Háblame en serio, hazme “de reir”

Él o ella hacen un chiste, el/la aborígen no lo pilla. Frustración en la pareja ¿Por qué sucede? Viena Directo te lo explica.

22 de Agosto.- Desde que empezó a mejorar el tiempo, voy de mi casa a la estación del tren, el cual me lleva al metro y que luego me lleva al trabajo, en bicicleta.

Al principio, lo de montarme en la bici a las seis y media de la mañana me daba, utilizando la expresión francesa, bastante purcual, pero tengo que reconocer que, conforme fueron pasando las semanas, he llegado a agradecer este rato que tengo solo para mí.

Hoy, mientras pedaleaba hacia el tren, me he acordado de pronto de que, en tiempos no tan lejanos, por algunas cosas (en mi opinión bastante inocentes) que he escrito en Viena Directo, he llegado a recibir amenazas. Sí, sí, ha habido energúmenos que me han querido denunciar. De quienes las profirieron, claro, no se pueden decir demasiadas cosas buenas. Ni de su salud mental –la gente que está bien de la cabeza no va por la vida amenazando- ni de su salud sexual –aquí no voy a utilizar el verbo que empieza por fo y termina por llar, porque aunque venga del latín folgare, luego me dice mi madre que estas cosas me restan valor como escritor.

En fin : pedaleando, me he dado cuenta de que generalmente las amenazas estaban motivadas por artículos humorísticos –o que a mí me lo parecían por lo menos-.

Yo calibro cómo de humorístico es un artículo generalmente por lo que yo mismo me río escribiéndolo o por lo que se ríen mis amigos –cuando hablamos por teléfono yo aprovecho para probar con ellos chistes que luego uso-.

En mi familia, en general, somos creo bastante graciosos, aunque esté mal que yo lo diga. De hecho, somos tan graciosos que, cuando alguien a mí me dice que lo soy, me siento un poco como el patito feo que, de pronto, se ha convertido en cisne, porque, de entre la gente graciosa que hay en mi familia, mi hermano, por ejemplo, es muchísimo más gracioso que yo, que soy tirando a del montón.

Como yo no era el más gracioso de mi familia y me vi obligado a aprender de los maestros (mi hermano, mi padre, mi madre, la única mujer de España a la que le caducan las coca-colas en la nevera, mis abuelas, cada una en su estilo) esto del humor, como dicen los pedantes, me ha « ocupado y me ha preocupado mucho » . ¿Por qué hay gente graciosa y por qué, como dicen en Andalucía, hay gente « con mala follá » ? Esta cuestión todavía se volvió más acuciante cuando vine a Austria a vivir, porque descubrí que había cosas que a nosotros nos matan de risa pero que a los aborígenes no.

Mi teoría inicial cuando aún vivía en España era que para ser gracioso había que ser relativamente inteligente (claro, me dejaba a mí en buen lugar). Pero claro, cuando vienes aquí y compruebas que el humor no es universal, también piensas que tiene que haber algo más.

Entonces pensé que el humor debe de ser una manera de defenderse y a lo mejor lo de defenderse viene porque se es más sensible que los cenutrios que, por lo general, pueblan este planeta –ver párrafo 2- y que eso no tiene que ver con la nacionalidad. Así pues, austriacos y españoles nos defendemos de diferentes cosas y por eso nos reimos de diferentes cosas.

¿Y la inteligencia ? Entonces me di cuenta de que los chistosos tenemos una cualidad diría que deportiva, una elasticidad mental y que lo mismo que Cristiano Ronaldo necesita velocidad para los regates –y la velocidad del cuerpo es la inteligencia de la cabeza- para ser gracioso de verdad, ocurrente, se necesita rapidez mental, y un instinto de gol, que podría llamarse instinto de chiste. Se necesita memoria, y se necesita capacidad de asociación. Una persona aguda y ocurrente, como un buen delantero, siempre tiene que estar anticipando lo que va a pasar en la cabeza de quien le escucha. De esa capacidad de anticipación sale la fórmula del chiste latino. El chiste latino se basa en que yo te doy uno y uno para que tú, en tu cabeza, sumes y obtengas un dos que no te esperas y que esa asociación imprevista te haga reir.

El humor español –y eso lo sabe todo el que tenga una pareja aborígen- fracasa porque los aborígenes no están entrenados para hacer esa suma. Tú les das los elementos y ellos no saben hacer la operación que les hace reir. Se ríen de otras maneras, de otras cosas. Pero eso, eso precisamente, no lo saben hacer.

Otro elemento muy gracioso que los aborígenes no saben utilizar es la ironía. No la registran. En una mente austriaca no existe la concepción de que alguien que te dice algo y te da la razón puede estar pitorreándose de ti de la manera más inmisericorde. Y esto, de nuevo, es porque no lo aprenden.

Para que un chiste funcione, tiene que haber también un territorio de juego común. Un conjunto de categorías que compartan el que produce el chiste y el que lo escucha. Por eso funcionan tan bien « los chistes de » (leperos, de gays, de vascos, de andaluces, de manchegos, de guardias civiles…). Una de las reglas de un buen chiste es que, cuanto más definida está la comunidad objeto del chiste, mejor funciona. Porque el territorio común que manejan el receptor y el emisor aumenta la velocidad de la reacción. Un factor vital.

Soy consciente de que el post del otro día sobre los peligros de la testosterona no le hizo gracia a todo el mundo.

Se da la circunstancia de que yo me considero feminista pero tengo el corazón partío, porque como persona aguda que creo que soy, no puedo dejar de reconocer las interminables posibilidades que ofrecen las feministas, los veganos, la gente del opus, los aficionados al Real Madrid, los hinchas del Forum Filatélico, los fanes y las fanas de Conchita Wurst y grupos de personas semejantes, aunque las comparaciones entre unos y otros sean, naturalmente, odiosas (folklore definido, rasgos muy reconocibles principalmente). Cuando más definido está un sistema ideológico, más armas se le da al enemigo para que se cachondee de ella.

Que esa ideología sea decente o válida es, por desgracia, lo de menos.

Esto nos lleva a otro punto de reflexión. ¿El humor debe tener tabúes ? Las feministas y los veganos (y las veganas, no es cosa de discriminar), los del Opus, los del Real Madrid y los fanes y las fanas de Conchita, dirán que sí, naturalmente. Porque para ellos hay cosas tan importantes de las que uno no se puede reir. Nadie se ríe de lo sagrado. A todos los demás, en cambio, reirnos de las contorsiones lingüísticas que hay que hacer en un idioma, como el español, que se ponga la gente como se ponga no tiene género neutro, o de Chesterton no solo nos resulta muy fácil sino también, desgraciadamente para « la causa » (para « las causas ») sumamente eficaz.

A mí me parece que el humor no debería tener tabúes.

O los mínimos posibles. Es más : me parece un signo de salud mental el poder reirse de cualquier cosa. Incluidas las sagradas. O quizá con más ahínco de las sagradas. La incapacidad de reirse de cualquier cuestión es un signo ineludible de fanatismo y los fanáticos son siempre gente peligrosa, porque no atienden a razones, ya que en su lista tienen puntos « no negociables ».

Y esa gente, con perdón, austriacos o españoles, no es de fiar. Que luego, a nada que te descuidas, te denuncian.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

Un comentario a Háblame en serio, hazme “de reir”

  1. Anselmo dice:

    El sentido del humor nos ayuda a sobrellevar los sinsabores de la vida.

    He conocido a muy pocos germanos, pero me consta que tienen un sentido del humor que no tiene nada que envidiar al nuestro. Quizá sean un poco más fríos o inhibidos de entrada.

    En cuanto al feminismo desbocado, lo considero una aberración, un completo delirio absolutamente pernicioso. Ya que lo que hay que buscar es eliminar las discriminaciones por razón de sexo, o por carencia del mismo.Y no dividir artificialmente al Hombre en función estos detalles, con la finalidad de convertirlo en ganado humano.

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