Una hora y media de paz

Hoy, me gustaría enseñarle a mis lectores una parte de mi vida que permanece relativamente discreta, pero que creo que les interesará.

15 de Octubre.- Entre encargo y encargo, a veces me gusta quedar con amigos para hacer fotos y probar cosas que luego utilizo en otras ocasiones. A., y yo nos conocimos en febrero, por mediación de ya no me acuerdo quién e hicimos una sesión de fotos.

Fue tan agradable, el trabajo tan fluido, que decidimos quedar otra vez.

Cuando empezó el calor, un día nos vimos para tomar una soda zitron (A., es un deportista que de verdad se cuida, cosa que, aunque parezca mentira, no hay que dar por supuesta de ninguna manera) y yo le dije que, aprovechando el verano, teníamos que salir un día a hacer fotos con luz natural y no con los flashes del estudio. Él me dijo que le tenían que operar de una rodilla -los deportistas sufren desperfectos, como todo el mundo, o quizá más que todo el mundo- y que, después de la operación de rodilla, como dicen aquí „gerne“, o sea, con mucho gusto.

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Quedamos en esto y la verdad, por una cosa o por otra, pero el verano a mí se me ha pasado de quehacer en quehacer y no ha habido forma.

Muy a la austriaca, sin embargo, hace cosa de un mes le pregunté si le apetecía ponerse de nuevo delante de mi cámara y él me dijo que sí.

El proyecto ha sido una variación sobre el tema que hablamos en un principio, con la catedral de San Esteban como fondo, y era el de usar la luz natural. Había un espacio que un amigo me ha permitido usar, y que era ideal. Paredes blancas y sol, mucho sol.

Hoy, hemos quedado a las once de la mañana y si la primera sesión fue estupenda, la segunda ha sido „estupendérrima“.

La verdad es que no sé qué ha pasado en estos meses en la vida de A., pero el hecho es que en su mirada, en su manera de mirar a la cámara, había hoy una cosa que antes no estaba, una textura nueva, y eso los fotógrafos no solo lo notamos, sino que lo agradecemos.

También ha sido una sesión muy silenciosa (otro motivo para el placer). Él me ha dicho:

-Paco, tú me dices cuando tengo que cambiar de posición.

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Y yo le he contestado:

-Cuando escuches el click de la cámara habré hecho una foto, y sabrás que tienes que cambiar.

Él ha sonreido y prácticamente ha sido así durante la hora y media que hemos tardado. No nos ha hecho falta más que cruzar unas cuantas palabras cada vez, para fijar dónde me iba a poner yo y dónde se iba a poner él.

Yo no sé qué pasa con los demás fotógrafos, pero a mí me resulta enormemente más fácil hacer fotos de gente que me cae bien. A., es un hombre educado, discreto y que emana una paz y una confianza que hace que sientas que, estando él cerca, no te puede pasar nada malo.

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Tiene aficiones sencillas. Le gusta el bricolaje y la carpintería, supongo que para compensar que tiene un trabajo que puede llegar a ser bastante estresante y duro psicológicamente. Es, en resumen, ese tipo de personas que parece incapaz de hablar mal de nadie.

Como digo, yo no sé qué pasa con los otros fotógrafos, pero a mí me resulta mucho más fácil trabajar con alguien con quien tengo alguna clase de simpatía personal, porque al fin y al cabo fotografiar a alguien es decir algo de ese alguien (y decir algo bueno).

Normalmente, con completos desconocidos, uno trata de crear esa afinidad desde cero. A mis clientes les llama mucho la atención que, antes de ponerme a hacer fotos, trato de conocerles un poco como personas. No lo digo, claro, pero me gusta preguntarles de dónde vienen, qué hacen, trato de saber si tienen sentido del humor. En parte porque naturalmente, a mí no hay nada que me parezca más fascinante que otro ser humano, y en parte porque me facilita el trabajo. Las fotos quedan mucho mejor cuando el cliente está relajado.

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En fin: creo que hoy A., y yo, aparte de pasar un rato muy agradable en compañía, hemos producido unas fotos muy bonitas.

Espero que a mis lectores les produzca lo mismo.

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Un comentario a Una hora y media de paz

  1. Rosa Echezarreta dice:

    Yo he visto otros trabajos tuyos y me parecieron muy bonitos,aparte de que pongas gente” guapa”

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