El pollero y los santos evangelios

La ausencia de un artículo en la toma de posesión del nuevo presidente del Gobierno español ha llamado la atención. En Austria, no lo hubiera hecho, probablemente.

2 de Junio.- Alberto Carranza, pollero, envió su currículum a la cadena de supermercados Compremucho, al objeto de trabajar en el centro que dicha empresa tiene en las cercanías de la localidad de Alcorcón, en la periferia madrileña. Le entrevistó la señorita Analía Sinsoles, a la que sus jefes encomendaban una función semejante por primera vez , ya que hasta entonces Sinsoles había estado autorizada solamente para evaluar las competencias de candidatos a puestos de menor responsabilidad.

Sinsoles estaba comprensiblemente nerviosa, ya que en Compremucho el puesto de pollero (además, de pollero jefe) conllevaba ciertas responsabilidades en lo referente a gastos, por lo que podía ser harto gravoso para el presupuesto y, por ende, para los resultados del centro: que si los higadillos de pollo, que si las alitas, que si las gallinejas y pechugas. Un lío. Se necesitaba para el puesto a alguien que aunara no solo mucha asertividad y capacidad de decisión, sino un gran conocimiento a propósito de las quisicosas del pollo en cuanto a tal.

Alberto Carranza, hombre de gran experiencia, se impuso a los otros candidatos -casi treinta- que habían enviado su curriculum a las oficinas de Compremucho. Supo que su candidatura había tenido éxito apenas tres días después de haber hecho la entrevista, porque la señorita Sinsoles no solo había quedado impresionada por sus indudables conocimientos en el ramo avícola, sino también por su innegable simpatía, la cual le auguraba un enorme porvenir entre la parroquia de clientes de Compremucho, especialmente entre las clientas, dado que Sinsoles había advertido en el pollero un gracejo particular que suele ser muy apreciado en los de su profesión.

Una vez se fijó la hora para la toma de posesión, Alberto Carranza se presentó en las oficinas de Compremucho, sitas en la calle dos de mayo de Móstoles. Allí, le ofrecieron jurar su cargo como pollero jefe en Compremucho o prometerlo. Alberto Carranza dijo que prefería prometerlo. El jefe de la señorita Sinsoles, el señor Arrebatacapas le indicó también que la tradición en Compremucho era que los polleros jurasen (o prometiesen) su cargo teniendo un libro religioso encima de la mesa (los Evangelios normalmente) y un crucifijo. Que siempre había sido así. Carranza se negó en redondo y él dijo que, por razones ideológicas, él pensaba que los polleros, aunque trabajasen en una empresa de tanta raigambre y tradición como Compremucho, debían prometer su cargo sin ningún símbolo religioso a la vista. Y así se hizo. En la intranet de la empresa, la señorita Sinsoles lo mencionó de pasada, incluso: „Nuestro nuevo jefe de pollería, el Sr. Carranza, ha prometido su cargo, por primera vez en la historia de Compremucho, sin crucifijo ni evangelios“.

Hoy, el nuevo presidente del Gobierno español, Sr. D. Pedro Sánchez, la persona de cuya madre se acordarán los españoles mientras dure su mandato (pobre señora, qué habrá hecho para sufrir las consecuencias de la mala cabeza de su hijo) ha prometido su cargo ante el rey Nuestro Señor, D. Felipe uve palito.

Todos los medios de comunicación españoles se han hecho eco de la decisión de Sánchez de prometer su cargo sin símbolos religiosos a la vista, por primera vez en la democracia española y es muy posible que por primera vez en la Historia del país. Uno, que es un moderno (de pueblo) piensa que aunque Sánchez es el empleado de más importancia del Estado, por lo menos por debajo del rey Felipe uve palito, no deja de ser un empleado que ha firmado un contrato (!Y ni siquiera indefinido, cómo está la vida laboral de precaria, señora!). Resultaría ridículo que cualquiera de mis lectores, ingenieros, informáticos, esteticistas o vendedores de cimbeles de goma en Sex Shops, tuviera que prometer su cargo sobre la Biblia. Pues con esto, igual.

¿Cómo es en Austria? En Austria, como es sabido por los lectores de Viena Directo, no tenemos rey (a pesar de que uno sea de la opinión de que los austriacos lo echan de menos horrores). La investidura de los presidentes se hace normalmente de una tacada con la de los ministros. El Bundespresi les lee un texto que es este: “Sie werden im Sinne des Artikel 72 des Bundes-Verfassungsgesetzes geloben, die Bundesverfassung und alle Gesetze der Republik Österreich getreulich zu beobachten und die mit Ihrem Amte verbundenen Pflichten nach besten Wissen und Gewissen zu erfüllen“, esto, en una lengua civilizada, el español por ejemplo, quiere decir „De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 72 de la Constitución Federal promete usted observar fielmente la Constitución y las leyes de la República austriaca y cumplir los deberes relacionados con su cargo de acuerdo con sus conocimientos y su conciencia“. El damnificado contesta „lo prometo“ y luego el Bundespresi le da el contrato para que lo firme. Las cámaras de los periodistas hacen clic clic y a otra cosa butterfly.

Es cierto que con los Bundespresis la cosa es un poco diferente y que los Bundespresis del Partido Popular austriaco -suelen ser católicos practicantes- sí que han gustado de tener símbolos religiosos al objeto, se conoce, de impetrar la ayuda divina en el cumplimiento del cargo. Observadores imparciales, sin embargo, no han constatado que la presencia o ausencia de cruces, librotes y otros adminículos hayan hecho que la labor de los Bundespresis haya mejorado de manera sensible. Quizá por eso los polleros sigan firmando sus contatos sin tanta parafernalia.

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Un comentario a El pollero y los santos evangelios

  1. Ernesto Pastore dice:

    En Austria ya no hay no hay emperador, a pesar de que es notorio que los austriacos lo echan de menos y lo extrañan horrores. Eso se vio cuando en 1989 y en 2011 llegaron a Viena los cuerpos de Zita y su hijo Otto. La maciza presencia del pueblo acompañando a esas “aparentes viejas carcasas” hizo rabiar, y babear de envidia, a los “líderes republicanos del gobierno de turno”.-

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