La sustitución de los claveles

El sábado por la mañana es, se mire por donde se mire, un momento tonto para convocar una rueda de prensa. Te arriesgas a que no aparezca nadie.

6 de Octubre.- Hoy, totalmente por sorpresa (o bueno, por lo menos de la manera bastante imprevisible que se ha convertido últimamente en la marca de la casa), Christian Kern, ex canciller, ex cabeza visible del partido socialista, ha anunciado su retirada definitiva de la política profesional y ha dicho que quiere volver a ser un ciudadano privado dedicado a un trabajo „normal“.

Es la segunda retirada en el último mes. Porque, antes de abandonar la política profesional, Christian Kern había abandonado también la cabeza (la ingratísima cabeza) del Partido Socialista austriaco con la excusa de presentarse como candidato de ese mismo partido a las elecciones europeas que se celebrarán dentro de seis meses. Aquella primera retirada tuvo como resultado una carambola que hizo las delicias de los comentaristas políticos y fue que, por primera vez en su larga historia, el partido socialista austriaco haya terminado siendo dirigido por una mujer. Una mujer con un perfil muy particular para el puesto. Tan particular, como que solo era miembro del Partido Socialista austriaco desde hace un año y medio.

Además, en el caso de Christian Kern, la retirada y posterior sustitución por Pamela Rendi-Wagner ha tenido como resultado que el gafe que ya parecía perseguirle desde que Strakurz llegara al Gobierno, no se haya sino agudizado. Llevaba meses siendo así, pero definitivamente Kern se ha convertido en el invitado pelmazo de la fiesta con el que nadie quiere sentarse. Tanto es así, que Rendi-Wagner, el otro día, no encontró otro argumento mejor para que la gente se ilusionase con ella, que decir que ella „no era Christian Kern“.

¿Y qué dice el damnificado a todo esto? Hoy, en la rueda de prensa convocada por sorpresa (y en sábado por la mañana, que siempre es un momento muy tonto, con la gente haciendo las compras de la semana) Kern ha dado algunas pistas de las razones de su marcha y, en general, de su personalidad. Kern es de ese tipo de personas que le encuentra la gracia a las cosas solamente cuando él lleva las de ganar. Y eso, cuando se está en la oposición, es una cualidad poco deseable. En el desierto se está solo y, si encima eres gafe, pues más. Y al Partido Socialista austriaco le quedan por lo menos tres años de desierto. Como poco. Kern se ha quejado de lo frustrante que es la política austriaca local, con su pequeñez. Lo que yo decía hace unos días: tener poder y luego perderlo debe de ser muy fastidiado.

¿En qué posición se encuentra ahora el SPÖ? Si el Partido Socialista fuera una persona y esa persona abriese Facebook en busca de un mensaje salvador para reinventarse, probablemente se encontraría cualquier tontería estilo Paulo Coelho, del tipo „en cada crisis hay una oportunidad, persigue tus sueños y lo lograrás“. Así de desesperados estamos. La situación podría compararse a la que ha atravesado el Partido Popular austriaco en la última década. El ÖVP era un partido de raíces democristianas en el que el fondo ideológico católico del electorado había sido el espinazo. Hoy por hoy la Iglesia pierde mucho peso en la vida política austriaca (sobre todo en las grandes ciudades, que en el campo es otra cosa -aún-). Durante mucho tiempo, al ÖVP le pasaba como al periódico español ABC, que no perdía lectores, sino que se le morían -de viejos-.

En el Partido Socialista austriaco pasa, en este momento, un tanto de lo mismo. La antigua masa obrera que era el corazón del partido se ha ido a la ultraderecha, porque es ese resto de la cadena trófica de la economía austriaca que teme perder su curro por culpa de „los extranjeros“ (no tienen ni idea de que quien les va a quitar el trabajo de aquí a diez años, probablemente sea una extranjera: una máquina fabricada en oriente).

¿Qué hacer para sustituir a esa gente que se ha marchado? El único espacio de crecimiento que tiene el SPÖ en este momento son la gente como Pamela Trendi-Wagner. O sea, urbana, culta, de poder adquisitivo medio alto y liberal (liberal, en el sentido de tolerante). Una obrera de una fábrica de Baja Austria es muy poco probable que sienta muy cercana a Pamela Trendi-Wagner.

Si miramos la evolución de Partido Popular austriaco, veremos que para „la nueva“ las perspectivas no son muy halagüeñas. Prácticamente una década de ese tipo de cabezas de cartel que daban bajonazo (por capillitas, por sosos, por traslúcidos, por…por todo). Una década tratando de dar con la fórmula, hasta que al final el „producto“, Kurz, ha salido adelante.

¿Tardará el SPÖ tanto en que le reverdezcan los claveles? (con perdón). The answer my friend, is blowing in the wind.

 

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