Venganza a la austriaca

Una pobre maestra de Burgenland ha sido aplastada por el poder maléfico de un libro. Sí : de un libro. Ver para creer.

24 de Octubre.- La Austria rural reúne muchas de las condiciones que la hacen atractiva para convertirse en una especie de género literario.

Por un lado, tiene personajes muy reconocibles, una población envejecida, lo cual garantiza cierto grado de decadencia que es muy resultón literaria/cinematograficamente hablando y además es muy conservadora, lo cual también da a las narraciones situadas en esta parte de Austria un punto asfixiante que también es muy agradecido a la hora de tramar ficciones.

Llega la cosa a un punto en el que uno no puede ir a un pueblo pongamos del Weinviertel sin imaginarse que ha aterrizado en una serie policiaca de la tele. Con su muerto, sus celos por la propiedad de la vaquería de la aldea, su alcalde retorcido, sus policías con problemas personales pero un punto cómico…En fin, quien viva aquí y haya tenido ocasión de ver La tele un domingo por la noche, sabrá de lo que hablo.

Lo bonito de todo esto (bueno, lo bonito, según se mire, claro) es que hay muchas veces en las que la naturaleza imita al arte.

Estos días, una maestra que trabaja en una zona rural de Burgenland, se dirigió al programa de la ORF Thema, para contar su historia, que parece salida de la mente de un guionista de series de televisión austriacas. Dicha maestra ha perdido su trabajo porque su nombre ha salido en unas memorias sexuales apócrifas que se titulan « Yo, la puta el pueblo ».

El libro (en papel, lo cual empieza a ser un anacronismo que le da a la historia ese punto austriaco inconfundible), para el que incluso se llegó a anunciar una lectura pública y en cuya portada va un teléfono móvil con el número de la afectada, narra las aventuras sexuales de la pobre mujer, la cual sale con su nombre, con muchísimas personas que también salen con sus nombres y que son muy conocidas de la localidad y localidades limítrofes.

Digo la pobre mujer porque dichas aventuras sexuales, narradas con todo detalle a lo largo de setenta calenturientas páginas, no sucedieron jamás. Para más Inri, el libro está escrito en primera persona, y en él están las mentiras y las verdades trenzadas de tal manera que, lógicamente, han ofrecido cierta credibilidad a los lectores (además, los lectores de las zonas rurales, como los de la aldea pitufa, siempre andan faltos de emociones fuertes).

La maestra se ha dirigido a la televisión pero los afectados (no solo ella, sino sus presuntos amantes) han puesto el tema en manos de la policía –igualito que en un Krimi de la tele-, sin embargo, en este caso los agentes no han necesitado ni los cincuenta minutos de rigor para averiguar el nombre del autor del libelo, que ha resultado ser un ex de la maestra el cual ha caido en la tan vieja tentación de la venganza. No podrá pagar por su crimen. Bueno, ya ha pagado, si bien se mira. El tipo se suicidó hace unos días, dejando tras de sí un reguero de rumores, la duda, y la reputación de una inocente destrozada.

Uno, como escritor, estaba casi convencido de que los libros habían dejado de tener este poder maléfico, pero viendo esta historia, la verdad, uno no sabe qué pensar ¿O será que conservan este poder maléfico solo en Austria ? Por lo de «cuando llegue el fin del mundo me voy a ir a Austria, en donde todo pasa cincuenta años más tarde ». A mis lectores ¿Qué les parece ?

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2 Responses to Venganza a la austriaca

  1. Anselmo dice:

    ¡Que individuo más miserable!

    Me temo que el castigo que le imponga la justicia resultará irrisorio frente al daño que ha causado.

  2. Anselmo dice:

    Es verdad, no había leído que ese individuo se suicidó. Espero que lo haya hecho por vergüenza o como acto de contrición.

    No entiendo que se intente disculpar en ningún grado un acto tan cobarde y retorcido como el que cometió ese canalla publicando el libro

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