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Los relevos son siempre peligrosos, en todos los trabajos. En política también. Llegará hoy el lector al final y leerá una cosa que jamás hubiera pensado.

4 de mayo.- Todo el que haya observado con un poco de atención cómo funciona la tele y la radio sabe que los relevos son peligrosos. Los espectadores somos por lo general personas de hábitos. Nos acostumbramos a una cara, nos acostumbramos a una voz, cogemos la posturita y de ahí ya no hay quien nos saque.

En la política es un poco igual. El éxito supremo de un político es el de convertirse en lo que, en marketing, se llama un « commodity » o sea, en esa cosa que forma parte del paisaje de nuestra vida (aunque no sepamos muy bien si nos resulta útil o no) y sin la que, por hache o por bé, terminamos por no saber vivir.

En estos días se va a producir uno de esos relevos peligrosos. El alcalde de LCDEPR (o sea La Capital de Esta Pequeña República) se va a jubilar del cargo después de casi un cuarto de siglo de escuchar cómo amigos y enemigos hacen las mismas bromas que debieron de gastarle a José Bonaparte. Al contrario de lo que pasaba con uno de los reyes más sensatos que hemos tenido los españoles, que era además abstemio, Michael Haupl se déjà fotografiar de vez en cuando con una copita en la mano, procurando que se note bien esa actitud campechana y desenvuelta del pollero que se refriega las manos en el mandil antes de preguntarle a la próxima clienta si muslo o pechuga. Es probable que durante los próximos meses, a los vieneses nos pase como cuando el papa Juampa dos palitos se murió; el siguiente señor que apareció vestido de blanco en el balcón de la basílica de San Pedro nos pareció a todos un viejecillo disfrazado y tuvo que llegar el papa Paquirri para que nos acostumbráramos. Veremos a ver cómo nos sale el nuevo alcalde de Viena. Nos parecerá sosete al principio y luego, quién sabe, igual hasta nos acostumbramos a él.

En la tele, en la radio y en la política también pasa que a veces una estrella déjà un programa y otra le sustituye, y todo el mundo está expectante, porque se mueren de ganas de ver cómo será el programa en esas otras manos. Con bastante frecuencia suele suceder que la nueva estrella,se desinfla al cabo de unos meses, porque no es capaz de mantener la expectación. Cuando Strache se convirtió en vicecanciller, el puesto de cabeza del FPÖ lo ocupó Johann Gudenus.

Strache tenía (y tiene) muchos puntos en común como personaje con Michael Häupl. Los dos llevan « en el candelabro » prácticamente desde que el mundo es mundo. Los dos cultivan intencionadamente su imagen un si es no es macarra, porque piensan que les acerca « a pueblo » (los políticos en general suelen tener al pueblo en bastante mal concepto), los dos juegan intencionadamente a ser un poco gamberretes con la oposición (eso de que « no tienen pelos en la lengua » uno para criticar al rojerío y el otro para criticar al facherío) y los dos, alcalde y vicecanciller, son la alegría de los periodistas porque siempre dan una declaración que llevarse a la alcachofa.

Strache se fue, llegó Gudenus. Y Gudenus, si la política austriaca fuera una serie, podría ser un malo frío, de esos que le arrancan las alas a las moscas y luego acarician un gatazo blanco que les ronronea en el regazo. Y ya. Para de contar.

Desde que Gudenus se puso a la cabeza del FPÖ, en parte por no hacerle sombra al jefe y en parte porque Gudenus, da muy poco juego (no tiene ni pizca de sentido del humor ni de ese ánimo malévolo « manque » juguetón que tenía Strache en el mismo puesto), la verdad es que el juego político en Austria resulta mucho menos divertido. Además, por alguna razón extraña, las declaraciones que Gudenus hace resultan siempre estereotipadas, planas (en algún caso bastante ridículas, pero no se puede esperar otra cosa de alguien que, ideologicamente, tiene menos cintura que el portero de un futbolín). La última, por ejemplo, ha sido decir que el millonario George Soros tenía entre sus maquiavélicos planes el llenar Europa de inmigrantes (Soros no solo es un liberal que tiene dinero y lo gasta en mejorar el mundo, sino que además es hebreo, lo cual seguramente alimentará las fantasías eróticas de más de uno y más de dos).

Nunca pensé que escribiría esto pero de verdad, al leer ciertas cosas, uno echa de menos a Strache. Por lo menos, te echabas unas risas.

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