La huella sonora

A partir de mañana, mis lectores se van a poder encontrar con una nueva versión de Viena Directo. En cierto modo, lo hago por egoísmo.

7 de Julio.- Todos los días laborables me levanto a las seis y diez de la mañana. Justo media hora más tarde, estoy subido a la bicicleta. Pedaleo más o menos un cuarto de hora hasta que llego a la estación del tren.

Allí, encadeno mi vehículo en el aparcamiento de la estación, entro al vagón, más o menos cinco minutos antes de que salga el tren y busco un asiento. Dejo la mochila en el de al lado, saco el móvil de la mochila, le enchufo los auriculares, me los pongo y luego cierro los ojos.

Al principio, escuchaba música mientras dormitaba durante los cuarenta y un minutos de tren que todos los días me separan de la ciudad, pero de un tiempo a esta parte leo con los ojos cerrados.

O sea, que me he aficionado a los audiolibros.

A base de escuchar muchos, me he dado cuenta de que hay algunos que me ponen nervioso y otros que me tranquilizan. La mayoría, me entretienen.

Desde que el otro día me escribió una persona ciega, desde Argentina, también he empezado a grabar los posts de Viena Directo, y confieso que encuentro muy placentero y descansado escucharme, no ya mientras viajo en el tren sino, por ejemplo, mientras realizo las labores de mi hogar, como por ejemplo planchar.

Del mismo modo que, de vez en cuando, hojeo los artículos antiguos del blog, no solo para entretenerme, sino también para intentar tener un atisbo de lo que puede sentir un lector al leerlos por primera vez (y así tratar de mejorar) pienso que, dentro de unos meses, será también agradable viajar por las grabaciones antiguas y escuchar este o aquel post, mirando la negrura de la noche invernal sobre la campiña austriaca, mientras voy o vuelvo a mi casa.

Y no solo eso: desde que vivo en Austria, mi afición a la televisión ha ido remitiendo poco a poco y cada vez soy más aficionado a la radio. Y quien dice a la radio dice a los podcasts o a los audiolibros. Permiten trabajar (revelar fotos, por ejemplo) mientras uno está aprendiendo y permiten leer los libros con la luz apagada, justo antes de dormir.

Debido a todas estas razones, he decidido ampliar siempre que pueda el archivo de textos hablados de Viena Directo y además añadir, como hoy, otras cosas ajenas al blog pero de alguna manera conectadas con él.

El relato que presento hoy a mis lectores se escribió hace casi doce años (!Madre mía, como pasa el tiempo!) durante una nevada que me tuvo metido en casa varios días (en aquellos momentos, si nevaba yo no salía mucho; ahora, la verdad, me he vuelto más estoico).

En cualquier caso, recuerdo haberlo empezado mientras los copos golpeaban contra los cristales del balcón.

Una vez lo terminé, lo envié a un concurso literario. El que convocaba la fundación Max Aub, sita en Segorbe, un pueblo muy bonito de Valencia. Este premio es quizá el más bonito en el que yo he participado, porque el jurado es el mismo pueblo de Segorbe, que se lee los cuentos y le da a un jurado compuesto de varios escritores profesionales una selección de diez cuentos de los que salen el finalista y el ganador.

Yo quedé finalista y el premio fue visitar Segorbe, asistir a la entrega de premios y pasar un fin de semana allí. Tuve el desconcertante placer de conocer a Rafael Chirbes (no le debí pillar en el mejor fin de semana de su vida, por cierto) y también estuve dando una pequeña conferencia a los alumnos del instituto de Segorbe, en donde les expliqué coas relacionadas con mi inveterado amor por la lectura y la escritura, y traté de explicarles a los adultos que allí había (entonces yo era ya adulto, pero tengo que decir que para muchas cosas me sentía más cerca de los chavales) que los chicos leen ahora quizá más que nosotros. Lo que pasa es que leen otras cosas. Sobre todo en el móvil.

A partir de mañana, si tengo tiempo, mis lectores encontrarán la huella sonora de Viena Directo en una nueva sección de la página principal. Se va a llamar „Lo que yo te diga“. Ahora, espero que disfruten con „Un viaje a Ítaca“, el relato que he grabado hoy.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

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