Los austriacos y las camas

Hay una cosa que nosotros hacemos con relación a las camas que a los austriacos no les parece tan importante como a nosotros ¿Sabes cuál es?


25 de Mayo.- !Ay las abuelas! Las abuelas españolas son una mina de sabiduría.

La mía, da siempre el mismo consejo a las recién casadas. Un consejo, por cierto, muy español. O, en todo caso, como ahora se verá, bastante poco austriaco.

-Tú hija, ve a todas partes con tu marido, como yo hacía con el mío -y añade, atención- no te preocupes de la casa. Haz la cama por si te traen de vuelta mala -se supone, que los desconocidos no encuentren una cama sin hacer- pero el resto, como quede ha quedado. Ya se hará cuando haya tiempo. Lo primero, es lo primero.

Los españoles y las camas.

Mi padre también dice que una casa puede estar manga por hombro, pero si entras y las camas están hechas, incluso en el desorden hay una apariencia de orden.

Los españoles y las camas, repito.

Me acordaba de esto hoy, porque me ha escrito un amable lector (cuyo nombre mantendré como siempre, en el anonimato) que conoció a su santo (aborígen) y que le conoció tan bien que decidió juntarse con él y convivir bajo el mismo techo y, naturalmente, compartir con dicho aborigen manteles y sábanas.

Pero hete aquí que nuestro español lleva años (vamos: los años que lleva junto con su santo) sufriendo en silencio una duda que le atormentaba, y era que si todos los austriacos eran como su santo. O sea, personas a las que no solo no les importaba hacer las camas, sino que también -un sindiós para cualquier español- eran capaces de hacer aquello del adios cuerpo triste que entraste por donde saliste y acostarse por la noche en una cama que no han hecho por la mañana y a la que solo se han preocupado de echar para atrás la manta o cobertor para que se airee.

Y con esta preocupación me ha escrito, para ver qué opinaba yo del asunto (también para saludarme y decirme que Viena Directo le encanta y le fascina, por supuesto).

Aunque es difícil generalizar, yo creo que los españoles tenemos mucha obsesión con el tema este de las camas y las sábanas, una obsesión que quizá tenga que ver con el extremo pudor sexual que ha imperado en el solar patrio durante generaciones. Porque en el único sitio en donde las camas no se hacen, ya se sabe es en los lupanares o mancebías, y también, por qué no, en los sitios en donde hay un enfermo (claro, pero es que cuando el enfermo está en la cama, dicha cama no se puede hacer, porque habría que sacar de ella al enfermo antes).

Aunque a mí me parece que esto del enfermo sería descartable.

A mí pues no hay quien me quite que esta obsesión de los españoles de hacer las camas es un resabio de ese antiguo pudor.

Ya se sabe lo que siempre se decía (y supongo que se seguirá diciendo en todas aquellas capas sociales que no tengan nada que ver con la política) aquello de „Yo, pobre pero límpia“ o lo de „yo, pobre pero honrá“.

Aquí, por lo que yo sé, no existe esa vinculación entre cama y honestidad, y por lo mismo, los aborígenes se toman esta costumbre de hacer las camas, que en el español es casi como que congénita, con una cachaza que a nosotros, en muchos casos, como que nos parece antinatural y, a ratos, como a este lector mío, un poco rayana en el libertinaje (o, por lo menos, en un sentimiento desasosegante como esa suciedad inconcreta que uno siente cuando no se ha duchado o cuando se va a la cama sin lavarse los dientes).

También está el hecho de que la ropa de cama, tradicionalmente, ha sido mucho menos complicada en Austria que en España, en donde la moda esta de rellenar una funda nórdica con plumas es relativamente reciente.

Aún cuando yo era niño, era normal que hacer las camas supusiera una labor de pericia, la sábana bajera, la sábana propiamente dicha, una manta y luego una colcha. La manta podía ser más gruesa o más fina dependiendo de la estación del año…Aquí no. Los chavales aprenden ya de jovencillos el truco para meter el nórdico en la funda (una de las tareas domésticas que a mí más nervioso me ponen).

En fin, camas y austriacos, austriacos y camas. Aquí si mis lectores me dejaran un comentario contando su experiencia (a mí y al lector que me ha preguntado) yo creo que harían un gran servicio público

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3 Responses to Los austriacos y las camas

  1. Maria dice:

    jajajaj, pues a mi lo de hacer la cama también me da igual, excepto los fines de semana o cuando cambio las sábanas, ahí si me gusta verlas bien ordenaditas y bien hechas. El caso es que se me hizo curioso ver que en Austria siempre ponen dos edredones en las camas dobles, para que cada quien duerma como mejor le apetezca sin pelear por la manta, en este caso el edredón, y es bien interesante, porque si bien da margen para dormir como quieras, lo de no sentir la piel de tu pareja en la noche o al acostarte me dejaba perpleja, eso si mi aborigen estaba de lo mas contento, porque no lo destapaba en plena noche o en la madrugada. En fin, lo de sentir la piel lo solucionamos con abrazos prologados de buenas noches y buenos dias, pero es verdad que dormir con tu propio edredón da mucho gustito, todo es cuestión de ver siempre el lado positivo.

  2. Rodolfo Pèrez dice:

    Ciertamente al otro lado del Atlàntico esas palabras resuenan como historia propia.
    Soy argentino y esa costumbre tan hispana continùa aqui ( en gente de cierta edad, en fin ).
    mi esposa no sale de casa sin la cama hecha.
    parece que le pesa la pena de excomunion !.
    gracias por los articulos , que leerlos termina siendo adictivo !
    gracias !

  3. Analia dice:

    Lo primero que me ha chocado cuando llegue a Viena es lo de la cama. Que dónde están las sabanas??? Eso fue lo primero que he dicho y veo que en su lugar están unas sábanas rellenas con una colcha…ignorancia misma de mi parte, pero es que de dónde vengo se usan las sabanas tradicionales “como Dios manda”, esto aquí me parece de territ, por suerte que en mi maleta traía un par de las mías. Ahora quedo peor cuando me dices que los locales no tienden la cama! Eso sí que está de terror, he quedado más espantada

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