Un prado con vacas

A veces, sobre todo tratándose de internet, el remedio puede ser muchísimo peor que la enfermedad. Pasen y vean de lo que hoy se ríe Austria.

17 de Abril.- El llamado efecto Barbra Streisand consiste en que los esfuerzos que uno hace para ocultar algo en internet tienen como consecuencia que uno llama todavía más la atención sobre esa cosa que uno quiere ocultar, con lo cual termina siendo peor el remedio que la enfermedad.

Suele ser producto de una reacción de pánico y eso es lo que parece que le ha pasado al equipo de relaciones públicas del presidente de Vorarlberg, señor Markus Wallner.

Di que Sebastain Kurz, el canciller más mozo de la Unión, viajó estos días a Vorarlberg para visitar a su compiyogui de partido. Di que, en un receso de los importantes negocios que tenían que tratar, Wallner invitó al jefe a comer. Fue, por la foto que se ha publicado despues, en un restorán no demasiado caro, al objeto de que el sufrido electorado no pueda llevarse la desagradable (y desacertada, seguramente) impresión de que el canciller más mozo de la Unión se gasta el dinero del contribuyente en caviar beluga.

Para ser francos, el establecimiento tenía bastante pinta de ser uno de esos bares de carretera en donde paran a recuperar fuerzas los camioneros. Sin señoritas que bailen en ninguna barra vertical ni nada, que el canciller más mozo de la Unión no solo está felizmente comprometido (con su novia) sino que es un caballero demócrata cristiano. En cualquier caso, uno de esos locales en donde sirven viandas contundentes e hipercalóricas, aptas para guerreros del asfalto poco preocupados porque el colesterol pueda atascarles las arterias. Uno de esos lugares en donde las cosas que uno ve escritas en las puertas de los servicios de caballeros tienen potencial explosivo suficiente como para hacer enrojecer hasta las orejas al canciller más mozo de la Unión (aquí, algún lector podría esperar que yo hiciera un chiste a propósito de la superficie de los pabellones auditivos del canciller más mozo de la Unión y de la ingente cantidad de flujo sanguíneo necesaria para hacerlos enrojecer totalmente, pero como este es un blog serio, lo dejaremos pasar).

En fin: naturalmente, para que estos pormenores lleguen al público, ávido siempre de saber qué porras hacen los políticos con su tiempo, hace falta que haya un trabajador que, equipado con una cámara -o, en su defecto, con un telefonino- inmortalice el momento. Contemplemos la escena. Dice el propio:

-Y ahora, Herr Cortico, Herr Wallner, hagan ustedes como si estuvieran hablando de una cosa supermegaimportante e hipervital para el futuro del planeta o de EPR.

-¿Cómo qué? -pregunta Herr Cortico.

El propio, apurado:

-Imagínese que es el capitán América -el propio está perfectamente al tanto de los gustos culturales del canciller.

Obedeciendo a este mandato, el canciller frunció el ceño -gesto que suele hacer cuando le conviene que la gente piense que se haya sumido en una intensa actividad intelectual– y el presidente de Vorarlberg hizo como que escuchaba muy atentamente, como que se bebía sus palabras sagradas. El propio, disparó la foto. El propio, acto seguido, observó en la pantalla que todo estaba bien pero, por siaca, dijo „vamos a hacer otra, por seguridad“ (!Ay, esos regustos de la fotografía analógica!). El jefe de Vorarlberg volvió a poner el gesto que debió de tener San Pedro cuando se le apareció Jesucristo tras la resurrección y el canciller volvió a fruncir el ceño (no tiene un gran repertorio gestual). Tras el disparo de esta segunda instantánea, quedó todo el mundo contento.

-Y ahora, dijo el canciller, vámonos de esta mierda de sitio, que ya hemos enseñado nuestra fachada de austeridad -el canciller, cuando no hay cámaras ni grabadoras a mano, se permite descansar un poco de la púrpura del poder- di tú dónde, que conoces la zona.

El propio entendió el mensaje y marchóse a la oficina de relaciones públicas.

-¿Qué traes ahí? -le preguntaron sus compañeros.

-Una foto del jefe y del orejas -este tipo de comentarios jocosos que se oyen en todas las oficinas, ya saben mis lectores.

-Ponla en el Feis y luego nos tomamos un café.

-Pagas tú esta vez, eh? Que te estiras menos que la intención de voto de los verdes.

Aquí, un exabrupto de esos que aumentan lo que una compañera mía del teatro llamaba „solidaridad de p*lla“.

Di que se están tomando el café los dos fámulos, tras publicar la foto „en sus redes sociales“, cuando de pronto suena el telefonino.

-Dígame, Herr Wallner. A sus pies Herr Wallner…Ups…Buenas tardes, Frau Rottenmeier.

Al otro lado de la línea se oyen los rugidos de la secretaria del presidente del land confederado de Vorarlberg, que está hecha una tigresa. El fámulo de la cámara -o, en su defecto, del telefonino- se va poniendo pálido. Cuando cuelga, se va sin pagar el café (por enésima vez).

Al ver la fotografía publicada en internet, alguien se ha dado cuenta de que, justo detrás de la cabeza de Sebastian Kurz, también se ve una cuadro de una persona fumándose un porro de proporciones descomunales. Problema gordo: la foto está ya publicada.

El fámulo a una amable, joven y pizpireta praktikantin, recién salida de la academia del ÖVP para praktikantins pizpiretas:

-Hanelore, guapa ¿Tú sabes de photochós de ese, no?

-Bueno, ossea, sí.

Total, que Hanelore busca en google la imagen de un prado con vacas y, larga y activa, o sea, ni corta ni perezosa, y aplicando sus conocimientos de Photoshop sustituye a la persona fumándose un porro de grandes dimensiones, por una estampa alpina.

-Qué bien te ha quedao, Hanelore.

-Gracias, jefe, ossea.

-¿Tú crees que se habrá enterado alguien?

-No, yo creo que no. Ossea ¿No?

Eso se creían ellos. Inmediatamente, ha empezado el choteo en internet. Montajes con todo tipo de imagenes para sustituir a la del porro descomunal han florecido por la red. El ridículo del canciller es mayúsculo.

¿Habrá conservado Hannelore el puesto de Praktikantin?

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