La pregunta del millón

Hoy trataremos de contestar una pregunta delicada que, más tarde o más temprano, nos hemos hecho todos los emigrantes.

9 de Julio.- Una de las diferencias entre España y Austria es un fenómeno que yo llamo « la intensificación del domingo ». Esto es : aquí se nota muchísimo más que es el último día de la semana, el dedicado al descanso. Aquí, en domingo cierra todo, para desesperación de muchos que vienen mal acostumbrados de otras latitudes y que no se dan cuenta de que, se mire por donde se mire, tener la necesidad de ir un domigo a las siete de la tarde a Ikea a comprar unas estanterías Billy implica solamente que necesitas urgentemente un cambio de vida.

En Austria, el domingo sirve para lo que debería servir en todas partes : o sea, para hacer lo que a uno le gusta, para desconectar.

Con este motivo, me eché ayer a la carretera con la bicicleta y me hice unos cuantos kilómetros hasta llegar al bonito pueblo de Podersdorf, marco-Incomparable-de-belleza-sin-igual, a orillas del lago Neusiedl.

Di que me estaba comiendo un helado de albaricoque y limón cuando me encontré con un español que, casualmente, es casi vecino mío en Viena.

Estuvimos intercambiando nuestras razones para estar en Podersdorf y luego, quizá sin pensarlo, me dio el tema del post de hoy.

Todos los inmigrantes, trasterrados, expatriados o lo que sea, nos hemos hecho esta pregunta alguna vez. ¿Volvemos ? ¿Cuándo volvemos ? ¿Merece la pena volver? ¿Qué tengo que pensar antes de volver?

Yo voy a empezar dejando sentada una verdad que a mí me parece evidente y es el hecho incontrovertible de que nunca se vuelve. Porque no se puede volver. Volver sería posible si uno pudiera poner el contador a cero, no solo de la vida propia, sino de las de los demás. El destino del emigrante es que las vidas de los que deja atrás van rodando mientras él está, como Ulises, buscando el camino de vuelta a Ítaca. Sin embargo, cuando vuelve a pisar la isla, se da cuenta de que los pretendientes de Penélope han hecho de las suyas o que la misma Penélope es una señora desconocida con la que uno no tiene nada que ver. En otras palabras : todo el mundo está preparado para el trauma de irse, pero el de volver, sobre todo pasado cierto tiempo, se las trae.

¿Cuándo volver ? En mi opinión, uno debe volver cuando sienta y piense que todavía está a tiempo. Esto implica que hay un momento a partir del cual volver es cada vez más y más difícil, porque el país de acogida es ya la casa de uno, y uno empieza a ser extraño en el país en el que nació. ¿Es eso posible ? Lo es, naturalmente. Naturalmente, como aquellos que compraron piso durante la burbuja inmobiliaria y se entramparon a cincuenta años, todos pensamos que volver siempre es posible. Los de los pisos, pensaban : si me va mal, lo vendo y ya. Los inmigrantes procuramos hacer oidos sordos al hecho de que, pongamos pasados dos años, quizá tres, uno está muy cerca del punto de no retorno, porque en tres años, el agujero que uno dejó tras de uno se ha cerrado para no volver a abrirse, y la vida en la que uno fue imprescindible ha dejado de existir para transformarse en otra cosa. A uno le siguen acogiendo bien, pero ya va de visita. Es distinto.

Todos los que llevamos viviendo fuera mucho tiempo y hemos vuelto alguna vez sabemos que, por lo menos los primeros tres días, son duros, porque uno está en un sitio cuyas reglas ha empezado a desconocer. Luego, la sensación se va mitigando, pero no termina nunca de disolverse.

¿Hay que volver? ¿Merece la pena volver? Naturalmente, es una pregunta muy personal, pero yo diría que es lo mismo que para otras cuestiones cruciales de la vida ¿Tiene que casarse uno? (O mejor ¿Cuando uno se casa está pensando en divorciarse?). Pues igual. En general yo creo que para estas cosas no conviene obsesionarse y que lo importante, si uno decide volver (o no) tiene que tratarse de una solución meditada y no tomar decisiones a golpe de emoción (tanto de buenas emociones como de las malas, porque hay también un cierto enamoramiento irracional del emigrante del que quizá hablemos otro día).

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2 Responses to La pregunta del millón

  1. María dice:

    Yo he notado que cuando se van alargando contratos, conociendo gente, siempre se piensa en algún momento volveré pero a la vez ese momento está un poco más lejos. Llevo 5 años aquí y sinceramente, cada vez veo más real el irme a pasar la pensión y eso que aún tengo 30

  2. Rosa dice:

    Tienes toda la razón,Es difícil volver ,Estas desligado de tu tierra ,De tu familia ,De todo.

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