Simón Wiesenthal (2)

judio ortodoxo en VienaA veces, un hobby inofensivo, como coleccionar sellos, puede ser clave para detener criminales.

La primera parte de esta historia está aquí.

21 de Julio.- Despues de ser detenido en Lemberg, en Ucrania, Simón Wiesenthal pasó por un total de doce campos de concentración y de trabajo, entre ellos Buchenwald. En mayo de 1945 fue liberado cuando se encontraba preso en el campo de trabajo de Mauthausen, en las cercanías de Linz.

Terminada la guerra mundial, Simón Wiesenthal se puso en contacto inmediatamente con las autoridades americanas y les facilitó una lista con 91 nombres de criminales nazis. Ya en Julio de 1945 los americanos le encargaron que buscase a Adolf Eichmann, el cual, entre unas cosas y otras no fue detenido hasta 1960, en Argentina, en el curso de una operación de los servicios secretos israelíes que dio la vuelta al mundo.

No volvió a ver a su mujer hasta el final del último año de la segunda guerra mundial.

La única hija de Simón Wiesenthal nació en 1946. Un año más tarde, Wiesenthal fundó una primera organización que se dedicaba a reunir información suministrada por los supervivientes del holocausto y a formar a los judíos supervivientes que, en aquella Europa que luchaba por la reconstrucción, no tenían posibilidades de volver a sus países de orígen. De cualquier manera, esta primera organización tuvo que cerrar en 1954. En plena guerra fría, ninguna organización estatal se implicaba en los esfuerzos de Simón Wiesenthal por buscar a los criminales nazis que habían escapado de la justicia aliada.

En 1961 Simón Wiesenthal fundó el Centro de Documentación Judío, que sobrevivía a base de donativos privados.

Quizá de lo anterior pudiera deducirse que Simón Wiesenthal era un hombre de una extraordinaria fortaleza. No era así. Las durísimas experiencias por las que había pasado lo convirtieron en un hombre traumatizado durante toda su vida. Él mismo contaba que un día, al salir del colegio, su hija le preguntó „Papá, ¿Qué clase de personas somos nosotros? Todos mis amigos tienen tías, primos, abuelos, abuelas…En cambio nosotros no tenemos a nadie“. Wiesenthal contaba que, incapaz de contestar a su hija, se echó a llorar amargamente.

La familia Wiesenthal había perdido a 89 miembros en el holocausto. Wiesenthal presentaba todos los síntomas de una persona traumatizada. Sufrió insomnio durante toda su vida, insomnio que combatía, por cierto, con su afición a coleccionar sellos meticulosamente.

A la postre, esta afición de Wiesenthal fue clave en la detención de Adolf Eichmann. Por medio de otros coleccionistas, residentes en Argentina, Wiesenthal localizó el rastro de Eichmann en 1953. Pronto encontró a investigadores que se ofrecieron a identificar al criminal nazi. Sin embargo, Wiesenthal funcionaba con una gran precariedad de medios económicos. Se dio cuenta de que necesitaba 500 dólares para pagar el transporte de los investigadores hasta Argentina. Le pidió el dinero a Nahun Goldmann, el presidente del congreso mundial judío, que se lo negó. Wisenthal acudió entonces a los servicios secretos judíos, que montaron una espectacular operación para secuestrar a Eichmann (cosa que consiguieron) y le juzgaron en Tel Aviv en un proceso que fue un acontecimiento mediático a nivel mundial.

Hasta ese momento, Eichmann había conseguido sobrevivir, bajo identidad falsa, ayudado por diplomáticos argentinos, la iglesia católica y la CIA.

Según muchos investigadores, Eichmann se convirtió en un colaborador fijo del Mosad y recibía de los servicios secretos israelíes un sueldo regularmente, dinero que le ayudó a financiar a Wiesenthal su centro de documentación.

A partir de entonces, Wiesenthal emprendió una persecución incansable de los criminales nazis. Una persecución que no siempre fue a gusto de todos, como veremos en el próximo capítulo de esta historia.

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