Romy Schneider: la mujer más triste del mundo (4)

Cuatro millones de marcos de 1957 eran una cantidad fabulosa de dinero. Sin embargo, Romy Schneider la rechazó sin dudar.

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7 de Octubre.- La primera película de la serie de Sissi fue un bombazo comercial, sobre todo en Europa, y Romy Schneider se convirtió rápidamente, gracias a ella, en una de las actrices más populares del continente, junto con su pareja en el cine (que no en la vida) Karl Heinz Böhm.

El padrastro de Romy Schneider se impuso entonces la tarea de administrar la carrera de Romy, y no solo la carrera, sino también las ingentes cantidades de dinero que la actriz, entonces aún menor de edad, ingresaba. Vistas desde hoy, uno no puede más que alegrarse de que, como se verá más tarde, Romy Schneider decidiera emanciparse en cuanto pudo hacerlo. Inmediatamente después de la primera de las películas sobre la emperatriz de Austria, el manager de Romy Schneider rechazó una propuesta de Luis Buñuel para trabajar con ella, también sendos remakes de películas alemanas que habían sido grandes éxitos en el periodo de entreguerras y también evitó el salto a Hollywood de Romy Schneider. La Disney había comprado los derechos de „Los Jóvenes años de una Reina“ la película de Marischka sobre la reina Victoria de Inglaterra y había mostrado su interés en hacer un remake con Romy Schneider, pero en Estados Unidos y con los poderosos medios de la industria hollywoodiense.

El proyecto fracasó porque el padrastro de Romy Schneider puso como condición que el rodaje no podía durar más de tres meses, al objeto de que el público europeo no „se olvidase“ de la naciente estrella.

Entretanto, redobló sus esfuerzos para conseguir que Romy Schneider volviera a interpretar a Sissi. La segunda película de la serie se rodó en 1956, con el mismo reparto que la anterior e idéntica ración de glucosa en el argumento y la representación. En cierto modo, las películas de Sissi, como fórmula, funcionaban como una especie de compañía teatral de repertorio.

Para convencerla de que se volviera a poner las crinolinas, el padrastro de Romy Schneider la dejó participar en la adaptación al cine de una de sus obras favoritas, titulada Robinson No debe Morir, en donde actuó junto con otro de los jóvenes actores de la época, Horst Bucholtz (mis lectores más cinéfagos podrán verle haciendo una divertida parodia de sí mismo en Un,Dos,Tres de Billy Wilder). En esta película, Romy Schneider interpretaba su primer personaje de clase humilde, para gran temor de su cancerbero profesional, que pensaba que el público de Schneider, acostumbrado a verle interpretar a inocentes niñas apenas salidas de la pubertad, no la aceptaría en este tipo de papeles. No fue así, y Robinson fue un éxito, algo más modesto que la segunda parte de Sissi, pero aún así muy considerable.

En 1957, también junto a Horst Bucholtz, Romy Schneider interpretó en París Monpti, con ocasión de cuyo rodaje viajó por primera vez a la capital de Francia. La ciudad la conquistó, sobre todo por el contraste que debía de haber entonces entre la ciudad luz y la relativamente provinciana y adormecida Viena de su tiempo. Después, vinieron Scampolo (otra comedieta rosa) y por fin la tercera película de Sissi, Sissí Emperatriz, como se llamó en español, que Romy Schneider solo aceptó rodar bajo la promesa de que sería la última vez que interpretaría el personaje (no sería la última; más tarde, como veremos, y bajo la dirección de Visconti, Romy Schneider volvería a ser Sissi, en la plenitud de su belleza).

Rechazó terminantemente volver a ser Sissi y para ello dejó de ganar una fortuna de la época. Los productores le ofrecían nada menos que cuatro millones de marcos de salario. Naturalmente, la desventaja económica no fue solo para ella, sino también para su madre Magda, cuya carrera cinematográfica se había convertido, más y más, en un satélite de la de su hija. A causa de ello, sus relaciones con su manager y padrastro se fueron deteriorando cada vez más, deterioro que no solo se manifestaba en lo profesional, sino también en el aspecto personal, dada la morbosa relación que la unía a su padrastro. Pero Romy Schneider ya estaba decidida a rebelarse y no había vuelta atrás. París la estaba esperando.

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