Doce horas de trabajo

Hombre pintando una ventanaLos empresarios austriacos no podían dormir (los pobres) pero Strakurz ha acudido en su ayuda. Ahora ya no tendrán que contar ovejitas. Qué bien.

18 de Junio.- Preocupados como estábamos con otras cosas, no hemos tenido tiempo de ponernos al día con la actualidad austriaca, y eso que esta semana ha pasado una cosa bastante bestia. Sin grandes alharacas el Gobiero de Strakurz ha vuelto a legalizar la jornada de trabajo de doce horas. Ellos lo han llamado Flexibilización de los Horarios de Trabajo, que es como llamar incidencias a los fallos de servicio, privatización a la venta de recursos públicos o reformas a lo que son pura y simplemente recortes.

La jornada de trabajo de 12 horas ya estaba permitida por la legislación austriaca, que conste. Sin embargo, solo se podía trabajar doce horas bajo unos presupuestos muy estrictos entre los que se encontraba la aquiescencia del comité y la luz verde del médico de la empresa. A partir de 2019, cuando entre en vigor la nueva normativa, el trabajador solo podrá negarse a trabajar doce horas si alega compromisos personales « ineclinables » (lo que quiera que eso signifique), lo cual en la práctica y, sobre todo, dada la gran diferencia de poder de negociación que tienen trabajadores y empresarios, probablemente signifique que un trabajador no tenga forma de negarse a estar doce horas en el tajo.

Esta nueva normativa viene a remediar una carencia que tenía sin dormir a los pobrecitos empresarios austriacos, y era que, según ellos, el marco legal que regulaba (y seguirá regulando hasta el 31.12.2018) los horarios de trabajo en Austria, era muy rígido y no permitía hacer frente por ejemplo, a picos de actividad. A partir de ahora, no será así y los empresarios podrán dormir tranquilos, los pobreticos, que para eso son los que levantan el país. Strakurz les ha comprado el mejor somnífero. A partir de ahora, no van a tener que contar ovejitas.

Naturalmente, Strakurz ha tenido que vender esta medida de alguna manera, y lo ha hecho argumentando por activa y por pasiva (también por perifrástica, como decían nuestras maestras de la infancia) que la jornada laboral de ocho horas será la regla y la de doce será la excepción. Aunque va de suyo que a partir de ahora dependeremos todos los trabajadores austriacos de la buena voluntad de nuestros empresarios. Quizá, quién sabe, no sean tantos los que, al final, decidan no utilizar una posibilidad que tienen al alcance de la mano de una manera tan fácil. Las horas extraordinarias se seguirán pagando en tiempo libre o en dinero (faltaría mas, esto aun no es Celtiberia, aunque vamos por muy buen camino para que lo sea). Se pone también un límite a los días de doce horas, y es que en diecisiete semanas la media de horas de trabajo debe ser de 47 horas semanales.

Otro argumento que Strakurz ha dado para defender la nueva normativa es que, gracias a ella, los trabajadores tendrán una posibilidad legal de trabajar cuatro días a la semana y descansar tres. Bastará con que trabajen cuatro días seguidos doce horas y estará hecho.

Reacciones  (Viena Directo es un servicio público, por eso les recuerdo a aquellos de mis lectores que hayan sentido caerse su mandíbula inferior que pueden cerrar la boca sin problemas, que ya se sabe que en boca cerrada no entran dípteros ; de nada).

Naturalmente, y como era esperable, la oposición y los sindicatos han puesto el grito en el cielo y, como les da igual, a los muy canallas, si los empresarios duermen mucho o poco, apelando a la conciencia de esas personas a las que Strakurz quiere tener contentas a toda costa, se han preguntado cuánto tiempo le quedará de descanso a un trabajador que curre doce horas y luego tenga que utilizar hora y media para ir de su domicilio al trabajo y otra hora y media para volver. Las matemáticas dicen que dicho trabajador tendrá que dormir muy concentradito para poder ir a trabajar al día siguiente y dar un poco de pie con bola.

Bueno, hasta aquí lo esperable. Pero es que en el propio partido del canciller Cortico se han levantado voces de protesta por lo que les parece una inaceptable política neoliberal y el desmontaje de los derechos sociales conseguidos por los trabajadores y propugnados por la doctrina social de la Iglesia, cuyo papel, según estas voces críticas, el canciller utiliza como artículo de higiene íntima cada vez que va al servicio a hacer aguas mayores.

Aunque claro, el canciller puede aducir que primero están los valores de la civilización cristiana y toda esa pesca y luego, claro, las cosas importantes de verdad, como que gane dinero quien lo ha ganado toda la vida.

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