Es peligroso asomarse al interior

Le han echado, no se ha marchado él. Y supongo que lo que más le ha dolido es que nadie ha movido un dedo para defenderle. Mundo cruel.

5 de Septiembre.- Ahora ya menos, pero me acuerdo que, cuando llegué a Austria, una de las cosas que más me preguntaba la gente era por qué empresa de telefonía móvil me dejaba chupar la sangre. Los austriacos estaban todo el día en un frenesí comparativo de tarifas. Que si pago más, que si pago menos y no dudaban en pasarse a la competencia a la mínima sospecha de estar pagando un céntimo más de lo necesario.

Quizá a alguno de mis lectores les parezca una frivolidad, pero yo creo que esto dice mucho del carácter de un pueblo.

En general, los celtíberos tendemos a « casarnos ». No digamos en política. En Celtiberia, si uno nace en una familia de izquierdas, es muy probable que –salvo enfermedad mental, traumatismo craneoencefálico grave o decepción amorosa no curable en first dates- morirá siendo de izquierdas. Si de derechas, ídem. Algunos casos hay de personas que, en su mocedad, « militaron » en el Partido Comunista y hoy escriben (o se los escriben) libros de historia ficción en los que defienden las bondades de la dictadura de Franco, pero aún en estos casos, no se puede descartar el traumatismo ni la decepción amorosa y, en cuaquier caso, las personas serias tienen a este tipo de indivíduos por entes con quienes uno no iría ni a la vuelta de la esquina a por cien gramos de jamón de York.

El diputado Efgani Dönmez, austriaco de ascendencia turca, no ha pasado, como cierto escritor celtíbero, de las filas del maoísmo a la militancia ultraderechista más bronca, pero la verdad es que ha recorrido transversalmente todo el espectro ideológico austriaco como si el lema de su vida fuera la famosa frase de Groucho, esa de « estos son mis principios, si usted quiere los cambio en un momento ».

Empezó Dönmez en los Verdes (die Grünen) quizá porque debió de pensar que dónde si no, en qué partido austriaco, iban a dejar entrar (y, sobre todo, ascender, que es una cosa que para Dönmetz no carece de importancia) a alquien tan morenito como él.

Uno, a la luz de su carrera posterior, le imagina tragando mecha en las convenciones del partido, entre partidarios de las hamburguesas veganas confeccionadas solo con acelgas cosechadas a partir de la media noche momento en que, como es sabido, sufre menos la planta cuando es separada de la Pachamama ; entre miembros de minorías étnicas (entre ellas, la turca) que a Dönmez le importaban un pirulí (aunque, naturalmente, demostrase lo contrario de dientes para afuera) ; haciéndoles la ola a las feministas más radicales, diciendo aquello de « aquí tiene usted a un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo », como decía López Vázquez en Atraco a las Tres. Todo, por la causa. La de Dönmez, por supuesto.

Si uno conoce bien al personaje, cuando en el barco de los verdes empezó a entrar agua, Dönmez se apresuró a lanzar bengalas de señales a la competencia. Diciendo por ejemplo que aquellos turcos en los que concurriera la circunstancia de estar de acuerdo con Erdogan y vivir en Austria, deberían ser expulsados del país.

Cuando los inventores de Sebastian Kurz como artefacto mediático decidieron que había llegado la hora de dar el golpe de mano definitivo, comprendieron que en el vetusto partido popular austriaco hacía falta un algo diferente, para intentar que el votante creyera que su artefacto mediático era conservador en lo económico pero liberal en todo lo demás (todos sabemos que la principal virtud de Sebastian Kurz para los fines de quienes lo pusieron donde está es que carece de ideología propia, fuera de un confuso barniz democristiano). Alguien se acordó entonces de Dönmez. Un verde. Qué mejor. En el nuevo ÖVP de Kurz todos tienen su sitio y el de Dönmetz era aportar la nota de multiculturalidad a la espalda del canciller Kurz.

Se fichó a Dönmez pues y el que fue verso suelto con los verdes se concentró a ser verso suelto en el ÖVP. Sin embargo, está visto que calculó mal hasta qué punto. Efgeni Dönmez ha sido fulminantemente expulsado del partido conservador austriaco por un tweet en el que hacía comentarios sexistas a propósito de una político rival. Las explicaciones de Dönmez han sido hasta ahora bastante confusas y, en todo caso, nada satisfactorias. Supongo que lo que más le habrá dolido es que nadie en el ÖVP ha parecido lamentarse. Tras él, se ha cerrado una puerta que nunca más volverá a abrirse. Aunque algo me dice que no será el fin de la carrera política de Dönmetz.

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Un comentario a Es peligroso asomarse al interior

  1. Anselmo dice:

    Maquiavelo, refiriéndose a la adquisición del poder político, dijo: El drama de los hombres es que no sabemos ser ni enteramente buenos ni eternamente malos.

    El caso que describes en tu artículo es el de un político víctima de un destello de sinceridad que no ha podido reprimir.

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