Está pasando

Se iban a reunir a darle un premio, pero en el último momento, ha metido la pata, ha escrito más de la cuenta, y ya no se lo entregan (dárselo…No está claro).

16 de Octubre.- Ottensheim es un pueblo de Alta Austria que, en la actualidad, tiene aproximadamente 4700 habitantes ( la Wikipedia da como cifra 4721, a 1 de enero de este año, pero dado que estamos en octubre, puede ser que algún habitante haya cogido algún mal catarro). A pesar de ser una población no muy grande, Ottensheim ha dado varios hijos e hijas ilustres, entre ellos Franz Dinghoffer. Herr Dinghoffer fue presidente del alto tribunal de la primera república austriaca durante el que sin duda fue uno de los periodos más revueltos de su historia. Fue un hombre de orden, de derechas de toda la vida, y con mucha suerte. Evitó mancharse de marrón porque tuvo la buena suerte de que la jubilación le pilló en mayo de 1938, ni siquiera dos meses después de que el tito Adolfo entrara en Viena triunfalmente.

Dinghoffer sería apenas una nota a pie de página en una de esas tesis que los políticos se encargan de plagiar (es la tendencia de estos „apocatrumpicos“ tiempos) si no fuera porque en el año 2010, Martin Graf, miembro del FPÖ y uno de sus banderines de enganche más prominentes con la escena ultraderechista, decidió exhumar su memoria y ponerle su nombre a un „Think Tank“ que se llamón Dinghoffer-Institut.

Dado el historial de su fundador, los lectores de Viena Directo se pueden suponer que las personas que se reúnen en el Dinghoffer-Institut no se sientan precisamente a debatir sobre cómo convertir Austria en un país más abierto, dialogante y diverso, sino más bien todo lo contrario.

Digamos que, por lo que parece, el Dinghoffer-Institut es una fábrica de munición ideológica para la ultraderecha austriaca.

Como una fundación sin premios anuales es como una planta sin flores o un turista alemán sin sandalias con calcetines, el Dinghoffer-Institut invita una vez al año a sus miembros y simpatizantes para repartir premios a aquellas instituciones o personas que encuentra que representan mejor sus ideales. Este año, sin embargo (cachis en la mar) la gala se ha cancelado.

(Ooooooooohhhhhh).

La entrega de premios del Dinghoffer-Institut debiera haberse producido el día 8 de Noviembre, o sea, en menos de un mes, y uno de los galardones debiera haber ido a parar a una publicación que se llama Zur Zeit. De vez en cuando, los vieneses hemos tenido ocasión de tener en las manos semejante papel. Algunos, haciendo gala de un encomiable rigor profesional, incluso (sí) hemos reunido las fuerzas necesarias y lo hemos leido (por encima, porque más de cinco minutos de lectura provocan unas arcadas incontenibles).

Zur Zeit es famoso porque de vez en cuando a sus redactores se vienen arriba y empiezan a escribir cosas que te hacen pensar que, en vez de en 2018, los articulistas viven en 1938.

En el último número, un articulista de Zur Zeit se ha remangado y se ha despachado a gusto, abogando por ciertas medidas en lo social que, según él, la calle está pidiendo. A gritos. Por ejemplo, la reclusión de aquellos que no trabajan, un impuesto para los „inútiles socialmente“ (enfermos, minusválidos, etc), más posibilidades de castigo para los profesores de cara a los alumnos, prohibición del tuteo en las aulas, implantación de la obligación de levantarse de los niños cuando entre el maestro en la clase, y la limpieza de la ORF de „elementos izquierdistas“. El articulista, que se llama Lajos Rohonczy, también aboga porque a los que no tengan hijos se les imponga un impuesto. En fin. Pues así, en Zur Zeit, todo.

Se da la circunstancia de que la entrega de premios a la publicación que da a las imprentas semejantes atrocidades debería haberse producido en el Palais Epstein de esta capital, edificio -marco incomparable de belleza sin igual- que pertenece al Parlamento austriaco y debía de haber asistido la tercera presidenta de ese Parlamento, señora Anneliese Kïtzmüller (FPÖ). Por cierto, el FPÖ se ha distanciado rápidamente del contenido del artículo objeto de la polémica.

El escándalo ha sido tan grande, el hecho de que se utilice un edifcio público para una entrega de premios a la que va a ir gente de esa clase, ha levantado tal escándalo que la entrega de premios se ha suspendido. Se ha suspendido la entrega, pero no está tan claro que el premio se le retire a Zur Zeit (se lo mandarán por DHL o algo).

Si es que son como niños…

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Un comentario a Está pasando

  1. Anselmo dice:

    ¡ Que germánico es este hombre! . Que exagerado. Ahora bien, yo suscribo lo de la multa para quienes no tengan hijos. O una solución menos polémica. Fuertes incentivos, vitalicios, a quienes los tengan.

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