Romy Schneider: la mujer más triste del mundo (5)

En este capítulo, Romy Schneider encuentra no solo al hombre de su vida, sino que abre la puerta de su libertad.

11 de Octubre.- A principios de 1958, después de unas vacaciones por Asia en compañía de su madre y de su padrastro, Romy Schneider se fue a los Estados Unidos con su madre, primero a Nueva York y despues a Hollywood. La excusa fue la promoción de «Los jóvenes años de una reina » cuyos derechos de distribución había comprado la Disney, al ser imposible producir una versión en América, con Romy Schneider, debido a las exigencias de su padrastro y manager. El viaje fue muy exitoso y preparó el terreno para otros que vendrían.

De vuelta en Alemania, Romy Schneider se embarcó en lo que, a priori, era su papel más arriesgado hasta la fecha. Una histora de lesbianismo. En 1958, eran ganas de tener emociones fuertes. La película se llamó Muchachas de Uniforme, y la protagonizó Romy Schneider junto con Lilli Palmer, también curosamente, trabajó en la película Christine Kaufmann, la cual se casó más tarde con Tony Curtis. La película, a pesar de tocar un tema que, en la época era tabú, fue un exitazo sobre todo de crítica. Romy Schneider acababa de demostrar que quizá otras actrices hubieran podido interpretar las almibaradas peripecias de Sissi, pero que debajo de aquellas capas de merengue había una actriz. Una gran actriz.

En 1958, en Junio, empezó el rodaje de una película que sería trascedental en la vida de Romy Schneider. Se trata de Christine, un remake de una película de 1933 que adaptaba la obra de Schnitzler Liebelei. Romy interpretaba el mismo papel que había hecho su madre Magda 25 años antes. Su partenaire era el entonces aún relativamente desconocido Alain Delon. Delon tenía entonces lo que los franceses llaman la beauté du diable y Romy iba camino de convertirse en la mujer más hermosa de una generación de mujeres hermosísimas. La pasión fue instantánea y Romy y Alain Delon se convirtieron en pareja fuera de la pantalla.

Los dos tenían veinte años, eran guapos, solteros y ricos. Cuando se terminó de rodar la película, se marcharon a París. A la familia de Romy Schneider no le gustaba Alain Delon, por razones obvias. Intuían –como de hecho sucedió- que Romy iba a ser mucho más difícil de manejar y que la gallina de los huevos de oro se iría pronto a poner a otra parte. A pesar de que lo intentaron por todos los medios a su alcance, no pudieron romper la relación, así que le pidieron a Romy y a Alain Delon que, por lo menos, le dieran al asunto una apariencia lo más burguesa. En revolcón y revolcón, los amantes anunciaron al mundo su compromiso matrimonial en marzo de 1959.

Pero Romy Schneider no se había ido a Francia solamente porque estaba enamorada de uno de los tipos más guapos del continente, sino porque Francia significaba para ella librarse del yugo de su madre (una bruja) y de su padrastro (que abusaba de ella y la sometía a un férreo control). También Francia representaba para ella un reto, un futuro profesional que se abría ante ella. En Alemania tardaron muchísimo en perdonarle que hubiera dicho adios a la industria teutona por la francesa. En cualquier caso, en 1959, Romy Schneider, ya residiendo en Francia, cumplió los compromisos que tenía en Alemania (tres películas más bien tontainas y un telefilm) y se concentró en la capital de Francia la cual, desde el punto de vista artístico era entonces una de las ciudades más fascinantes del mundo. Quizá la más fascinante junto con Nueva York.

Al principio no lo tuvo fácil. Romy, vetada en Alemania, no era nadie en Francia. No tenía ofertas. Mientras tanto, la carrera de Alain Delon despegaba. El que sería mucho más tarde el contrincante más divertido de Asterix el Galo no cesaba de hacer una película tras otra. Sin embargo, tenía talento y la paciencia, al final, tuvo su recompensa. Delon había conocido a Lucchino Visconti durante el rodaje de Rocco y sus hermanos, y fue él el artífice de que Romy Schneider se transformara en una estrella francesa por derecho propio. Pero eso lo veremos, si tienen mis lectores un poco de paciencia, en el próximo capítulo de esta historia.

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