vieja, como se les llamaba. Como siempre pasa en estas cosas, el Gobernador civil le lleva de visita por lo más famoso de la provincia. Y en cada parada „Don Claudio esto“ por aquí y „Don Claudio aquello“ por allá. Tanto se prolonga la situación que al final, Franco, le pregunta al respetuoso falangista: „pero oiga, camarada Sinsoles ¿No sabe usted cómo me llamo yo?“ y el otro: „Naturalmente, excelencia“; y Franco: „Y entonces ¿Por qué diantres me llama todo el rato Don Claudio“ y el hombre, avergonzadísimo: „Ay, excelencia, porque no tengo confianza como para llamarle „Claudillo“, como todo el mundo“.

En estas me he dado cuenta de que, si hubo chistes de Franco, tuvo que haberlos por fuerza de Hitler, así que me he puesto a buscar chistes de la época nazi por internet, y he encontrado algunos. No han sobrevivido muchos, porque el nazismo se gastaba pocas bromas. Sin embargo, he aquí una selección.

-Esto que Hitler está visitando un manicomio. Pone a los locos en fila -vaya, a aquellos pobres que sobrevivieron a los programas de exterminio- y va pasándoles revista. Todos los locos sin excepción saludan „Heil Hitler!“, hasta que al llegar al último, se hace un silencio, hasta que Hitler pregunta: „Y usted ¿Qué pasa, que no me saluda?“ a lo que el tipo responde: „Yo soy el celador ¿Qué se cree usted, que estoy majara también?“.

Otro:

-¿Qué características tiene el alemán de raza aria? Fácil, responde el otro: rubio como Hitler, alto como Goebbels y delgado como Göring.

Otro:

-Saben aquel que diú que a un tipo le arresta la Gestapo? Despues de pegarle dos meneos con las porras de goma le preguntan al pobre diablo: „¿Tiene usted armas en su poder?“ a lo que el pobre tipo, acongojado, responde: „Y eso? Maldita la falta que le hacen aquí a nadie ningunas armas“.

Este hay que leerlo bien, porque se pierde el sentido:

-Dice que va Hitler en su cochazo oficial y el chófer atropella a un cerdo. El Führer, „enführercido“, manda al chófer a ver al granjero al que pertenecía el guarro. Pasa media hora. Pasa una hora. Pasan dos. Pasan tres y, cuando está ya oscurecido, el chófer regresa borracho como una cuba. Hitler, hecho „un obelisco“ le pregunta: ¿Y bien? Me puede usted decir qué ha pasado? Y el chofer le contesta: „Muy sencillo, mein Führer, he ido a la granja y he dicho „Heil, Htiler, el cerdo, está muerto“ Y claro, me han invitado (he puesto las comas para conservar el punto en alemán).

El último lo pongo en alemán, porque no se puede traducir al español:

Treffen sich ein Internist und ein Psychiater. Der Psychiater grüßt: „Heil Hitler!“ Darauf der Internist: „Heil Du ihn! Du bist doch der Irrenarzt!“

Articulo publicado en Historias de la Historia. Guarda el enlace permanente.

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