Un bolero que ensalza su garbo

Hoy mis lectores me van a permitir que haga un paréntesis, pero solo en apariencia, porque lo que cuento hoy creo que es muy valioso para ser mejor persona.

29 de Mayo.- Hoy mis lectores me van a permitir que abra un pequeño paréntesis en la temática normal de este blog, aunque quizá no sea tanto el paréntesis, si bien se mira, porque uno de los objetivos de este blog, ha sido y es el de abrochar las dos orillas del Atlántico en las que se habla castellano, y el de promover en Austria la riquísima cultura que compartimos los pueblos de la latinidad, uno de cuyos pilares fundamentales es el idioma.

Así pues, abramos hoy un paréntesis que solo lo es a primera vista.

Ayer lunes, en Madrid, falleció la cantante Maria Dolores Pradera. Parte no solo de mi memoria sentimental sino también de la de millones de latinoamericanos que han disfrutado durante décadas con su manera elegantísima de interpretar las canciones del hermoso repertorio transoceánico.

Mi historia favorita de su vida, que quizá pueda servirnos a todos en estos tiempos que vivimos, llenos de mala leche y confusión, es esta: poco después de morir el padre de Maria Dolores Pradera, estalló la guerra civil española.

La madre de la artista, junto con cuatro hijos pequeños y el abuelo de ellos, quedó atrapada en el Madrid republicano. Día sí y día también, sin importarle la población civil, la artillería de Franco jugaba al tiro al blanco con el rompeolas de todas las Españas, siendo su objetivo predilecto el edificio de la Telefónica, en la Gran Vía, entonces el más alto de la ciudad.

En Madrid, por supuesto, no solo quedaron los partidarios de la legalidad vigente sino también, y no pocos, aquellos que simpatizaban con el bando sublevado. Unos y otros, como es natural, acojonados. No solo por la guerra, que ya era bastante motivo, sino también porque los elementos más indeseables de la retaguardia republicana los cuales, sobre todo los primeros meses, no fueron ningunos santos, y se dedicaron a perseguir la tibieza ideológica real o presunta. De manera que, como sucedía al mismo tiempo en el bando que se llamaba a sí mismo „nacional“ una mala palabra, una envidia de alguien o simplemente las ganas de que una señora se quedara viuda para encamarse con ella sin obstáculos, precipitaron en aquellos momentos a muchos hacia una muerte horrible.

La madre viuda de Maria Dolores Pradera tenía una amiga en la Dirección General de Securidad, en la Puerta del Sol (edificio que durante muchos años tuvo una reputación siniestra totalmente merecida y desde el que hoy los españoles saludan cada nuevo año). Por las manos de la funcionaria pasaban los expedientes de los que la policía política buscaba para hacerles mal.

La buena mujer se las arreglaba para que, de vez en cuando, algunos expedientes se extraviasen y le hacía llegar a su amiga, la madre de la Pradera, los nombres y direcciones de aquellos a quienes la policía pensaba detener. La señora, para no levantar sospechas, mandaba a la futura Gran Dama de la Canción con una latilla de las que en aquellos años se usaban para llevar la leche. En la latilla iban notas de advertencia para los que, con este procedimiento, podían intentar esconderse y por ello salvarse.

Pero terminó la guerra. La funcionaria de sol fue depurada y, como el bando vencedor vio que había salvado a muchos de los suyos, la confirmaron en su puesto. Continuó la amistad entre la madre de la Pradera y la funcionaria, aunque cuando cambiaron las tornas ellas también cambiaron el destino de sus avisos. Esta vez eran los pobres progresistas a quienes avisaban para que la policía franquista, tan mala como la policía política de los comunistas, no les torturase o los mandase a los campos de concentración. Y como antes era Maria Dolores Pradera, una niña delgaducha, de grandes ojos grises, la que repartía los mensajes con su lecherita, esta vez vestida de Flecha, la organización fascista para los niños (equivalente a los pioneros comunistas, porque los extremeños, como todo el mundo sabe, se tocan). Ella lo contó en esta deliciosa entrevista.

Así fue ella toda la vida. Elegante con unos y con otros. Graciosa con todos. En todos los sentidos de la palabra.

De niño, cuando Maria Dolores Pradera salía en la televisión, yo hacía callar a la gente para quedar hipnotizado no solo por su voz, que nunca la tuvo espectacular, sino por la manera tan hermosa que tenía de decir las letras de las canciones (una veredita alegre, con luz de luna o de sol, tendida como una cinta, con sus lados de arrebol) y así ha sido y seguirá siendo así. Desgraciadamente ya en video.

Gracias a ella supe quién había sido Chabuca Granda y gracias a Maria Dolores, cuando estuve en Lima, convencí a quien me soporta para que estirara un poco más la paciencia de la que hace gala conmigo y fuimos a El Barranco (no a ver la flor de amancaes, como Jose Antonio, sino la estatua de Chabuca) y estuvimos en el Viejo Puente, que la Flor de la Canela pisaba con tanta donosura. No quedamos tan encantados con el río, el Rimac, que es una corriente marrón que, debido a la incuria de la municipalidad limeña, exhala una peste insportable. Y la Alameda la vimos desde un coche, porque el parque está en un sitio poco recomendable. Dio lo mismo: a mí me supo igual de bien.

Otro día felicísimo, que pertenece al botín que me llevaré de este mundo cuando me vaya, lloré de risa acordándome de la Pradera junto con mi primo Ignacio, el que está sirviendo en Oriente Medio. Recuerdo, lo hemos recordado hoy los dos, cómo nos abrazamos el uno al otro para sostenernos delante de un estante lleno de discos de Maria Dolores Pradera y de Raphael. Como dos tontos. Como dos santos. Como dos críos. En resumen, felices.

Una vez tuve oportunidad de escucharla en directo, en el cuartel del Conde Duque, pero me dio vergüenza (esa vergüenza que los niños raros arrastramos durante toda la vida) imponerle a mi amor de entonces semejante penitencia. No recuerdo qué hicimos aquella tarde. Probablemente la dedicaríamos a querernos o a empezar a dejar de querernos, que es lo que uno hace cuando no aprovecha las oportunidades que se le brindan.

Dejo a mis lectores con este joyón que he encontrado en YouTube.

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