Sin remordimientos

Para crear un prejuicio basta con escoger a una minoría que no se pueda defender. Ejemplos prácticos de propaganda.

25 de Noviembre.- Mis lectores más antiguos en el país se acordarán de Stefan Petzner. Durante mucho tiempo, en vida de Jörg Haider, Petzner fue un personaje habitual en las pantallas austriacas. Petzner era una versión un poco más ordinaria de los efebos con los que el difunto político ultraderechista gustaba de rodearse. Licenciado en periodismo, Petzner era, en el entorno de Haider, el encargado de crear « conversación » que llevara las aguas al molino del político muerto, y alimentara su figura de paladín del hombre de la calle. Que las cosas que Petzner inventara fueran verdad o mentira era lo de menos. No le importaba a nadie. Ni al mismo Petzner, que parecía considerar aquellas dudosas operaciones de relaciones públicas, en las que generalmente estaban implicadas personas o grupos de personas que no se podían defender, un juego muy divertido y sin mayores consecuencias.

Hace algún tiempo, y haciendo ostentación de una falta de remordimientos que recordaba mucho a la de los críos que hacen una travesura, Stefan Petzner rememoraba, frente a las cámaras de la televisión pública cómo Haider y él habían inventado un embuste monumental para crear una sensación de psicosis pública a propósito de la supuesta inseguridad ciudadana que reinaba en Austria y de la parálisis del Gobierno para atajarla (ambas cosas, mentira, por supuesto). En una tarde de cigarrillos y (presumiblemente) alcohol, Petzner le dijo a su « Lebensmensch » :

-Oye, ¿Y por qué no le echamos la culpa a los chechenos ?

Según Petzner, el Ausente, el sol de Carintia, reaccionó escéptico :

-¿Chechenos ? ¿Cuántos chechenos hay en Carinita ?

Petzner repuso divertido :

-Pues eso es lo bueno, que no hay casi ninguno. Así que no se podrán defender.

A los dos, la estrategia les pareció genial y Petzner empezó con una agresiva ofensiva en los medios, que empezó con la creación de una línea directa, pagada por el Gobierno carintio, para que las supuestas víctimas de los (inexistentes) desmanes protagonizados por (los escasos) chechenos denunciaran sus inverosímiles crímenes. Petzner contaba divertido a cámara que, en pocos días, las líneas estaban colapsadas. Miles de personas se lanzaron a contar que habían visto a tipos con pinta de sospechosos chechenos rondando por sus pueblos y sus granjas, que les habían visto mirar aviesos al cruzar un semáforo. Hubo abuelas que juraron haber sido insultadas por chechenos, chavales que sufrieron acoso en el recreo por parte de críos chechenos que, por supuesto, no podían ser chechenos. De manera que se desató una aversión a los chechenos que se propagó gracias al miedo y a la fantasía de la gente. A partir de ahí, el prejuicio se retroalimentaba, cada vez que alguien perteneciente a una minoría cometía algún delito.

Me acordaba hoy de esto porque, al hilo del cumplimiento de una promesa electoral claramente populista, la coalición que nos gobierna ha llevado al parlamento que las ayudas que se dan a los trabajadores extranjeros por los hijos que viven en el extranjero se van a reducir, indexándolas al coste de la vida del país de origen de los padres. Es una medida que afectará sobre todo a mujeres y a mujeres pobres, que son las que principalmente nutren en Austria el sector del cuidado doméstico de personas mayores. Es una reacción a una fantasía del votante medio de la ultraderecha (generalmente, el votante medio de la ultraderecha tiene un nivel cultural medio, o medio-bajo), que imagina grandes aldeas en países ignotos viviendo a cuerpo de rey a costa de la ayuda familiar.

El FPÖ, muy al estilo del caso de los chechenos que comentábamos más arriba, ha aprovechado la coyuntura para hacer un brindis al sol. Advierto aquí a mis lectores que estén malos del estómago que no sigan, porque se les puede agravar su mal. Si siguen, bajo su responsabilidad, ¿Eh ? Que yo no me quiero hacer cargo de las arcadas de nadie.

En fin : en una campaña por internet en la que celebraban el éxito de la medida (la indexación famosa) han utilizado para ilustrar el mensaje la foto de una mujer de color, velada (implícitamente musulmana) y han escrito « nuestro dinero para nuestros niños » (ya se lo advertía yo, que esto podía producir arcadas). Dando a entender que la mayoría del dinero de la ayuda familiar iba a parar a países musulmanes. Cosa que es, naturalmente, mentira. Según denuncia (y denuncia bien) la ONG SOS Mitmensch, la publicidad del FPÖ no puede ser más racista. El noventa por ciento de las ayudas por hijos van a países del entorno de Austria. Y además no musulmanes. Chequia, Eslovaquia, Hungría y Rumanía, principalmente. Solo un diez por ciento de ese dinero, va a países terceros, entre los que habrá países musulmanes, y no, claro.

Así, se crea un prejuicio.

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2 Responses to Sin remordimientos

  1. Luis dice:

    Precisamente anoche leí un artículo de Joseph Roth (que también era un poco austriaco) titulado “Obsesión armenia” y que describe una neurosis colectiva parecida hacia los armenios, que nadie sabía muy bien quiénes eran ni dónde quedaban. Claro que eso era Berlín y 1922. Nada que ver. Por supuesto
    Buen fin de semana

  2. Anselmo dice:

    El que Haider muriese en accidente antes de poder lograr un mayor desarrollo de su carrera política, nos lleva a plantearnos la pregunta de hasta dónde habría llegado si su vehículo no se hubiese salido de la carretera.

    Por lo que cuenta Paco se trataba de un político muy diestro en el empleo de técnicas de manipulación de masas, de lo más ruin. Trucos propagandísticos baratos pero muy eficaces.

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