El muerdo (digooo el beso)

Hoy es el día mundial del beso y el más famoso de todos se guarda, fijate que casualidad, en Viena. Concretamente en el Belvedere. Le echamos un vistazo.

13 de Abril.- Todos los que, en algún momento de nuestra vida hemos fotografiado modelos (o gente en general) hemos pasado por la experiencia de decirles:

-Ponte de esta manera, así o asá. Sé que es una postura muy idiota, que nadie se pondría así por la calle, pero en foto te puedo asegurar que queda fenomenal.

A la luz de la obra de Klimt, uno se puede imaginar que el pintor austriaco debió de decirlo más de una vez.

Hoy, es el día internacional del beso y, naturalmente, el beso más famoso de toda la Historia del arte, está guardado en Viena. Concretamente en la que fue la keli del Príncipe Eugenio de Saboya (¿El príncipe Saboya? Bueno, si le pega usted muy fuerte…). Sé que es malo, pero es que no me he podido resistir.

Miles de turistas todos los años peregrinan hasta el Belvedere para ver esta obra, hasta el punto de que el museo ha instalado una copia a tamaño natural para que aquellos que así lo deseen puedan sacarse autorretratos con los telefoninos sin fastidiar la obra de arte. Porque sí, no es una leyenda urbana: los flashes de las cámaras se cargan los colores de las pinturas, así que si no quieren mis lectores ser cómplices en la destrucción del patrimonio, sean buenos.

En fin: el Beso. El famoso cuadro fue pintado por Gustav Klimt en su llamado periodo dorado (parece una especialidad erótica), o sea, entre 1907 y 1908 y desde entonces está en el Belvedere. La tela, de respetables proporciones (1,80 de lado) es de formato cuadrado y representa a un hombre y a una mujer en actitud amorosa (de hecho, originalmente el cuadro no se llamaba „el beso“ sino „Liebespaar“ -la pareja de enamorados-). A pesar de que resulta obvio que se quieren cantidad, los pobres están en una postura que a nadie se le ocurriría adoptar en la vida real (más que nada porque agarraría una tortícolis brutal).

Además de la propia tela, y de pinturas al óleo, Klimt utilizó láminas de oro y de estaño, como había visto en los mosaicos bizantinos que había podido observar en un viaje por Italia, concretamente en la iglesia de San Vital de Rávena (hermosísimo templo que recomiendo a mis lectores que visiten).

La mujer está arrodillada sobre un lecho de flores y recibe un beso de un hombre, que está de pie junto a ella. Su postura y la aparición de las flores ha llevado a alguna gente a pensar que se trata de una representación del momento en el que Apolo besa a Dafne y la convierte en una mata de laurel -mala milk que tenía Apolo-. En cualquier caso hay algo en las proporciones de las personas del cuadro que resultaría, en la vida real, un poco desequilibrado, porque para que las caras de la mujer y del hombre se encuentren en el centro de la composición ella tendría que ser muchísimo más alta que él (de hecho ella es muchísimo más grande que él).

El hombre lleva una túnica, no muy distinta de aquellas ropas con las que aparece Klimt en las fotos de la época y ello ha dado pie a pensar que se trate de un autorretrato -idealizado- del propio Klimt y de su novia de muchos años, Emilie Flöge, que fue una destacadísima diseñadora de modas y empresaria, que sobrevivió a Klimt hasta después de la segunda guerra mundial. No se puede saber por la documentación disponible. Hay gente que dice que es otra modelo de Klimt, la que le sirvió para pintar su conocido (y muy erótico) cuadro que refleja a Danae pasándoselo de miedo mientras Zeus desciende sobre ella convertido en una juguetona lluvia de monedas de oro.

La composición que ignora intencionadamente la perspectiva, se encuentra recortada contra un fondo dorado , que puede ser interpretado como un cielo cuajado de estrellas.

Klimt era un pintor polémico, por su vida privada (era notorio que le gustaban más las señoras que comer con los dedos) como por la temática de sus pinturas, que frecuentemente incluían desnudos. Generalmente sus obras producían considerable escándalo. No así El Beso, que desde el principio estuvo destinado a convertirse en tapa para cajas de bombones, en puzle de diezmil piezas y a aparecer, casi de manera infaltable, en cada capítulo de Liebesgeschichten und Heiratsachen (en muchas casas austriacas cuelga una reproducción). Esta popularidad probablemente se debió a que los protagonistas de El Beso salen bastante tapaditos y el beso en cuestión es un casto beso en la mejilla (que ya se sabe que la austriaca, cuando besa, es que besa de verdad y a ninguna le interesa besar con frivolidad).

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