A Cesar lo que es de Cesar

Estuvimos a un tris de la victoria, pero ganó Israel. Hoy, cuando todo parecía olvidado, el casi-triunfo austriaco ha saltado otra vez a los medios. Por un motivo triste.

24 de Mayo.- Por un momento rozamos la gloria con la punta de los dedos.

Durante veinte minutos el cantante que representó a Esta Pequeña (y tradicionalmente musical) República en Eurovisión fue el ganador.

Durante todo ese rato, yo estuve marujeando por guasap con mis amigos a propósito del tema. Nos „froyábamos“ claro, de no tener que viajar a ninguna república exsoviética, de esas en las que los primreos ministros acuden a los actos en chándal, nos froyábamos naturalmente de que Eurovisión fuera a celebrarse otra vez aquí, a la vuelta de la esquina (!Con lo bien que nos lo pasamos en Mayo del 2015, que hasta presenciamos cosas que nunca hubiéramos pensado, como bailar con las Azúcar Moreno en la Rathausplatz!).

Por otro lado, también pensábamos que, siendo el cantante austriaco un hombre guapo, pero bastante alejado de lo que los nazis, en las películas, llaman „la rasa arria“, era muy extraño que todavía no se hubiera escuchado ninguna voz que dijera que un señor con la piel canela no era el más indicado para representar a Austria en un certamen internacional con la audiencia de ESC, país Austria en donde, como todo el mundo sabe (ejem) todo cristo mide dos metros y tiene los ojos azules (los dos, y no como David Bowie y los Huskies, que los tienen en tonos diferentes). Mis amigos y yo pensábamos (y nos echábamos unas risas a cuenta de ello, por qué no reconocerlo) en la cara que pondrían algunos personajes conocidos austriacos (dimos nombres, pero las maledicencias hay que cubrirlas con un piadoso velo) cuando Cesar Sámpson ganara el ESC y no tuvieran más remedio que tragarse el sapo de felicitarle.

Ya le veíamos en la Heldenplatz, ya veíamos a Van der Bellen estrechándole la mano y diciéndole que su victoria demostraba que Austria era un país moderno, multicultural, poco amigo de los estereotipos y de las fronteras. Un país en donde se vive (y se vive muy bien) y se deja vivir y el color de la piel no es más que un dato, como el número de zapatos que uno gasta.

Ya le veíamos, pero nuestro gozo en un pozo.

Desgraciadamente, Cesar Sámpson no ganó (en mi opinión MUY inmerecidamente, porque la canción ganadora -si se puede llamar canción a eso- era un excremento gatuno ensartado en un trozo de madera de forma tubular). Desde el minuto uno tras su no-victoria, sin embargo, a Sámpson, que parece que es un tipo tan salao como buena persona, le llovieron las felicitaciones. Qué bien lo has hecho, majo. Hay que ver qué bien has cantao. Te han dado el tercer puesto, pero sabe a victoria. Has dejado el pabellón Austriaco en Eurovisión muy alto. Qué nivel (y no como los moñas de los españoles, ejem). Cosas así.

Poco a poco, el runrún de Eurovisión se fue apagando, hasta el año que viene y hoy, quince días después, el representante austriaco de Eurovisión había desaparecido del foco de la opinión pública.

Sin embargo, por un motivo bastante apestoso la dignísima actuación de Cesar Sámpson en Lisboa ha vuelto al centro de la atención pública.

La publicación ultraderechista Aula, cercana a la órbita del partido derécher y en la que, de hecho, escriben muchos políticos del partido derécher, ha publicado un artículo a propósito de Cesar Sámpson que contiene un insulto racista que, por supuesto, no voy a reproducir aquí.

Llegados a este punto, sugiero a mis lectores que, si están de pie, encuentren un lugar cómodo en el que sentarse. Y es que, por lo menos dos destacadas personalidades del partido derécher (y dos que, como decía la gran Mae West de sí misma, no son ningunos ángeles) han lamentado el insulto racista publicado por Aula. El primero, ha sido el propio vicecanciller, Strache, el cual se ha disculpado (!!!) y ha expresado su intención de invitar a Sámpson a café y pasteles en desagravio (es una cosa a la que invitan aquí sobre todo las abuelas). El otro ha sido Walter Rosenkranz, por cierto nada que ver con Barbara Rosenkranz (una señora que se sabe todas las canciones de cuando el paso de la oca y las canta cuando puede) ni con Horst Rosenkranz, marido de esta última, condenado varias veces por negacionismo. Rosenkranz, que pasa por ser uno de los miembros más prominentes del FPÖ ha dicho que el insulto racista publicado en Aula era „injustificable“ y, soprendentemente, no ha añadido nada después para relativizar su afirmación, como suele ser costumbre. Cosas del tipo „haber dicho que fulano es un extranjero de m… es muy fuerte, sin duda, pero hay extranjeros que blablablá“. Pues no. Ha dicho que lo de ser racista con el pobre de Cesar Sampson había estado fatal. Y ya. Punto.

Aula pertenece a una organización cercana al partido derécher y esta organización ya ha expresado su voluntad de „reformar“ este medio tanto en apariencia como en contenido (!). Ya veremos en qué queda. Lo de la reforma y, naturalmente, lo del café y los pasteles.

Articulo publicado en Política/Economía. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.