El ferralla de la unión

Salzburgo. Famosa fuente de los caballosPor algún extraño motivo, el Gobierno austriaco ha elegido Salzburgo para celebrar una cumbre que será recordada como «la cumbre».

20 de Septiembre.- Anualmente, los ricos de este país y algunos del extranjero se reúnen en Salzburgo, en ese teatro semi excavado en la roca que el mundo conoce porque es uno de los escenarios de la película Sonrisas y Lágrimas (la familia Von Trapp canta un popurrí de sus grandes éxitos que termina con todo el público cantándole a los nazis la canción que muchos americanos toman por el himno nacional austriaco : Edelweiss). En fin: anualmente, en ese mismo teatro, durante las Festspiele, suelen hacerse montajes de óperas que suelen tener un aire «moelno». Yo qué sé, imagínense mis lectores que toca El Rapto en el Serrallo, pues lo que se hace es que el serrallo en cuestión se sitúa en una sauna gay de esas que suelen utilizar como lugar de reunión ciertos virtuosos de la flauta mágica.Todo así.

Como nada hay que envejezca más deprisa que lo «moelno» estos montajes de Mozart y de Wagner suelen quedarse bastante ridis al cabo de un quinquenio, con lo cual, para todos los que vivimos aquí y tenemos cierto interés por la cultura, ver esos arcos familiares (los de ese teatro) implica necesariamente un cierto pitorreo.

Quién sabe por qué el Gobierno austriaco ha decidido organizar la cumbre que será (valga la rebuznancia) la cumbre de su presidencia europea no solo en Salzburgo (ese pueblo de cabras, dicho sea con todos los respetos) sino que las asambleas de barandas se van a celebrar en el mismo escenario que los von Trapp de la pantalla (o sea, Julie Andrews, Christopher Plummer y los chavales) utilizaron para cantar Edelweiss.

Al ver la foto de la mesa redonda en la que se librará no solo la batalla por el Brexit sino también en donde la competición por ser el jefe de estado más «xenófogo» de la Unión alcanzará nuevos y excitantes puntos álgidos, uno pensaba en el rasgo de humor (presumiblemente involuntario) de sentar a los jefes de Estado de la UE (alguna jefa también) en un escenario teatral, como si se tratase de un montaje de Calixto Bieito.

Ayer, los telediarios mostraron las imágenes de los mandamases llegando a Salzburgo en sus aviones. Se detuvieron especialmente en Viktor Orban, que aterrizó en la bonita ciudad que la imaginación popular ve poblada de gente rancia, en mangas de camisa, llevando –cosa insólita- él mismo una funda de cuero marrón en donde llevaba el traje que se pondrá para la reunión en la que le van a llamar de todo menos Hitler, y eso porque empieza por hache.

Parecía Orbán, con perdón, un ferrallista de Madrid al que hubieran invitado a una boda en un pueblo de La Mancha. Casi esperaba uno ver detrás de él a la mujer diciéndole al oido que se comportara, que cuando bebe se pone muy tonto, que él piensa que está haciendo el gracioso diciendo las tonterías esas de la europa islámica y la religión cristiana y las raíces católicas de Europa …

-Y lo que estás haciendo, Viktor, es ponerte en evidencia. Acuérdate de cómo te pusiste la última vez, que te tuvieron que sacar los chicos del restaurante a toda prisa porque no hacías más que tocarle el culo a las camareras. Tanto ir a la iglesia cuando estas sobrio y luego mira, te sale el oso de la tundra que llevas dentro.

Y Orbán, delante de ella, con la funda del traje a la espalda y esa cara de estar oyendo llover que ponemos los maridos cuando las santas o los santos nos tocan la moral.

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