Soy una cámara

Hoy mi confianza en el ser humano (en el ser humano vienés, principalmente) ha subido varios puntos. Verán mis lectores el por qué.

1 de Septiembre. – La historia de hoy empieza justo un momento después de hacer esta foto.

Ify

El modelo se llama Ify. Es senegalés pero vive en Atenas. Es modelo profesional y entrenador personal.

Ify quería que le hiciera fotos con traje porque, cuando contactó conmigo, de broma, me dijo que había gente que piensa que él va por ahí como le acaban de ver mis lectores. A Ify, sin camiseta, no le falta el trabajo y ha hecho muchas campañas en Grecia sobre todo de productos de fitness y cosas así, pero quería tener en su portfolio otro tipo de imágenes, para ver si había suerte y, de vez en cuando, podía trabajar más vestido.

Como a mí me gusta hacer siempre, antes de que viniera Ify yo ya había colocado las luces con calma, puesto el fondo y comprobado que todo funcionaba bien. Cuando llegó con su amigo, nos presentamos y nos contamos un par de cosas. Saqué la conclusión de que Ify era un bendito, un hombre de enorme paciencia (tuvo ocasión de demostrarlo, como se verá en un momento) y, sin más, le dije que si no le importaba ponerse en la marca para hacer una última prueba con los flashes del estudio.

Jasmin brownie

Ify ya se había quitado la camiseta para cambiarse y ponerse el traje pero, muy profesional, se puso en la marca, yo tiré un par de fotos y, después de hacer la que ya conocen mis lectores, sucedió la catástrofe. Ocurrió lo peor que le puede pasar a un fotógrafo en una sesión y es que la cámara se negó a funcionar en condiciones.

Qué calamidad.

A mí empezaron a correrme las gotas de sudor. Intenté corregir el fallo por todos los medios pero sin resultado. Cuando pasó un cuarto de hora Ify, su amigo y yo, renunciamos a la sesión de fotos. Me ofrecí a invitarles a un café por las molestias. Encantadores, Ify y su amigo me dijeron que no, que ya habría tiempo en la próxima ocasión (quedé en compensarle con otra sesión de fotos), se marcharon y yo, con mi fatalismo típicamente latino, me dije que había llegado la hora de cambiar mi cámara, compañera de tantas batallas.

Mi cámara para mí, como para todos los fotógrafos, es más que un instrumento de trabajo, es una extensión de mi cuerpo. Sin duda, junto con mi ordenador, mi posesión más preciada (de hecho, mi amigo Daniel Utrilla, entre los diseñadores la octava maravilla, cuando se enteró, no dudó en mandarme un mensaje de pésame).

Ayer viernes, no pude, pero hoy sábado me he echado a la calle. Mi primer pensamiento ha sido ir a la Westbahnstrasse, a la misma tienda en donde compré mi cámara. Es una tienda (no diré el nombre, porque no me pagan) de la que se puede decir lo mismo que de los buenos dentistas. Precios ajustados y nunca te venden nada innecesario. Como soy un antiguo, a mí me gusta que me atiendan seres humanos y, siempre que puedo, no darle a Amazon el gusto (y las perras).

Viorel 2ac

Mi proveedor favorito estaba de vacaciones. Así pues, me he bajado calle abajo hasta el Museums Quartier, disfrutando de la mañana prematuramente otoñal.

En el MQ me he metido en la librería de arte que hay y me he comprado un libr(ac)o. Naturalmente, de arte.

Cuando iba para mi casa, me he acordado de que en la Schönbrunnerstrasse hay también una tienda de cámaras de fotos. Una tienda pequeña. Me he dicho:

-Hala Paco, a ver si ahí hubiera lo que tú quieres.

Al entrar en la tienda, había un hombre casi anciano tras el mostrador. Como soy torpe, al entrar me he enganchado con la bolsa con el librote de arte y casi me rompo los piños contra el mostrador. El hombre se ha hecho cargo.

Le he saludado y le he contado mi problema:

-Buenos días, mire usted: yo tengo una cámara Nikon del modelo X que ha empezado a morir.

-¿Qué quiere usted decir con que ha empezado a morir?

-Pues mire usted que el obturador se engancha y..

-Y sale una raya negra en las fotos.

-Exactamente. Y quería comprarme otra.

-Pero ¿Por qué? Su cámara es un aparato muy robusto, no sea tonto. Puede ser que esté sucia y que sea por eso que se engancha. Tráigamela y la miramos, a ver si se puede hacer algo, porque es una pena tirarla.

maxi-9a

-Claro, si yo es que además estoy muy contento con ella.

-Pues nada, quedamos en eso. Traígamela y se la miramos sin compromiso. Y si merece la pena arreglarla pues eso que se ahorra usted.

Otro con menos amor a su oficio y, sobre todo, con menos decencia, me hubiera vendido una cámara. Y sin embargo este hombre ha preferido tener un cliente para el resto de su vida (yo) que una ganancia fácil.

Mi confianza en el ser humano ha subido hoy varios puntos y por eso quiero dejarlo aquí dicho.

(por cierto, para ilustrar este artículo, dejo aquí unas cuantas fotos de las últimas sesiones, por si hay lectores que se animan).

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

Un comentario a Soy una cámara

  1. Anselmo dice:

    Una pena la foto de la mujer, con ese cuerpo tan bello pero cubierto de tatuajes horteras.

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