EPR, Austria : una historia de bolsillo (2) : turistas en la Wachau

Hace muy poco tiempo (menos de trescientos siglos), tímidamente, los seres humanos modernos empezaron a colonizar Austria.

5 de Mayo.- Digamos que hace poco (digamos que hace unos trescientos siglos) la última glaciación empezó a remitir.

Este acontecimiento tuvo unas consecuencias bastante drásticas para el mundo en general y para nuestra especie en particular. Entre ellas, que grandes porciones del planeta, por ejemplo la que hoy llamamos América o la que hoy llamamos Australia, se convirtieron en gigantescas islas.

Esta situación duró alrededor de 295 siglos, hasta que hace poco más de quinientos años los europeos, de manera un tanto atropellada, retomamos el contacto, como se verá a su debido tiempo.

Hace trescientos siglos el Polo Norte, que llegaba hasta el norte de Francia, empezó poco a poco a retirarse y los glaciares que habían convertido la zona de los Alpes en una fortaleza inexpugnable (sobre todo para los seres humanos) fueron tomando gradualmente la forma con la que los hemos conocido hasta el siglo XX.

Así pues, hace cosa de trescientos siglos los primeros ejemplares de animal humano empezaron a aventurarse timidamente en la región transalpina. Tirando por lo alto, el número de los que lo hicieron debió de caber con comodidad, con mucha comodidad, en la plaza del Museums Quartier. Los científicos calculan que, en ese momento, la población mundial debía de andar por los ocho millones de personas, así que es presumible que los valientes pioneros que hicieron turismo por primera vez por la zona de la Wachau no pasaran de un par de miles.

El hombre era en aquel momento un animal más de los que luchaban por la supervivencia en un entorno que era muy hostil.

Como cualquiera que haya hecho senderismo por uno de los tupidos bosques de la zona (esa larga y fragante lengua verde que empieza en las afueras de Viena y termina en la misma falda de los Alpes) sobrevivir en el bosque es durísimo. Principalmente la vida de aquellos primeros austriacos era pasar hambre y necesidad. Cuando había caza, cazaban pero también comían raíces y hay quien dice que, con más gazuza que Carpanta, aquellos primeros paisanos de Mozart no le hacían ascos a los homo sapiens de grupos rivales.

Cuando agotaban las posibilidades alimenticias de un determinado trozo de bosque, pues cero al cociente y pasaban al trozo siguiente. No vivían más de cuarenta anos (los hombres, que las mujeres no solían pasar de los treinta). La vida era para ellos una corta ventana de tiempo con una plenitud que se alcanzaba en la adolescencia y un decaer que terminaba cuando no podían seguir al resto del grupo en sus marchas por el bosque. Quizá, como pasa aún en algunas tribus primitivas, cuando un ejemplar era demasiado viejo para seguir marchando algún otro miembro del grupo le mataba dándole el golpe de gracia por la espalda.

Por lo demás, los indicios que han quedado vienen a significar que eran mucho más parecidos a nosotros de lo que podríamos pensar ¿Qué pensarían cuando caía la noche en los espesos bosques ? Como nosotros, buscaban seguridades, porque su mundo era inestable y precario. Tenían miedo. Parece bastante probable que, llevados por el reflejo instintivo que nos lleva a buscar a nuestros padres cuando somos pequeños, aquellos primeros austriacos buscaban también la ayuda de instancias superiores a ellos. De noche, entre las sombras, también llamaban a su madre.

En 1909, durante la construcción de un tramo del ferrocarril, se encontró lo que parece ser la prueba de esto y, al mismo tiempo, la primera obra de arte made in Austria. Se trata de una figurilla, tallada en piedra caliza, de una mujer muy obesa y con los órganos sexuales de un tamaño desproporcionado. Quienes la descubrieron la bautizaron como la Venus de Willendorf, por el lugar de la Wachau en el que se encontró, siguiendo una nomenclatura muy en boga en el siglo XIX, y asumieron que representaba una deidad de la fertilidad. Actualmente se guarda en el museo de Historia Natural de Viena. Todos hemos visto su reproducción en nuestros libros de Historia, las grandes mamas cayéndole sobre el abdómen prominente, la falta de facciones, la falta de pies (que no se esculpieron o que se perdieron con el traqueteo de los siglos). Lo que llama mucho la atención es que es poco más grande que un llavero.

¿Para qué servía la Venus de Willendorf ? No lo sabe nadie ¿Era la Virgen de Guadalupe del paleolítico ? Igual que nosotros inventamos el mito de un hombre que nacía de una vírgen y que concedía la inmortalidad y curaba enfermedades incurables ¿Qué historias maravillosas se contarían alrededor de la figurilla y de lo que representaba ? ¿Prometería una eterna primavera de caza fácil y comida en abundancia ? ¿Ayudaría en el parto a las mujeres ? No se sabe. Ni se sabrá nunca.

Si bien la Venus de Willendorf es la más famosa de las representaciones femeninas de esta época, se han encontrado más por la misma zona, como la Venus de Galgenberg (algo así como la Venus de la Montaña del Cadalso), talladas en hueso y en piedra (anfibolita). De esta época data también el que sería el enterramiento más antiguo de Austria : la tumba doble de dos bebés a los que sirvió como lápida un gigantesco homóplato de mamut.

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