Cerebro y trabajo

En este artículo se hace una pregunta. De la respuesta que cada lector le dé, dependerá que el artículo le guste más o menos.

16 de Septiembre.- La realidad es una construcción. Nosotros mismos, nuestro yo, somos una construcción de nuestro cerebro. Y de nuestro cerebro sabemos, naturalmente, bastante poco. Digamos que podemos observarlo en funcionamiento, pero estamos bastante lejos de saber en profundidad que pasa en la cabeza de la gente todos los días, a todas horas, en todos los minutos. En algunos casos, afortunadamente, qué duda cabe. Que nuestro yo y la realidad son una construcción que nuestro cerebro elabora para nosotros se ve fácilmente cuando se toca una de las piezas que participan en la construcción de ese yo. Basta, por ejemplo, con que perdamos la memoria, total o parcialmente, para que dejemos de ser nosotros, basta con que nuestro sistema endocrino segregue unas hormonas u otras y el cerebro nos dirá que vivimos en el mejor de los mundos posibles o que la perfidia del mundo y sus habitantes lo único que merecen es que digamos adios mundo cruel y nos tiremos a las vías del metro.

La realidad es tan inabarcable, tan vasta, tan impresionantemente compleja, que el cerebro produce para nosotros el menú y nosotros lo consumimos soñando que estamos aquí, de estas prisiones cargados y soñamos igual que en otro estado más lisonjero nos vimos, porque ya dijo Calderón que la vida es frenesí, sombra y ficción y que el mayor bien es pequeño porque los sueños están hechos de la materia de la que está hecha Juego de Tronos.

En nadie como en los políticos se ve esto mejor.
Ellos, dependiendo de su ideología, cogen la realidad, la mondan y escogen tal o cuales aspectos, dependiendo.

Por ejemplo: el próximo miércoles está convocada en Austria una cumbre para estudiar los problemas del mercado de trabajo de EPR.

El mercado de trabajo va como una moto, por cierto, el paro baja y de hecho hay puestos que no hay manera de cubrir porque no hay aspirantes a cubrirlos.

En esta cumbre sobre el mercado de trabajo el Gobierno derécher-ultraderécher se va a reunir con los actores que componen ese mercado, entre ellos con un grupo de economistas.

Hoy se ha sabido que este grupo de economistas y el Gobierno, o sea, los cerebros de los miembros del Gobierno y los cerebros de los economistas, ven la realidad del mercado de trabajo austriaco de muy distintas maneras.

Los cerebros de los miembros del Ejecutivo ven la realidad de ese mercado de trabajo y dicen:

-Señores, aquí tenemos un problema: los jóvenes no encuentran trabajo porque hay demasiados inmigrantes y demasiados señores de estos de oriente medio y así no hay manera. Además los señores estos mahometanos viven de las ayudas oficiales y no quieren trabajar.

En cambio, ante la misma realidad, los economistas dicen:

-Señores, el problema principal del mercado laboral austriaco es que los mayores de cincuenta años que se quedan en el paro lo tienen crudo para encontrar un curro. También sucede que los inmigrantes, que nos hacen falta para cubrir los puestos que la población austriaca no puede cubrir (por razones demográficas, o por lo que sea) no encuentran trabajos de acuerdo con sus cualificaciones porque no saben hablar la lengua del país en condiciones. El Gobierno debería, pues, intentar tomar medidas para que los trabajadores más mayores encuentren trabajo y ayudar a los trabajadores migrantes a aprender alemán para que puedan trabajar y así levantar el país.

En estas cosas, como en casi todas, hay dos posibilidades, elegir entre la ideología y los números.

La ideología ya sabemos lo que dice (por otra parte, ni en el bachillerato ni en la formación profesional para protésicos dentales se habla mucho de economía, así que el señor canciller y el señor vicecanciller solo tienen la ideología a lo que agarrarse, a falta de otros conocimientos). Las estadísticas, los datos, están de parte de los economistas. Mientras un trabajador de menos de veinticinco años tarda alo más de dos meses en encontrar un puesto en el que demostrar lo que vale, un desempleado de más de cincuenta tarda casi un año.

Asimismo, hay una correlación directa entre el nivel de alemán y el sueldo que recibe un trabajador por su labor.

La pregunta es siempre la misma. Para según qué cometidos ¿Deberíamos elegir cerebros que seleccionen la realidad por ideología o por los datos? Dependiendo de su respuesta a esta pregunta le habrá gustado a usted este artículo más o menos.

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Un comentario a Cerebro y trabajo

  1. Anselmo dice:

    Los idiomas son una barrera aduanera invisible. Este hecho constituye una evidente estafa a los paises de la UE a los que se les ofreció la posibilidad de exportar mano de obra como compensación al quebranto que iban a experimentar sus sectores industriales al desmantelar sus barreras arancelarias, y justifica el que países como Alemania indemnizen a a países como España por este desequilibrio.

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