Si amanece y ves

La noticia del día en Austria, paradójicamente, no ha pasado en Austria, sino en Berlín.

29 de Octubre.- La noticia del día en Austria, paradójicamente, no ha pasado en Austria. Angela Merkel se retira. Poquito a poco, pero se retira. Y con ella, se retira del poder una generación.

En política, como en el resto de las facetas de la vida, nadie es imprescindible, pero las costumbres, las posturitas, son importantes. Y Angela Merkel ha sido, es todavía, La Posturita. Es la cara de Europa. Por lo menos de una cierta Europa que hoy ha empezado a hacer mutis por el foro de la Historia.

Con sus aciertos y sus errores (quizá el error máximo ha sido no irse antes) Angela Merkel ha sido una figura comparable a lo que, en su época, en el Reino Unido, pudo representar Churchill. Aún sin compartir con ella gran parte de su fondo de armario ideológico lo cierto es que, en las cumbres, en esas reuniones al más alto nivel, daba tranquilidad compararla con el ente que está en la Casa Blanca y poder sentirse orgullosos de una tradición, de un sistema educativo, de una manera de hacer las cosas. De una jefa de estado (Jefa, es importante subrayarlo) que además de tener un doctorado en química, habla perfectamente varios idiomas.

Con su enterno traje de chaqueta y su pantalón y sus manitas delante del cuerpo, las yemas de los dedos tocándose en un gesto cuasi episcopal (el Príncipe Carlos de Inglaterra tiene un gesto parecido, que es el de asegurarse los gemelos de la camisa) Angela Merkel iba metiendo caña y dando paso, y por delante de ella han pasado las modas, las caras, la riqueza, la pobreza, la salud y la enfermedad. Y ella, impasible. O por lo menos impasible por fuera, que es probable que la procesión fuera por dentro. Y el „señor Merkel“ viendo exposiciones de orquídeas en compañía de las señoras de los jefes de Estado

En el capítulo de los errores de Merkel está sin duda uno que no pudo evitar porque, culturalmente, educacionalmente, no estaba en condiciones de evitarlo. El de haber extendido por la Europa en cuya carne blanda mordió la crisis (en Austria, no hemos tenido de eso) la austeridad, que no era otra cosa de dejar sin comer al enfermo de gastroenteritis para ver si se curaba de inanición.

Por ello la quemaron en efigie, como se quemaba antiguamente a los presidentes de los Estados Unidos en Irán cuando los ayatolás sacaron el Corán, las barbas y los velos a la calle.

Los que algo sabíamos del asunto nos dábamos cuenta de que ni los griegos eran tan santos (por más que los que más sufrieron la austeridad fueron, como pasa siempre, los más inocentes de haber provocado el roto en la economía griega) ni Angela Merkel tan perversa, a pesar de que uno aquí la ha llamado Cruella de Merkel profusamente, más por hacer la gracia que otra cosa.

Cuando la veíamos compartir plano con aquel Berlusconi que dijo de ella que tenía culo de pañal (aunque Berlusconi tenga la boca tan sucia como la conciencia, la verdad es que , en este caso, no estaba diciendo nada que no saltara a la vista) cuando la veíamos, decía, con Berlusconi, daba la sensación de que uno estaba viendo posar frente a las cámaras a dos animales de especies zoológicas distintas. Luego, vino Trump y…Bueno, eso.

Otros vendrán, está claro, que buenos la harán. De hecho, ya la están haciendo buena.

Y uno, el curioso que es uno, se quedará sin saber de qué porras hablaban un tipo como Sebastian Kurz, que solo tiene de cultura esa rasilla que se le da a las paredes para esconder el ladrillo visto, y una persona con el bagaje de Angela Merkel. Descendería ella a su altura, supongo, porque ascender, lo que se dice ascender, Sebastian Kurz está claro que no puede.

Lo que está claro es que la política europea se está haciendo más y más cruda y que Angela Merkel se va cuando eclosiona salvajemente lo que ella misma ayudó a crear: esa reacción que, en forma de populismos ágrafos están pariendo una nueva época. Una época más fea, a la que ser malo se le llama „no ser políticamente correcto“ y a tratar de poner un poco de decencia en las relaciones económicas „ser un pijoprogre“. Aquí estaremos, como cada día, para contarla.

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Un comentario a Si amanece y ves

  1. Anselmo dice:

    No me parecen justas tus descalificaciones a Trump. Es un patriota que quiere reindustrializar su país beneficiando de este modo a las clases populares; que son una parte fundamental de su electorado, a los que Hillary en plena campaña llamaba “los deplorables”.

    Una cosa que es de agradecer a Trump es que, al arrebatarle la presidencia a Hilary, impidiese la invasión de Siria que Hilary había prometido.

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