Jardines de invierno

Vladimir Putin ha estado en Viena en visita oficial. Sin embargo, una de las cosas más especiales relacionadas con su visita pasó en Moscú.

5 de Junio.- El putín de Putin ha estado en Viena en una visita relámpago. Los vieneses y las vienesas han tenido que sufrir en sus „cannes“ morenas por la canícula los inconvenientes de la visita de un personaje de la importancia del político ruso. Que si cortes en las calles (particularmente en el distrito uno, recibidor de lujo para este tipo de cuestiones), que si medidas de seguridad, que si tal y que si cual.

Era la primera visita al exterior de Putin desde que renovó su mandato y que el anfitrión haya sido el Gobierno austriaco no es casualidad. Putin se encuentra en Austria como oso en la tundra, como batelero en el Volga, como salmón en el Dniéper (si es que en el Dniéper hay salmones). En invierno, es frecuente que cambie la nieve rusa (!Será por nieve en rusia!) por el blanco elemento que cubre las faldas de los Alpes. Como político, también se encuentra muy a su gusto aquí. Más feliz que un regaliz, vamos. Y ahora más, cuando en Austria gobierna un ejecutivo cuyo cincuenta por ciento también va a Rusia con frecuencia, a aprender de los mejores (a los demás los mejores nos parecen un poco los peores, pero en eso, claro, no estamos de acuerdo con Putin) y, sobre todo, a echar pestes de esta Unión Europea en donde, piensan ellos, se ha sustituido la libertad por el libertinaje, y las mujeres no quieren que les paguen operaciones para ponerse los pechos como dos misiles ni las narices respingonas, en donde se pueden casar los hombres con los hombres y a todo el mundo (bueno, a todo el mundo decente por lo menos) le parece una cosa normalísima.

Como ex espía, Putin tiene muy claro que la información es una enorme fuente de poder y, por lo mismo, el premier ruso controla con cuentagotas las entrevistas que concede. Putin desconfía de los medios occidentales. Desde su época de jefe del KGB sabe que un ruso que se vista por los pies no puede fiarse de ningún periodista que no haya nacido de los Urales „pallá“, de manera que cuando concede entrevistas procura que sea a medios rusos, y procura que le pongan las preguntas como dicen que las bolas se las ponían a Fernando VII (las del billar, malpensados).

Por eso llamó mucho la atención que, coincidiendo con la visita a Viena le concediera una entrevista a la ORF. Entrevista que, naturalmente, se grabó en Moscú. Ejem.

Más concretamente en el jardín de invierno del Kremlin que es el jardín que más debe de usarse, porque uno tiene la sensación de que en Rusia es invierno todo el año y sobre el Kremlin nieva hasta en agosto.

Puso el Kremlin un par de condiciones. La primera es que la entrevista se grabara donde se grabó y la segunda y principal que a Putin no le entrevistara un cualquiera, sino el Putin de los periodistas austriacos (valga la comparación). Y el Putin (e incluso el más putín) de los periodistas austriacos es el inmarcesible Armin Wolf.

La ORF pone a disposición de quien quiera verla la entrevista original (Putin, como Hitler, es un gran manejador de los tiempos y quizá con la esperanza de que a Wolf se le fuese el gas, le hizo esperar en una antesala más de tres horas) pero merece la pena ver el extracto de diez minutos que la ORF ha echado con los „greintest jits“. De ellos llama la atención el lenguaje corporal de los dos hombres. Putin, haciendo lo que las feministas han dado en llamar un „manspreading“. O sea, descarranchado en la silla decimonónica y una actitud general como de ir muy sobrao, como decimos en España. Wolf, con las piernas cruzadas, sin duda en actitud de protección.

La entrevista se desarrolló sin temas vedados por el Kremlin, estuvo documentadísima (como siempre) por parte de Wolf y como suele suceder con Wolf, el presentador interrumpió a Putin a menudo para repreguntar y repreguntar. Sobre los hackers, sobre la invasión de la Península de Crimea. Hay varios momentos en la entrevista en los que Putin, literalmente, se descojona de risa ante Wolf. Esa risa que tienen las personas que piensan que su interlocutor es un ingénuo y no sabe de qué va el juego que se está jugando. Está claro para quien la vea que Putin y Wolf juegan en dos ligas diferentes. El primero está convencido de que el fin justifica los medios y el otro es un periodista de un país en donde no todo vale. Los medios más conservadores austriacos (el Kronen Zeitung sobre todo) han dicho que, con tanto repreguntar (ellos, que no preguntan nada) Wolf se ha puesto en ridículo.

Los medios rusos han puesto de relieve las interrupciones, pero se han enorgullecido de que, entre las muchas cualidades que adornan a su amado líder, está el manejo de los idiomas. Putin habla perfectamente alemán (con muy buen acento, además) y en su propio idioma interrumpió a Wolf también unas cuantas veces. Ventajas del espionaje que, por lo visto, te da una culturilla.

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