Sin aliento

En determinadas cuestiones, cuando Berlín se resfría es Viena la que estornuda. Y, de momento, parece que esta vez no va a bastar con un Frenadol.

3 de Julio.- Desde mi humilde opinión de ciudadano minúsculo pienso que la Unión Europea se está equivocando de medio a medio con su manera de afrontar la emigración desde Oriente Medio y el norte de África.

En general, la estrategia se parece un poco a la de un enfermo que tuviera un tumor cerebral y se tomara analgésicos contra el dolor de cabeza. Atacar los síntomas y no la enfermedad.

O sea, que lo de poner alambradas de espino y a soldados (aunque sean muchos) en realidad es como intentar tapar una manguera con un dedo. Entre Oriente Medio, el Norte de África y el resto de esa península que es el extremo de Eurasia y que nosotros consideramos el ombligo del mundo, no hay en realidad barreras físicas significativas, o por lo menos barreras físicas imposibles de cruzar. De manera que, como un goteo, las personas presionadas por el hambre, por las guerras o, simplemente, por el deseo de darles a sus hijos una vida mejor, terminarán por pasar, aunque sea al precio enorme e inhumano de ver en acción el darwinismo más despiadado.

En vez de esto, Europa debería ponerse las pilas y hacer lo que a nadie se le ha ocurrido hasta ahora (o se le ha ocurrido, pero no se atreve a proponerlo) y es adecentar lo que hoy es su patio trasero, y crear riqueza, democracia y bienestar en los países de origen de la emigración, de manera que a nadie se le pase por la cabeza venirse a Europa, con el frío que hace.

Hoy por hoy, Europa se lo podría permitir. Mañana, no lo sabemos.

Porque es que no sabemos siquiera si habrá Europa.

Quizá ayer por la tarde, desde Alemania, se aceleró un poquito más la descomposición de ese ideal que tantas cosas buenas le ha traido al continente.

Angela Merkel, salvada por la campana, consiguió que sus socios conservadores bávaros (o sea, más conservadores que ella), los cuales, a su vez, están presionados por el ascenso aparentemente imparable de la ultraderecha alemana, siguieran apuntalándola en el Gobierno, a base de ceder y apoyar la creación de centros de internamiento en suelo alemán, en donde los migrantes serán clasificados en dos corrientes : los migrantes a, que serían los refugiados qe huyen de guerras y los migrantes b, que huyen de la pura y simple carpanta y que serán devueltos a la casilla de salida. Y esa casilla de salida es, en último término, Austria. O bien aquellos sitios de la Unión Europea en donde su llegada haya sido registrada primero.

El precio que Merkel ha pagado por seguir gobernando Alemania ha sido alto, sobre todo porque lo ha pagado en una moneda preciadísima pero que se va volviendo escasa : la credibilidad de la Unión Europea para reaccionar en bloque contra las amenazas que pretenden desnaturalizarla ; pero la canciller ha demostrado ya muchas veces que es una mujer que sabe que, en esto de la política (en la vida, en general) somos todos arrieritos que, más tarde o más temprano, terminaremos por encontrarnos en una revuelta del camino. Hoy han ganado los conservadores bávaros, pero ella tiene ya apuntado en la libreta el nombre de quien le ha hecho pasar el mal trago.

El acuerdo interno se ha cifrado en un hipotético acuerdo externo que el Gobierno de Berlín espera obtener del de Viena. Espera. Pero el Gobierno de Viena no parece nada dispuesto.

En Austria, el acuerdo entre los socios de coalición alemanes ha sentado muy mal, como cae por su peso, ya que deja a Austria en una posición bastante comprometida : de facto, convierte al Gobierno de Viena en un guardián de la frontera sur alemana. El Gobierno austriaco, cuyas carteras relacionadas con la emigración están controladas por la ultraderecha, con todo lo que eso conlleva, no ha hecho esperar su dolorida respuesta y ha anunciado que va a « reforzar su frontera sur » (cabe destacar que, en contra de lo que las histéricas del grupo de Visegrado afirma por activa, por pasiva y por perifrástica, la supuesta invasión de refugiados no se está produciendo hasta el momento, cifras cantan) también han urgido al Gobierno de Berlín a que complete aquella canción de Alaska, la de «Cómo pudiste hacerme esto a mí, yo que te hubiese qerido hasta el fin » y que clarifique (si es que eso es posible) su posición y sus planes de futuro.

Supongo que, en su despacho, Angela Merkel estará al corriente de que ha ganado tiempo. Poco, por cierto.

Articulo publicado en Política/Economía. Guarda el enlace permanente.

Un comentario a Sin aliento

  1. victoria dice:

    La frontera sur creo que sigue siendo Italia y España, países que acogen inmigrantes de una forma tremenda comparados con otros países de la Unión. Y sí, evidentemente la solución pasa por intentar, esta vez en serio, el desarrollo del llamado “Tercer Mundo”. Urge un “Plan Marshall” para África, donde se logre mejorar el nivel de vida de la gente sin que tengan que emigrar, con un control de natalidad, una reducción de la mortalidad, sobre todo infantil, un desarrollo de la educación y de las infraestructuras. Y sí, Europa es quien tiene que hacerlo, pues fueron los países europeos quienes colonizaron estos territorios y quienes realizaron una descolonización fallida. Quizá no sea fácil de lograr que alcancen el mismo nivel de vida en poco tiempo, pero hay que intentar que mejoren las cosas. Y lo que está claro es que quitar a dictadores como Gadafi no ha mejorado precisamente la situación. No se trata de que toda África se venga a vivir aquí, sino de que puedan vivir allí de forma un poco digna y consigan evolucionar hasta alcanzar, el mismo nivel de desarrollo que nosotros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Follow Me