En dos palabras: muy urgente

En Alta Austria hay un problema gordísimo, pero hay un superdotado que ha dado con la solución. Si quieres saber cuál es, en este artículo te lo cuento.

9 de Junio.- Uno de los fenómenos más curiosos a los que asistió la España de mi niñez (yo fui niño en los ochenta del siglo pasado) fue a la invención de la tradición. Esto de inventar tradiciones puede resultar un poco contradictorio así dicho, pero en España la tradición daba (y da) de comer a mucha gente (no hay más que ver la cantidad de políticos independen-nacionalistas-y-de-todo-pelaje que viven de ese cultivo de las esencias). Y no solo porque una de las idioteces más recurrentes en las que el ser humano ha caido a lo largo de su historia es aquella que consiste en compensar la inanidad o la pequeñez presente con supuestas pasadas glorias.

En España, naturalmente, la tradición, la ingente cantidad de usos y costumbres pretendidamente ancestrales que tenemos, se inventó con un motivo utilitario.

Los ochenta del siglo pasado fueron la época en que se establecieron las comunidades autónomas tal y como hoy las conocemos. Con vistas a la organización de improbables festejos o, mejor, para poder obtener dinero público, fueron legión los que se pusieron a desenterrar vocabulario vernáculo o fiestas populares supuestamente ancestrales en las que con frecuencia, desgraciadamente, un pobre animalito era el que llevaba la peor parte. Y así España se pobló, desde Finisterre a Zahara de los Atunes de romerías, calderetas, serenatas, mozos que tiraban al pilón a otros mozos, cucañas, procesiones con raigambre, Cristos milagrosos, Vírgenes que hacen llover y demás cosas semejantes.

Mickey Maus

Por este motivo, todos los españoles (inteligentes) sabemos que no hay nada más artificial que la tradición y tampoco nada que más cambie.

Coja usted la costumbre que a usted le parezca más inveterada, la más representativa de su pueblo, y se dará cuenta de que, con buena suerte, no tiene más de ciento cincuenta años, cuando no menos. Para fabricar una tradición no hay más que hacer que dos generaciones de niños hayan visto a sus padres practicarla y, naturalmente, dotar sus principios de cierto halo misterioso. O sea, en treinta, cuarenta años a lo sumo, ya tiene usted fabricada una tradición.

En el mundo moderno, además, la tradición se ha convertido en un objeto de consumo. Uno más. Por ejemplo, en España, nada más tradicional que el folklore andaluz. La feria de Sevilla, la romería del Rocío, todas esas cosas que hacen vibrar a los turistas. Pues bien: todos los años hay nuevas colecciones de trajes de flamenca ¿Puede la tradición estar sujeta a modas? Sin ir más lejos, en Austria, de un tiempo a esta parte hay un reverdecer de las tradiciones inventadas, en forma de que, a nada que hay cuarto y mitad de ocasión, la gente se calza el traje típico (un traje típico que, por supuesto, es inventado y procede del siglo XIX a mucho tirar). Cada uno, de acuerdo con sus posibilidades. Traje típico caro, hecho a mano, para los que tienen posibles y traje típico de supermercado para los que vamos en metro a trabajar.

Todo esto viene a cuento porque un político del FPÖ, Sr. Manfred Heimbuchner, el cual trabaja en Alta Austria quiere que en la norma fundamental de su Land la tradición figure en lugar prominente. Según Heimbuchner, el mantenimiento de las tradiciones en tiempos „de fuerte inmigración“ (grosse Zuwanderung) debe ser uno de los objetivos del Gobierno.

Según Heimbuchner, ese faro que ilumina las conciencias de los austriacos de Austria la Alta, ese Demóstenes, ese Sócrates, ese Nicola Tesla, ese Edison, no son los austriacos quienes tienen que cambiar sus tradiciones (ya sabemos que se cambian solas, véase párrafos anteriores) sino que las tradiciones austriacas representan un valor en sí mismas, valor que debe ser preservado.

Grácil

Heimbuchner pone como ejemplo de tradición austriaca el saludarse dándose la mano. Una costumbre autóctona totalmente y que corre peligro de extinción, porque ya se sabe que los que venimos de fuera somos como los orcos y cuando nos encontramos por la calle a otro ser vivo le saludamos con un gruñido (si eso). Tampoco quiere Heimbuchner que, por un multiculturalismo mal entendido se adopten tradiciones foráneas, y se deje, por ejemplo, de servir carne de cerdo (es un bulo que corre mucho por aquí incluso entre gente con estudios, que de manera inminente se va a dejar de servir carne de cerdo en los colegios para contentar a los padres de alumnos de religión musulmana).

Naturalmente, al ser esto de la tradición un problema ur-gen-tí-si-mo para los austriacos y las austriacas, el Sr. Heimbuchner va a presentar una iniciativa de carácter urgente en el parlamento de Alta Austria, a fin de que se debata la cuestión.

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3 Responses to En dos palabras: muy urgente

  1. Ana dice:

    Me ha gustado, va a haber que seguirte.
    Supongo que conoceras la peli, Fest des Huhns…
    https://youtu.be/ZCb49OOCGqA

    Un saludo desde Graz

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